La fanática

Fuente: Luis Fernando Pérez Bustamante

“Señora, comprenda las ideas católicas y no sea fanática, no sea fanática… Si continúa hablando conmigo, no sea fanática. Intente usar la razón». Así concluyó Mons. Marcelo Sánchez Sorondo su intercambio de pareceres con la periodista estadounidense Diane Montagna sobre lo acontecido hace días cuando dio de comulgar al presidente del gobierno argentino, Alberto Fernández, a la sazón proabortista y que viven en una “situación irregular” (adulterio lo llamó Cristo) con su actual pareja.

Según el Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, el hecho de que Fernández tenga la intención de legalizar en Argentina el asesinato de los no nacidos en el seno materno no le inhabilita para recibir el Cuerpo de Cristo. Tampoco el que conviva conyugalmente con quien no es su esposa ante Dios y la Iglesia. Según la periodista, ambas circunstancias ameritan que se le niegue la comunión.

Según Mons. Sánchez Sorondo solo se puede negar la comunión a los excomulgados. Es decir, o piensa que el canon 915 del Código de Derecho Canónico está equivocado..:

No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave.

O piensa que legalizar el aborto y ser un adúltero no es pecado grave. Es más, lo más probable es que crea que no es heterodoxo afirmar esto: “ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante. Los límites no tienen que ver solamente con un eventual desconocimiento de la norma. Un sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad para comprender «los valores inherentes a la norma» o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa”. Amoris Laetitia 301

Es decir, según ese texto pretendidamente magisterial, puede que Alberto Fernández conozca bien la doctrina católica sobre el aborto y el adulterio, pero, bajo ciertas circunstancias (por ejemplo, cumplir una promesa electoral o la posibilidad de quedarse sin pareja) puede hacer lo contrario de la misma sin culpa alguna. Ante lo cual, de poco vale lo que diga el mencionado canon del derecho canónico, el concilio de Trento o San Pablo.

De hecho, me sorprende que el arzobispo argentino no haya apelado precisamente a Amoris Laetitia, el nuevo paradigma, para justificar lo que hizo y se haya enredado en un debate sobre el derecho canónico.

Según el prelado curial, todo es cuestión de opiniones. El cardenal Burke tiene una y él otra. Y hay obispos que están de acuerdo con el purpurado estadounidense y otros con él. Entre los que están de acuerdo con Burke figura un tal Ratzinger, que siendo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe les dijo a los obispos de EE.UU que se debía negar la comunión a los políticos católicos abortistas. Y más recientemente el arzobispo de Kampala (Uganda), Mons. Cipriano Kizito Lwanga, ha tenido a bien decretar, que no meramente opinar, que no se puede comulgar siendo adúltero o fornicario.

De la sabiduría de Mons. Sánchez Sorondo tenemos pruebas irrefutables. Por ejemplo, ha sido capaz de decir que la autoridad magisterial de la Iglesia cuando habla sobre el calentamiento global (materia científica) es la misma que cuando enseña sobre la maldad del aborto (sic). Y se hizo mundialmente famoso cuando tuvo a bien asegurar que la dictadura comunista china es quien mejor lleva a cabo la Doctrina Social de la Iglesia (sic). En cualquier empresa, organización humana, partido político o cosa que se le parezca, alguien así habría sido despedido fulminantemente de su puesto. En la curia de Francisco, no.

Puesto en evidencia por la periodista de Life Site News, que le deja desconcertados cuando le hace ver que su postura sobre el papel de la conciencia en San Pablo es exactamente lo contrario de lo que él sostiene, don Marcelo acude al argumento ad hominem (ad mulierem para ser políticamente correcto): Eres una fanática.

Dijo Chesterton que llegaría “el día en el que será preciso desenvainar una espada por afirmar que la hierba es verde». Pues bien, ya ha llegado. Pero no solo en el mundo, en la sociedad. También en la Iglesia. Quienes osan defender la fe católica son calificados de fanáticos por jerarcas de la Iglesia. Quien osa ser fiel es despreciado, ninguneado y corre peligro de ser “misericordeado” por aquellos que deberían ser los primeros en confirmar en la fe a los fieles.

Dijo Dios por medio del profeta Ezequiel: Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como león rugiente que arrebata presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días sagrados apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas. Eze 22,25-27

Escribió San Pedro: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. 1Pe 5:8

Y advirtió San Pablo: Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras. 2 Cor 11,13-15

Sabemos, pues, lo que hemos de hacer. Cuanto más lejos de ellos, más cerca de Cristo. Y Cristo mismo salvará a su Iglesia de los sucesores del apóstol Judas Iscariote, de aquellos que le traicionan a cambio de las treinta monedas de plata del aplauso del mundo, de aquellos que profanan el Cuerpo de Cristo y pretenden convertir la Iglesia en una prostituta encamada con los gobernantes que sirven a Satanás.

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