La soberbia es lo más ajeno a la experiencia y conocimiento de Dios

La soberbia espanta a Dios y salimos así rápidamente de la orientación del sabio fluir de nuestra propia vida. Dios derriba a los soberbios de sus tronos y los despide vacíos (cfr. Lc. 1, 51-52). Cabe aquí recordar cuando bautizaron al Titanic, diciendo “ni Dios lo va a hundir”… primer viaje y se hundió; justamente porque el dueño del barco fue dominado por su soberbia y ambición, de que aceleraran a toda máquina para sorprender al mundo entero al llegar antes de la fecha programada al puerto de destino. Otro ejemplo es el del almirante Merino, que fue parte de la junta militar de gobierno en la dictadura del general Pinochet en Chile; dicho almirante era especialmente soberbio, irónico e implacable con la jerarquía católica comprometida con la defensa de los pobres y los derechos humanos. Trataba de “humanoides” a los opositores, siendo indiferente a las diversas violaciones de DDHH., practicadas por los organismos de seguridad de aquella dictadura; además, justificaba sin ninguna vergüenza la desaparición de personas opositoras a la junta militar de gobierno. En el día de las glorias navales chilenas un oficial anunció en pleno acto de celebración, que el almirante había muerto; todos destacaban lo honroso que era para el almirante, fallecer precisamente en aquel día. Pues bien, fue una equivocación y el almirante gravemente enfermo seguía vivo. Finalmente murió en el día internacional de los Detenidos Desaparecidos. Diez años más tarde el general Pinochet fallecía justamente en el Día Internacional de los Derechos Humanos[1]. Sin duda, a mi parecer, Dios quiso enseñarnos algo con eso. No se trata de que Dios permitiera una muerte terrible o cruenta para aquellos militares, los cuales, se declaraban profundamente católicos y desde su infancia recibieron una formación católica. No dudo en absoluto de sus sentimientos para con Dios, desde su mentalidad militar, ni los juzgo. Pero Dios es un Padre que corrige con claridad para salvarnos o para que decidamos dejar que nos rescate. Si tenemos con gangrena una pierna deberán amputarla para salvarnos la vida. Muchas veces somos nosotros los que hacemos que Dios cumpla su papel de sanarnos como médico cirujano. Dios no es un viviseccionador, sino un “médico” serio que sabe que no debe aceptar la propuesta del remedio que nosotros le ofrecemos para que nos cure. Solemos hacer trampa y queremos que nos cure con tal medicina o con la que nos dolerá menos, aunque sea menos efectiva. Si uno no se cuida las muelas terminará solito venciendo el temor de ir al dentista, en virtud del insoportable dolor que siente. Nosotros muchas veces no le dejamos a Dios otra alternativa para que finalmente cumpla su promesa de salvarnos. Quizá el día en que murieron dichos militares, tal vez debieron antes de su tránsito a la otra vida, enfrentar los rostros de quienes sufrieron a causa de sus decisiones soberbias e indolentes. Dios es Soberano en su Gratuidad. Sólo Él es Bueno y Justo; sólo Él tiene el derecho de “separar las ovejas” al final del tiempo cronológico de cada uno. Lo que damos a los más abandonados e indefensos, es lo que nos llevamos al morir… En consecuencia, ese amor-temor que sentimos hacia Dios, ha de ser parte de la experiencia de nuestra fe, donde no cabe lugar para la soberbia. La única verdad es la humildad. Y la verdad es lo correcto, y lo corrector es no creerse siempre en lo correcto, es decir, la humildad, jamás la soberbia._

[1] El almirante Merino falleció el 30 de agosto de 1996; y el general Pinochet el 10 de diciembre de 2006. El Día Internacional de los Detenidos Desaparecidos se conmemora el 30 de agosto y el Día Internacional de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de cada año.

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