John Hedley Brooke: ¿Guerra entre ciencia y religión? Sólo a finales del s. XIX

El británico John Hedley Brooke es un experto en Historia de la Ciencia, con un doctorado sobre la Historia de la Química en el siglo XIX y décadas estudiando la relación histórica entre ciencia y religión. Sostiene que aunque haya habido históricamente algunos casos aislados de conflictos entre la ciencia y la religión, sólo hubo un momento en toda la historia en que se pudo hablar de «guerra» o «lucha»: el final del siglo XIX. Ha hablado sobre ello en Pamplona en la Lección Conmemorativa Mariano Artigas que organiza el Grupo Ciencia, Razón y Fe de la Universidad de Navarra. Allí lo ha entrevistado el Diario de Navarra.

– Los últimos Nobel de física han declarado que creen que no existe lugar para Dios en el Universo. ¿Qué le dice que esta opinión sea común entre los científicos?

– Ellos aducen que si existiera algún dios por detrás del universo, la ciencia debería encontrar alguna prueba; si no ocurre, entonces es que no existe. De alguna manera, se busca que la gente religiosa cometa el error de decir que la prueba de la existencia de Dios es que no podemos explicarlo todo con la ciencia: si hay algo más allá es que necesitas a Dios. Pero esa no es buena teología. Hay sitio para la discusión de la relación de Dios con el mundo, pero no se trata de encontrar a Dios en algún lugar más allá de los planetas, o que necesitemos a Dios para dar una explicación científica satisfactoria de lo que ocurre en el mundo.

– La ciencia ha ido explicando lo que antes se atribuía a la magia, a los dioses o a razones divinas. ¿No es lógico entonces que ciencia y religión estén confrontadas?

– La ciencia ha hecho una gran contribución al entendimiento del mundo pero puede complementarse con el entendimiento religioso. En la religión hay mucho más que explicaciones del mundo. Cuando la gente se pregunta por el significado y el propósito de la vida y el mundo natural, buscan algo más que explicaciones. Un filósofo distinguido del Reino Unido, John Gray, asegura que incluso si la ciencia explicara todo el mundo de la naturaleza, la gente se sentiría insatisfecha. Por eso, el creciente poder explicativo de la ciencia no puede eliminar la religión en el mundo. La religión se refiere a algo distinto.

– A Pamplona vino a hablar de luchas contra la religión en nombre de la ciencia. ¿A qué se refiere?

– La lucha no es un término apropiado para describir las relaciones entre ciencia y religión. Pero es verdad que hay gente que lucha contra la religión en nombre de la ciencia, que apela a lo que la ciencia ha mostrado sobre el mundo y considera que basta con eso para negar la religión. Pero hablar de batallas entre ciencia y religión es una forma extraña y falsa de describir lo que ha ocurrido históricamente. Sólo hubo un tiempo en el que este lenguaje bélico pudo ser adecuado:

A finales del siglo XIX, cuando un grupo de jóvenes científicos, que pensaba que la ciencia no tenía el prestigio y la autoridad que debía tener, quiso hacer de la ciencia una profesión y no algo sobre lo que cualquier teólogo aficionado pudiera pontificar. El conflicto era inevitable, porque durante el siglo XVIII en el mundo angloparlante mucha de la ciencia la habían hecho clérigos que observaban la naturaleza con la intención de buscar evidencias del poder creativo de Dios.

– Pero hubo otros grandes conflictos, como el de Galileo…

– Nadie puede negar los conflictos, pero no se explican diciendo que por su naturaleza ciencia y religión deben entrar en conflicto. Eso no aclara lo que ocurrió con Galileo, con Giordano Bruno y otros. Galileo siempre dijo que era un leal católico y que nunca quiso ir contra la autoridad de la iglesia.

En una carta en 1655 explica que la Biblia no debe usarse como autoridad en asuntos científicos, porque el lenguaje de las escrituras se acomoda para ser comprensible para todos.

Si lo que se dice en la Biblia fuera ciencia real, nadie la entendería. Si la Biblia dijera que la Tierra se mueve alrededor del Sol nadie de entonces lo entendería porque no es eso lo que vemos con nuestros ojos. De hecho la teoría de Copérnico se encontró con un montón de críticos que no tenían nada que ver con la teología, que miraban al cielo y veían al Sol y no a la Tierra moviéndose.

– La Iglesia católica estaba luchando contra la Reforma protestante y algunas de las opiniones de Galileo parecían muy protestantes, estaba cerca de defender el derecho a interpretar las escrituras. En esos años, algunas autoridades políticas católicas, especialmente en España, acusaban al Papa de no estar luchando lo suficiente por la fe, de dejar paso a todo tipo de ideas. Por eso, el Papa sentía que silenciar y condenar a Galileo era una manera de reforzar su autoridad.

» Además hay otras implicaciones. La Iglesia no tenía objeciones respecto a las nuevas teorías cosmológicas en la medida en que se quedaran como modelos matemáticos, como instrumentos para calcular la posición de los planetas. Pero Galileo quería que los modelos matemáticos representaran la realidad física, elevarlos a la categoría de verdad física. Eso iba contra la posición tradicional de la Iglesia y remitía un problema filosófico. ¿Los teorías astronómicas cuentan la verdad del mundo o son sólo hipótesis que permiten hacer predicciones?

– ¿La religión puede ser compatible con la teoría de la evolución?

– En una encuesta reciente en Inglaterra el 65% dijo no ver contradicción entre la evolución y la existencia de Dios. Pero es que el propio Darwin no creía que la idea de evolución eliminara la de creación. La evolución puede ser el proceso que el Dios creador diseñó para producir seres de extrema complejidad como nosotros. Pero no es un asunto fácil. Si Dios es el ser benevolente y compasivo del que habla la tradición cristiana, tuvo una forma muy peculiar y sangrienta de llegar al ser humano. ¿Por qué eligió un proceso como la selección natural, que se basa en una intensa competición? Los eruditos dicen que si se cree en Dios, hay que creer que esa debe de ser la única manera de crear seres como nosotros.

– Si en un futuro se encuentra vida extraterrestre, aunque fuera microbiana, ¿en qué medida se vería afectada la religión?

– Es una vieja pregunta. Ha habido pensadores que no querían creer en extraterrestres porque sería una contradicción con la idea de la Tierra como lugar elegido para el ser humano. Hubo pensadores protestantes, como Melanchthon, que se preguntaban si en ese caso Jesucristo habría tenido que visitar todos los planetas para salvar a la gente de todos esos mundos. Otros pensadores, como el matemático de Oxford John Wilkins, creían lo contrario, que el sacrificio de Cristo era eficaz en todo el Universo.

» A principio del siglo XIX fue común pensar que la vida extraterrestre existía y por un argumento religioso. Decía que si gran parte del Universo es invisible a nuestros ojos, ¿para qué iba a crear Dios toda esa multitud de estrellas si no hay vida en otros mundos? Lo cierto es que no hay una respuesta simple. Es curioso que hace unos años, un teólogo que trabaja en California, Ted Peters, lideró una encuesta en la que se preguntaba si la vida extraterrestre podía afectar a la religión. Los encuestados, cuando hablaban de su propia tradición religiosa contestaban que no sería un problema; si se les preguntaba sobre otras religiones, decían que sí.

 

 

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