Mensaje al pueblo colombiano

Semanario / Arquidiócesis de Medellín

 

Los obispos de la Iglesia Católica en Colombia, que vivimos nuestro ministerio insertos en nuestras comunidades, compartiendo con ellas alegrías y penas, hemos celebrado nuestra CVII Asamblea Plenaria del 4 al 8 de febrero, con el propósito de profundizar en la dimensión social de la Evangelización.

Inspirados en el Evangelio y en la Doctrina Social de la iglesia, vivimos la tarea evangelizadora que se dirige a la totalidad de la realidad humana. Como nos lo recuerda el Papa Francisco, la misión de la Iglesia “implica y exige una promoción integral de cada ser humano. No se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra…” (EG, 182).

Queremos compartir, con los fieles católicos y con todo el pueblo colombiano, algunos puntos de nuestra reflexión.

1. Perseverar en la construcción de la reconciliación y de la paz

Para seguir caminando hacia la reconciliación y la paz, es necesario que asumamos la cultura del encuentro, que nos permite abrirnos a todos los colombianos, aceptar las diferencias y desactivar los odios y las venganzas.

Esta cultura del encuentro se fundamenta en la defensa de la vida, de toda vida, y en el rechazo del imperio nefasto de la muerte que se refleja especialmente en el terrorismo, en las diversas formas de violencia incluso en las familias, en el narcotráfico, en la inseguridad que se ha empoderado de los campos y las ciudades. Toda vida humana es sagrada y tiene una misión importante; rechazamos, por tanto, el asesinato de los líderes que ha enlutado casi todo el territorio nacional.

Invitamos a la guerrilla del ELN a una seria reflexión sobre sus graves acciones, con las cuales ha herido profundamente al pueblo colombiano y, sobre todo, ha roto el horizonte de confianza y de paz. Por eso, pedimos a esta guerrilla manifestaciones inequívocas de su voluntad de paz: abandonen las armas, súmense al esfuerzo de tantos hermanos que han dejado el camino de violencia y se integran a la lucha por una paz verdadera.

A las organizaciones armadas ilegales las exhortamos, recogiendo la voz del pueblo colombiano, a tomar conciencia del rechazo general de la sociedad a la violencia que quieren imponer, y que impide el desarrollo armónico e integral de nuestras comunidades. Les pedimos que abandonen su accionar delictivo.

Movidos por el clamor de paz del pueblo colombiano, invitamos al Gobierno nacional a continuar la tarea de convocar a todas las fuerzas vivas del país para definir e implementar una política integral de paz; lo respaldamos en este propósito. En efecto, es preciso seguir buscando las condiciones necesarias para llegar a una solución política del conflicto armado. Así nos lo ha dicho el Papa Francisco:

“no es la cultura del enfrentamiento, la cultura del conflicto la que construye la convivencia de los pueblos y entre los pueblos, sino la cultura del encuentro, la cultura del diálogo. Este es el único camino hacia la paz” (Angelus, 1 de septiembre de 2013). La paz es un derecho y una tarea de todos; la sociedad entera debe asumir un papel protagónico en el esfuerzo por vencer toda forma de violencia en la vida cotidiana y en el desarrollo de los procesos para alcanzar la reconciliación y la justicia social.

2. Lucha abierta contra la corrupción en todos los escenarios

Constatamos con dolor que el pueblo colombiano ha ido perdiendo el inmenso valor de la honradez. La corrupción se ha incrustado en nuestra cultura; ha tocado la vida política, económica y social de nuestra patria, y la aceptamos insensiblemente. Así se ha convertido en uno de los más graves flagelos, que impide el progreso de las regiones y destruye la confianza en las instituciones.

El pueblo colombiano se ha pronunciado de diversos modos contra la corrupción. En este año que tiene lugar un nuevo proceso electoral, tenemos la oportunidad de avanzar en la lucha contra este cáncer de la corrupción y construir juntos el bien común. Ejerzamos libre y responsablemente el voto, para que venzamos los vicios de la política, que, como dice el Papa Francisco, “socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2019, n. 4)

Agradecemos, valoramos y vemos con esperanza el trabajo de tantos servidores públicos, políticos, empresarios y ciudadanos pulcros, honestos, verdaderos servidores, que sienten y piensan en función del bien común.

3. La equidad y solidaridad: expresiones de transformación social

Colombia ha presenciado en su historia hechos evidentes de solidaridad. Muchas personas e instituciones, entre ellas la Iglesia, se han empeñado en obras importantes de promoción humana, tanto en momentos coyunturales como en procesos
estructurados. Hoy, es necesario que avancemos en el compromiso de servicio y solidaridad con los pobres, los marginados y los migrantes.

La solidaridad, como un imperativo ético y moral, implica un trabajo decidido por la inclusión social y la equidad, que son camino de justicia y de auténtico desarrollo. Es hora de hacer más para superar las profundas desigualdades que existen entre los hermanos de una misma nación; hay que dirigir más la mirada hacia las regiones marginadas.

Hoy, la clamorosa situación de hermanos venezolanos en nuestro país nos llama a una más generosa solidaridad. De un lado, agradecemos y valoramos los esfuerzos de muchísimas personas e instituciones para asistirlos; de otro, animamos a todos a acogerlos con bondad y a protegerlos fraternalmente.
Invitamos a todo el pueblo colombiano a mantener viva la esperanza, pues sabemos “que la esperanza no nos defrauda” (Rm 5,5). Al pueblo cristiano pedimos intensificar la oración con la certeza de que en Cristo hay esperanza, porque él es la misericordia y la paz que nos vienen del amor de Dios. María, Madre, interceda por nosotros para que perseveremos en este camino.

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