¿Merece la pena mantener un blog?

La pregunta que uno se hace y que tantos se hacen. Si merece la pena mantener un blog de temática religiosa y, más aún, el sentido del blog y hasta el sentido de las páginas religiosas católicas en internet.

Uno tiene su propio blog. Con su estilo, sus formas y maneras, manías, fijaciones y todo lo que mis lectores quieran. Y aunque algunas veces ya he contado el sentido que para un servidor tiene, creo que no viene mal de cuando en cuando recordarlo. ¿Para qué debería servir un blog en internet, y más si su autor es un sacerdote? Intento explicarlo con cuatro palabras:

FORMAR. Uno se encuentra con mucha gente sin formación, lo cual es una lástima, y mucha gente deformada, lo que es mucho peor. Ya saben que durante muchos años tuvo un enorme éxito una pseudo formación o deformación basada en que lo importante es compartir, a Jesús no le importa, lo que hace falta es ser buena persona y estar con los pobres. El resto, carqueces que es necesario superar. Por eso laimportancia de la formación, y la insistencia en tomar como base para ella la Escritura y la Tradición interpretadas correctamente por el magisterio de la Iglesia. Anda que no habré recomendado veces la lectura del catecismo.

Formar no según mis peculiares ideas de lo bueno, lo justo y lo sabio. Formar según el catecismo, según la verdad recibida y custodiada por le Iglesia en sus vente siglos de historia.

INFORMAR. Contar cosas que pasan, aunque esto es más de la misma página que del bloguero. Nunca es objetiva la información, empezando porque lo que para uno es esencial, para el otro no merece la pena. Informar porque los fieles deben conocer lo que ocurre en la Iglesia, para bien y para mal, los aciertos, los desaciertos, las novedades.

DENUNCIAR. Es duro, pero a ves hay que hacerlo, sobre todo porque duele la manipulación a la que son sometidos muchos fieles de buena voluntad. Es increíble, por ejemplo, que hoy se siga negando la comunión a los fieles que quieren recibirla de rodillas.

ANIMAR A LA SANTIDAD. Acontecimientos e iniciativas, llamadas especiales a los fieles, animar a participar en ciertos eventos, fomentar la oración, la práctica de la caridad, la búsqueda de la santidad, la práctica de las virtudes cristianas.

Dicho esto, muy breve, pero espero que suficientemente claro, lo que a uno le estimula en su escribir casi diario no son especialmente esas voces que claman “dar caña”, aunque a veces se haga, sino los testimonios de los que te agradecen que les estés ayudando en su vida cristiana. Esa persona, por ejemplo, que pidió un día libre en el trabajo y llegó a la parroquia desde la otra punta de Madrid porque leyéndome había descubierto la necesidad de una buena confesión. Esa otra que envía un mail agradeciendo la ayuda de mis reflexiones para retomar el camino de la fe. El abrazo, hace unos días, de un sacerdote guatemalteco que pasó por España apenas cuatro o cinco días y se vino una mañana a Braojos para agradecerme unos post que me dijo comentaban en el seminario donde estaba de formador. La invitación para su profesión religiosa de alguien que me dice que “su blog ha contribuido a mi vida cristiana y orientación vocacional desde el seminario menor”.

Para esto escribe un servidor. Es verdad que a veces me pueden salir unas formas no especialmente elegantes, y mis disculpas a los que en esos momentos puedan sentirse escandalizados. Lo curioso es que a veces el mismo post a uno le entusiasma y al otro le escandaliza. Cosas de la condición humana.

A todos agradezco su presencia en el blog y su paciencia con un servidor. Y a todos pido su avemaría, o menor dos, una por lo habitual de la vida pastoral en mis pueblos, y otra específica por la adoración nocturna, que mañana, por cierto, toca vigilia.

Y si a alguno he escandalizado, por favor, que rece por mí.

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