Los sueños como centro y clave de la predicación

Supongo que se habrán dado cuenta, y si no se lo hago notar, de que también en el lenguaje eclesiástico – homilético – pastoral – actual se descubre un adaptarse a las modas. Si ustedes leen hoy alguna revista religiosa de hace unos cuantos años, pongamos de los sesenta, los ochenta y ahora, lo notarán a la primera.

Dentro de este cambio de lenguaje observo hoy una forma de escribir y predicar de la progresía más agotada que consiste en escribir y predicar tomando como base la interpelación personal, la autocomplacencia y los sueños. Ya. Que no me lo pillan. Tranquilos, a todos nos puede pasar. Verán como un ejemplo lo aclara todo.

El evangelio de la misa de hoy mismo: “En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Esto, predicado en progre actualizado, viene a ser algo así: “No estás hecho para vivir agobiado -interpelación personal-, eres grande y Dios te ama en medio de tus dificultades -autocomplacencia-, no te quedes en tus miserias, sueña una nueva realidad, sueña tu futuro -sueños- “. Si se fijan, el progreta que esto escribe, predica o sueña a su vez, ni ha dicho nada, ni anima a nada ni da pistas para un mayor y mejor seguimiento de Cristo. Simplemente ha decidido en convertirse en poeta superficial, que queda bien, no te complica la vida y encima hay que ver cuánto vale don Mengano.

Ustedes imaginen. Van hoy a misa, escuchan el evangelio y el reverendo de turno, como conclusión, les dice que sueñen. A sus fieles. A esos fieles que acuden a misa con sus agobios, problemas y dificultades personales. A María, con dos hijos en paro y el marido enfermo. A Juan, que acaba de perder a su mujer. A Esther, en pleno discernimiento vocacional, a Manolo enfermo grave, a Tere, con problemas de conciencia por cuestiones graves que no consigue superar, a Rafa que aparentemente todo le va bien, a Marta con un padre alcohólico, a Moisés que apenas tiene amigos, a Rafaela, que no sabe nada de sus hijos y se siente cansada y sola. Nada. Que son guais, que no se agobien y que sueñen en un futuro de plenitud.

Qué bien ha hablado el señor cura. Qué palabras tan bonitas.

Seamos claros. El señor cura en realidad no ha dicho nada. Ni se moja, ni concreta, ni se complica la vida. Habla de lo que hoy se lleva en nuestra santa madre Iglesia: de nada, de superficialidades, de palabras y frases altisonantes rellenas del más sangrante vacío. Páginas y páginas escritas para la autocomplacencia. Miles de homilías para no decir nada. Nada que aportar a la sociedad, nada que denunciar.

Cualquiera de estos progretas es incapaz de concretar en las cosas más evidentes. Pregunten por ideología de género, por aborto, divorcio, derecho a la libertad religiosa, ley de memoria histórica, libertad de enseñanza. Pregunten por transustanciación, sacramento de la reconciliación, catecismo. Me apuesto una caja de yemas de santa Teresa a que no consiguen nada en claro. Ya saben: hombre… es que no se puede… es que cada uno, es que son cosas complejas… Lo importante es no perder los sueños.

Anda ya.

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