La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) confirma la existencia de problemas doctrinales con relación a la santa sede

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El pasado jueves 29 de noviembre, el Santo Padre recibió en audiencia a Monseñor Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei» una semana después del encuentro del P. Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), con el Cardenal Luis Ladaria Ferrer, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el propio Monseñor Guido Pozzo.

El encuentro permitió al Cardenal Ladaria y al P. Pagliarani encontrarse por primera vez y evaluar el estado de las relaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X, desde la elección de su nuevo Superior General, en julio pasado, en el que sucedió a Monseñor Bernard Fellay, quien estuvo a la cabeza de la FSSPX durante 12 años.

El Cardenal Ladaria estuvo acompañado por Monseñor Guido Pozzo, y el Padre Pagliarani por el Padre Emmanuel du Chalard.

Todavía no hay declaración por parte del Vaticano. La Fraternidad emitió un comunicado en el que resalta que en el problema esencial es la cuestión doctrinal:

Durante la reunión con las autoridades romanas, se recordó que el problema fundamental es en realidad doctrinal, y ni la Sociedad ni Roma pueden escapar a este hecho. Debido a esta divergencia doctrinal irreducible, durante los últimos siete años, ningún intento de redactar un borrador de una declaración doctrinal aceptable para ambas partes ha tenido éxito. Por eso la cuestión doctrinal sigue siendo absolutamente esencial.

De este modo, parece improbable que la Santa Sede establezca un estatuto jurídico para la Fraternidad porque «solamente podría realizarse luego de la firma de un documento de carácter doctrinal», que se habría planteado en el pasado como paso previo para el estudio de una fórmula canónica, quizá en forma de Prelatura Personal, que permitiese la regularización de la Fraternidad.

Por lo tanto, todo obliga a la Fraternidad a reanudar las discusiones teológicas con la conciencia de que el Señor no necesariamente le pide a la Sociedad que convenza a sus interlocutores, sino que sea testigo incondicional de la fe a los ojos de la Iglesia.

El futuro de la Fraternidad está en manos de la Providencia y la Santísima Virgen María, como lo demuestra toda su historia, desde la fundación de la Sociedad hasta nuestros días.

Los miembros de la Fraternidad no quieren más que servir a la Iglesia y cooperar eficazmente en su regeneración, hasta el punto de dar su vida por su triunfo si es necesario. Pero no pueden elegir ni la manera, ni los términos, ni el momento de lo que le pertenece solo a Dios.

Alguno de los mayores obstáculos por parte la FSSPX han sido el reconocimiento de parte del Concilio Vaticano II, en especial los pronunciamientos sobre la libertad religiosa en la declaración Dignitatis humanae, así como la declaración Nostra aetate.

Monseñor Pozzo habló sobre las interacciones con la FSSPX en una entrevista de abril de 2016 con La Croix. El arzobispo, cuya Comisión es responsable de las discusiones con la Fraternidad, dijo que las discusiones en los últimos años han llevado a «una importante aclaración» de que el Concilio Vaticano II «puede entenderse adecuadamente en el contexto de la Tradición de la Iglesia» y su constante magisterio.

En marzo de 2017 el Papa Francisco otorgó a los sacerdotes de la FSSPX la capacidad de celebrar lícita y válidamente los matrimonios de los fieles que siguen la actividad pastoral de la Fraternidad.

Dos años antes, en septiembre de 2015, el Papa también dispuso que los fieles recibieran válida y lícitamente la absolución de los pecados de los sacerdotes de la FSSPX durante el Año Jubilar de la Misericordia.

Esta potestad luego fue extendida indefinidamente por Francisco en su carta apostólica Misericordia et misera, publicada el 20 de noviembre de 2016.

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