La fría reacción eclesial al reciente documento de Benedicto XVI

Infovaticana

 

La ‘nota’ de 18 páginas hecha pública por el Papa Emérito no ha sentado especialmente bien entre la oficialidad católica, y los ‘sospechosos habituales’ la consideran una intolerable intromisión por parte de Benedicto en la nueva política de Roma.

“El Obispo emérito procurará no interferir en absoluto en la dirección de la diócesis y evitará toda acción o relación que pudiera dar siquiera la impresión de constituir algo parecido a una autoridad paralela a la del Obispo reinante”. Esta cita de la instrucción ‘Apostolorum successores’, verdadero resumen de la actitud general en el estamento clerical ante la nota de Benedicto XVI sobre la crisis de los abusos, aparecía ayer en la cuenta de Stefania Falasca, vaticanista del órgano de los obispos italianos, Avvenire.

Y continúa citando en un tuit sucesivo: “Por la unidad pastoral, el Obispo emérito desarrollará su actividad siempre en pleno acuerdo y en dependencia del Obispo de modo que todos comprendan claramente que este último es la cabeza y el primer responsable del gobierno de la diócesis”.

¿Puede hablarse aquí de ‘exscusatio non petita’? Lo que sugiere la periodista del órgano de los obispos, reflejando previsiblemente la línea editorial, es que el mensaje privado del Papa emérito “interfiere” en la política de Francisco, en el sentido de desviarse de ella, y que sus palabras no están en “pleno acuerdo” con la visión del ‘obispo’ reinante en Roma. Lo cual nos dice bastante.

¿Qué parte de la nota de Benedicto se aparta, en opinión de los obispos italianos, de la ‘renovación’ de Francisco?

Ayer hablamos de, al menos dos, pero no esperábamos verlo tan pronto tan claramente confirmada nuestra tesis. Lo cierto es que la carta ha caído como una bomba, dividiendo o, por mejor decir, poniendo de manifiesto las brechas en la opinión católica.

Así, de los pocos entre los cardenales que han recibido con gozo el mensaje de Ratzinger está el cardenal guineano Robert Sarah, que en las últimas semanas ha lanzado mensajes tajantes en oposición a otros cardenales de la actual Curia. “Debemos agradecer al Papa emérito Benedicto XVI que haya tenido la valentía de tomar la palabra”, escribe Sarah, asimismo, en Twitter. “Su último análisis de la crisis de la Iglesia me parece de una importancia capital. El abandono de Dios en Occidente es terrible. La fuerza del mal nace del rechazo del amor de Dios”.

Pero hablábamos de ‘brechas’, en plural, porque las reacciones al mensaje de Benedicto no son fácilmente reductibles en dos campos. Los hay que, como el padre James Martin, rechazan el contenido, la idea de que la raíz de la explosión de los abusos se debe, dentro de la Iglesia, al relativismo moral que empezó a enseñarse en los seminarios católicos tras el Concilio Vaticano II y, en torno a ella, a la Revolución Sexual y la abolición de las normas relativas a la sexualidad. Martin aduce que la causa no puede ser esa, ya que conocemos casos de abusos en los años cuarenta y cincuenta.

Otros rechazan incluso el hecho mismo de que Benedicto siga dirigiéndose al pueblo católico, como si sus palabras comprometieran la ansiada ‘renovación’. Abundan, así, los ‘nuevos teólogos’ que, como dándose por aludidos con la referencia de Benedicto a la perversidad de la nueva teología relativista, piden con cierta irritación que se calle para siempre, e incluso que se enclaustre hasta la muerte en su Alemania natal.

Pero entre los críticos de la renovación no todo son parabienes, aunque predominen. Muchos expresan una actitud ambigua hacia el Papa emérito, precisamente por serlo, y le critican por poner el dedo en la llaga cuando ya no es responsabilidad suya, viendo los toros desde la barrera.

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