J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Un ecologista de verdad

Es bien cierto y verdad que si hay un aspecto que distinga muy especialmente la obra de un autor como es J.R.R. Tolkien es la naturaleza y, en concreto, el amor que muestra el profesor de Oxford por tal realidad de la Tierra Media. Y tal cosa sólo puede ser porque nuestro autor, en verdad, tenía un amor muy particular por ella.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Tolkien padre era, por decirlo así, ecologista. Pero ¡ojo!, era ecologista de verdad y no como aquellos que, hoy mismo, posan como tal haciendo bandera política de la naturaleza. Vamos, que se aprovechan de ella todo lo que pueden y sabe…

En realidad, nada de esto debe extrañarnos porque el profesor, al ser católico convencido de lo que eso significa, sabía que Dios todo lo había dejado para el hombre pero para que su semejanza lo cuidara de verdad. Y era consecuente con eso, claro está y eso quedaba reflejado en su obra escrita donde la naturaleza tiene una importancia más que vital.

Sobre esto, nada mejor que repetirse las palabras que encabezan este artículo. Y es que las mismas muestra a qué nos referimos pero, sobre todo, a qué se refería nuestro gran autor.

Ciertamente, esto son sólo palabras o, mejor dicho, puede ser algo dicho por alguien que mucho estima lo escrito por J.R.R. Tolkien. Y, es cierto, lo son. Sin embargo, lo que dejó dicho en sus páginas escritas afirman esto que, como es lógico, no nos vamos a inventar porque, esencialmente, no hace ninguna falta.

De muchas formas se puede ver que el amor de Tolkien padre por la naturaleza es cierto. Y, empezando por las palabras citadas arriba (en las que afirma y confirma la verdad de todo esto) baste decir, por ejemplo, esto que sigue:

– Las descripciones que hace de los diversos territorios que constituyen y dan forma a la Tierra Media, por sus especiales características, sólo pueden estar hechas por alguien que ama mucho lo que dice porque otra causa no se entendería. Podemos decir, a tal respecto, que son tan descriptivas y maravillosas que hace que uno se crea en medio de la naturaleza y con derecho a gozar, por así decirlo, de todo lo escrito. Y esto es, verdaderamente, impagable, espiritualmente hablando.

– El especial amor que tenía Tolkien padre por los árboles (reflejado, el mismo, en su vida, digamos, “real” con muchas imágenes fotográficas donde, literalmente, muestra el citado amor por esta creación de Dios) lo manifiesta en un personaje, en particular, como Bárbol y, en general, con los muchos bosques cuajados de tal tipo de naturaleza. Es más, sabemos más que bien el papel que tiene este Ent (pastor de árboles) en el hecho de vencer a Saruman y la destrucción “arbórea” de Isengard, ese lugar desde donde el Mal tiende sus tentáculos. Así, la ira de los Ents es la reacción de todo aquel que se da cuenta de que su entorno natural ha sido destruido por intereses bárbaros y antinaturales.

– Los Elfos, personajes más que principales e importantes de la obra escrita de J.R.R. Tolkien son los que enseñan (en palabras de Bárbol) a hablar a los árboles cosa que, un mundo como el subcreado por nuestro autor, no es nada extraño sino, al contrario, de lo más normal.

– La propia existencia del istari Radagast que era, por así decirlo, amante de lo que crece y amigo de los animales del bosque es un buen ejemplo de hasta dónde se puede amar la naturaleza y en ella vivir y existir y es, en tal sentido, el personaje que más arraigado está en la Tierra Media por su especial condición personal.

– El amor especial por la naturaleza bien que lo expresa nuestro autor en La Comarca. ¿Puede haber un lugar donde la naturaleza juegue tanto a favor del hombre, aquí del mediano? Seguramente resulta difícil que pueda haberlo porque, precisamente, el profesor de Oxford, amaba mucho tal “ambiente natural” del que mucho había gozado en su Sarehole y eso bien que lo podemos ver en la vida que en aquella tierra se goza.

Seguramente hay muchos casos que aquí podríamos aportar. Sin embargo, basten estos para darnos cuenta de que el ecologismo de J.R.R. Tolkien era, por decirlo rápidamente y para que se nos entienda, totalmente “radical”. Y era así porque era de raíz o provenía del origen de todo (tal es lo que se entiende por “natural”) que era, nada más y nada menos, que de la creación de la Tierra Media por parte de Eru/Ilúvatar y, sobre todo, de la subcreación del mismo creador citado por parte de J.R.R. Tolkien.

Y todo, en origen, era bueno menos, claro, quien ya sabemos…

 

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