La gallina Marcelina y la misa matutina

Se puede ser creyente o no, eso es cosa de la gracia de Dios y de la libre respuesta del hombre. Lo que no se puede ser es analfabeto y encima, como se dice vulgarmente, no cortarse un pelo.

Estos días he tenido la oportunidad de ver varias veces en televisión a un hermano sacerdote bailando todo lo bailable en su iglesia, no sé si al principio, a final o en medio de la misa. Desde luego, revestido con alba, estola y casulla. Bien, a mí eso me parece básicamente una memez y un no saber estar donde hay que estar. Que cante y baile en otros momentos y circunstancias será más o menos oportuno y punto. La casulla se nos impuso para otra cosa, o eso me parece, que a lo mejor ando equivocado. Pero a lo que voy es a otra cosa.

Ante el numerito del cura este del bailoteo la gente opina. Opinan los tertulianos de la tele y opinan nuestros propios feligreses. Curiosamente, bueno, mejor evidentemente, lo que muchos dicen es que el cura hace bien, que de hecho llena su iglesia y que si la gente no va más a misa es porque se aburre. Vamos por partes.

Llenar la Iglesia. No es tan complicado. Basta montar numeritos y regalar cosas. Hoy toca cura bailando fandangos, mañana una obispesa en tanga, otro día regalamos videoconsolas a los niños y otro más aperitivo gratis con Ribera de Duero, jabugo y unas gambitas de Sanlúcar. Otra cosa es durante cuánto tiempo el cura bailongo va a seguir llenando la iglesia, porque estas novedades caducan y pronto, y por otra parte no me parece que uno esté para eso.

Lo que tiene mérito es llenar los templos, mantener y aumentar la feligresía, ver a la gente rezando y acercándose al sacramento de la reconciliación y ver cómo avanzan en el camino de la santidad.

Luego viene, aquí redoble de tambores, el gran descubrimiento de que la gente no viene a la iglesia porque nuestras misas son aburridas. Aburridas. Sí. Repito: aburridas. Menuda diferencia con el rezo musulmán o la meditación budista, donde las carcajadas se escuchan desde La Meca hasta el Tibet.

¿Aburridas dicen? Pero, por Dios, si en las misas católicas uno puede encontrarse curas bailando zapateados, curas transmutados en Superman y el payaso Pepito, pueden verse globos, guiñoles, bailes, coros y danzas (sin segunda intención, ya quisiéramos), reparto de gominolas, disfraces variados, lecturas alternativas, liturgias del todo creativas. Pero si llevamos haciendo misas no sé si divertidas o al menos entretenidas años y años con unos magníficos textos litúrgicos como esos tan conocidos de “A la liturgia por la cartulina y el globo”, o aquél de “La gallina Marcelina y la misa matutina”. ¿Aburridos nosotros?

Aburrida la gente, aburridos los niños, que ya no vienen ni con piruletas. Tan aburridos que acuden a unas misas aburridísimas como ellos, en unas parroquias que siguen sin conocer más gallina que la Turuleca o Papanatas, para los viejos del lugar, y que desde luego su sitio lo tendrá en otro lugar, no en el templo.

Oiga, D. Jorge, que sabemos de buena tinta que en Braojos se baila en misa. Sí. Así es. En las misas del gallo, navidad, año nuevo y reyes. La pastorela. Una danza que tiene su origen en el siglo XV. Y en Sevilla los seises. La gallina, no.

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