La república que nunca existió

Fuente: Jorge Gonzalez Guadalix – InfoCatólica

 

Las previsiones son nefastas. Lo que sabemos de la ultima ocurrencia del desgobierno que aguantamos es un proyecto de ley de memoria democrática que tiene como objeto “el reconocimiento de los que padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978”. Me juego unas yemas de santa Teresa y un benedictine a que entre los que padecieron persecución religiosa no estarán los católicos.

Nuestros jóvenes y no tan jóvenes están recibiendo constantemente una más que manipulada versión de la historia contemporánea de España según la cual este país era algo así como una mezcla de Imagine de Lennon con Viva la gente, y que un día llegó un general aburrido y dio un golpe de estado por la cosa de entretenerse. Y como aún no se entretenía lo suficiente, se pasó cuarenta años fusilando pobres inocentes llenos de buena voluntad.

Difícilmente se entenderá lo ocurrido si se omite con toda la alevosía del mundo lo que fue aquel horror de la segunda república. Si tuvimos un 18 de julio, es porque antes hubo un 14 de abril con más trampas que película de chinos y cinco años posteriores de barbaridades continuas.

La izquierda de este país llamado España tiene mucho que ocultar y disimular. Es experta en malas artes, asesinatos, robos y lo que sea menester. Es experta en sectarismo. Malas artes por ejemplos para traer la república habiendo ganado la derecha las elecciones municipales. Asesinatos como el de Calvo Sotelo y el de tantos sacerdotes y religiosos, así como católicos por el simple hecho de serlo, robos como el de todo el oro del banco de España. Sectarismo ocultando sistemáticamente todos sus desmanes y emprendiendo una persecución clara contra todo lo católico.

Jamás en contienda alguna un vencedor levantó un monumento a todas las víctimas. Es igual. Ahora toca desacralizar el Valle de los Caídos, echar a los benedictinos y, si se empeñan, derribar la cruz, que lo harán.

Poco a poco. Aquí, con el cuento del COVID-19, se ha aprovechado para cerrar los templos o casi, suspender toda expresión externa de fe y acogotar a los católicos, que, encima, aguantamos lo que nos echen convencidos de que somos los culpables de todos los males de este mundo y del resto de los planetas.

Van a suprimir la fundación Francisco Franco. Ya estaban tardando. No así la fundación Pablo Iglesias, que alguno pensará que es en honor del señor de la coleta. No pueden existir estatuas de Franco. Sí de la Pasionaria. Ni calles, aunque las haya dedicadas a Santiago Carrillo. No es democracia, ni justicia ni reconciliación. Es machaque de la derecha y muy especialmente de la religión.

Nos quejamos un poquito. Pero no pasa nada ni pasará nada. Unos cuantos diciendo que qué horror lo del Valle y unos pocos aplaudiendo al P. Santiago Cantera. Doy por hecho que se van los benedictinos, que el Valle será un museo de los horrores del franquismo y aún me doy el beneficio de la duda en cuanto al derribo de la cruz, aunque me inclino a que acabará desapareciendo.

Los católicos bien, gracias.

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