¿La eutanasia es libertad? Hará que los más «vulnerables» deban justificar por qué vivir

Religión en libertad

 

Pablo Requena es considerado uno de los grandes expertos en Bioética en la Iglesia. Este sacerdote es el delegado de la Santa Sede en la Asamblea Médica Mundial. Se licenció en Medicina y Cirugía, y ejerció durante un corto periodo como médico hasta que su vocación sacerdotal le llevó al Seminario. Se ordenó en Roma en 2002 y consiguió el título de doctor en Teología Moral, asignatura que actualmente imparte en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma.

Es además autor del libro Doctor, no haga todo lo posible. De la limitación a la prudencia terapéutica (Comares) donde afronta algunos aspectos complejos y polémicos de la medicina desde el punto de vista ético.

Dada su formación y sus responsabilidades, Pablo Requena es igualmente experto en temas de total actualidad como son la eutanasia y el suicidio asistido, donde en distintos países se están realizando ofensivas para su legalización. En el marco de un congreso organizado en Roma por la Fundación CARF, dedicada a la ayuda en la formación de sacerdotes, este doctor atendió a Religión en Libertad para tratar sobre un asunto de gran trascendencia donde muchas naciones se juegan mucho.

– Antes de ser sacerdote, usted estudio Medicina e incluso sirvió en una base militar…

– Estudié Medicina en Valencia. Acabé en 1993, luego estuve trabajando unos meses como oficial medico en una base aérea de paracaidistas, y después de esa experiencia me vine ya a Roma a estudiar Teología, y más tarde hice el doctorado en temas de Bioética general. Fue una experiencia enriquecedora, me puso en contacto con mucha gente muy distinta. Dejé la medicina no porque no me gustara sino porque pensé que podía servir más como sacerdote que como médico.

-¿Cómo era su fe antes de ser sacerdote y médico?

– Provengo de una familia católica. Mis padres eran supernumerarios del Opus Dei y desde pequeños, sin imponernos nada, siempre nos dieron una formación cristiana. Gracias a esto todos los hermanos somos cristianos e intentamos vivir nuestra fe. Y esto se lo debemos en buena parte a nuestros padres.

– En España y otros países se ha iniciado una campaña política pro-eutanasia. ¿Es una cuestión ideológica o más bien responde a una visión práctica y utilitarista?

– Creo que hay pocas personas que planteen la eutanasia como una solución a los problemas económicos de la sociedad, pero tampoco hay que ser ingenuos y pensar que no es un dato a considerar, sobre todo viendo cómo van las curvas de población y las dificultades que encuentran todos los gobiernos para pagar las pensiones. Es indudable que la eutanasia hace ahorrar dinero, nadie lo va a plantear así pero tampoco hay que dejar de lado esta cuestión.

Es más, después de un año de eutanasia en Canadá las mismas autoridades publicaron un informe donde calculaban más o menos lo que la Seguridad Social había ahorrado desde que se aprobó la ley que permitía la eutanasia. Iban entre decenas y un centenar de millones de dólares de ahorro para el sistema sanitario. Cuando se presente, y creo que muchos de los que lo plantean no están pensando en esto, sería ingenuo no pensar que este discurso está también dentro.

– Entonces, ¿cuál es el motivo principal por el que se está planteando esta ley?

– Para muchos es una manifestación más de libertad, pero hay que ver libertad para quién. Me parece que la eutanasia, y una ley que la permita, puede servir a un grupo de personas que quieran anticipar su muerte porque están sufriendo, pero serán muy pocas con respecto a todo ese gran número de personas que si hay una ley de estas características de alguna manera se encontrarán presionadas a decidir y a contestar a la pregunta de por qué quiere seguir viviendo y por tanto de por qué quiere seguir siendo un peso para su familia y la sociedad.

Esto en el fondo hace que la sociedad sea más anti solidaria. Una sociedad solidaria es aquella que toma encima el peso de la gente más vulnerable, pero una sociedad que te dice que te preguntes si quieres seguir viviendo y por qué, no lo es. Nadie lo dirá así pero en el fondo cuando uno tiene esta posibilidad si no la elige tiene que responder a la pregunta. Se presenta como una ley que aumenta las libertades, pero no sé hasta qué punto aumenta o complica aún más la vida a tantas personas vulnerables que tenemos en la sociedad ahora mismo, y que serán cada vez más.

– Usted ha comentado en otras ocasiones que hay una mayor aceptación social de la eutanasia que del suicidio asistido. ¿Por qué cree que es así?

– En casi todas las encuestas que he visto me da la impresión de que la gente está más a favor de la eutanasia que del suicidio asistido porque no se da cuenta bien de lo que vota. La eutanasia aparece como una ayuda a la muerte, el suicidio tiene una connotación negativa, y hay gente que dice estar a favor de la eutanasia pero en contra del suicidio asistido. Algo que desde el punto de vista teórico es un contrasentido.

Sin embargo, la eutanasia es un paso con respecto al suicidio asistido. Hay un libro muy interesante que se titula Seducidos por la Muerte (Planeta), de Herbert Hendin. Es un libro-entrevista a muchas personas y él fue a Holanda a conocer la experiencia holandesa. Como lo vieron como un agnóstico y no contrario a la eutanasia les pareció que sería la persona que abriría la eutanasia en EEUU.

Hablando con uno de los médicos, éste le contó la historia de una eutanasia que iba en contra de la voluntad de un paciente, una monja católica que estaba en fase terminal de un cáncer. No le preguntó porque sabía que sería un problema de conciencia así que decidió por su cuenta practicar la eutanasia. El médico americano se quedó sorprendido de que lo hubiera hecho y que lo contara con tanta naturalidad. Y vio que ahí fallaba algo. El problema es que uno se acostumbra a la eutanasia. Una de las peores cosas es que el médico la vea como una opción más.

– ¿Cómo luchar contra la eutanasia y el suicidio asistido en una sociedad en la que se evoca todo el tiempo la libertad como pretexto para legalizarlo?

– Hay que intentar no plantear la pregunta de quién es el dueño de la vida. Encontraremos gente de creencias religiosas que diga que el dueño de la vida es Dios y no puede matarse, y otros que no tengan esas ideas y crean que pueden legítimamente acabar con su vida. Pero este es otro debate.

A nivel social el debate es si una ley de la eutanasia va a ser un bien para la sociedad o va a ser un mal. Lo que veo es que el hecho de poner a la gente en la posición de tener que justificar por qué quiere seguir viviendo no es un bien para la sociedad. Todo ello aparte de las cuestiones de los abusos que pueda haber, o que los médicos y la sociedad se acostumbren a estas prácticas y crean que es una opción más.

– Entonces, ¿cómo convencer a una persona que quiere aplicarse la eutanasia?

– Creo que tanto a nivel medico como social hay muchas alternativas a la eutanasia. Me contaban la historia de una señora en Bélgica u Holanda, no recuerdo bien, que había pedido la eutanasia y estaba ya en espera. Conoció a una chica que pasó por la residencia, se encariñó con la persona, hizo amistad con ella y se olvidó de la eutanasia. ¿Sólo por eso? Solo por eso. Hay mucha gente sola.

Otro caso. Me contaron la historia de una mujer que le aplicaron el suicidio asistido. Era una mujer que vivía en una residencia de ancianos que caminaba, hacia bicicleta por las mañanas, hacia ejercicio, y llevaba una vida que no tenía sufrimientos insoportables. Pero tres meses antes había muerto su hija, la única familia que le quedaba. Pero cualquier médico sabe que la depresión por luto es algo habitual, y que tres meses no son suficientes para curar una depresión. A esta señora le permitieron acceder al suicidio asistido cuando podían haber tratado lo que tenía.

– ¿No se ofrecen alternativas?

– Uno se habitúa a la eutanasia y la ve como una salida más. En el ámbito de los dolores físicos la medicina ha avanzado mucho. Los cuidados paliativos son capaces de conseguir una calidad de vida muy aceptable, muy digna.

No digo que la medicina sea capaz de curar todo y eliminar todo el sufrimiento, que está pegado a la existencia humana y que excede a la medicina. Pero lo que quizá a principios del siglo XX no se podía hacer en el XXI sí se puede. Lo que es una pena es que una persona muera mal por no tener acceso a los cuidados paliativos.

Si un tipo está sufriendo horriblemente porque tiene un dolor oncológico mal tratado, claro que pide la eutanasia, pero lo que quiere no es morir sino que le quiten el dolor. Y ese dolor sí que se puede quitar. En otros países han dicho que no discutirán sobre la eutanasia hasta que no haya un buen sistema de cuidados paliativos.

Los expertos coinciden en la importancia vital de apoyar la implantación de los cuidados paliativos

– Si todo el mundo está de acuerdo en esto, ¿por qué no se impulsan de verdad los cuidados paliativos?

– Cuestan dinero y hacen falta meter a gente. Es una cuestión de organización médica y del dinero correspondiente. Aunque hay que decir que los paliativos no son carísimos. Los fármacos que utilizan los paliativos cuestan muy poco dinero, lo que cuesta dinero es el personal. Si se puede tratar el cáncer, y es muy bueno que se haga, tendría que haber dinero para ofrecer buenos cuidados paliativos.

– En las leyes de la eutanasia se habla de “sufrimiento insoportable”. ¿Cómo se mide y más ahora que se está abriendo para casos de personas con depresión o con enfermedades psiquiátricas?

– El médico solo puede certificar que tiene una enfermedad que por su evolución es incurable y dar un dato aproximativo del pronóstico pero del sufrimiento de la persona no puede decir nada. Ahí la psiquiatría tiene muchas herramientas. ¿Por qué entre los médicos, los psiquiatras son los menos favorables a la eutanasia junto con los de paliativos? Se dan cuenta de que muchas veces la eutanasia es una falsa solución para un problema que se podría solucionar de verdad con una buena terapia.

– En su libro habla de la línea que separa el esfuerzo terapéutico y el encarnizamiento terapéutico. ¿No es lícito luchar por la vida hasta el final?

– En el ámbito de los tratamientos uno se puede pasar por carta de más y de menos. Por menos es cuando se abandona al paciente y no se le da lo mínimo que es lógico. Esto podría pasar dejando de nutrir e hidratar a un paciente inconsciente. Morirá por falta de nutrientes y líquidos. Esto está mal.

Pero también se puede exagerar por arriba. Haciendo más de lo que resulta razonable. En términos médicos lo que no resulta razonable se dice que es un tratamiento fútil. Para ese paciente ese tratamiento ya no es razonable.

Entre lo que sería demasiado poco y lo que sería demasiado hay un espacio que me gusta llamar de la ‘prudencia terapéutica’, donde hay distintas opciones. Algunas se pueden realizar y otras no. Será el paciente el que elija. En algunos casos será más clara la conveniencia de utilizarlas.

Desde el punto de vista de la ética médica y la reflexión cristiana no hace falta llegar a la muerte haciendo todo lo posible por evitarla. Lo que me gustaría que quedara claro con este libro es que no hay obligación moral de hacer todo lo posible. Porque cada vez todo lo posible es más, hace cincuenta años hacer todo lo posible era hacer cuatro cosas.

– Usted es actualmente el delegado de la Santa Sede ante la Asociación Médica Mundial. ¿Cuál es el posicionamiento en términos generales de los médicos con respecto a la eutanasia?

-La mayoría de las asociaciones médicas mundiales están en contra de la eutanasia. La asociación médica mundial tiene una política frontalmente contraria. Ha habido dos países, Canadá y Holanda que han querido cambiar esta política pero el resto no ha querido. Es claro que a nivel de asociaciones médicas hay un no grande a la eutanasia.

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