J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – ¿Qué es y qué supone el Monte del Destino?

Fuente: Eleuterio Fernandez

 

El summum de los lugares malos a rabiar. Así podemos definir, de forma popular, al Monte del Destino. En él está el origen del Mal si nos referimos al Anillo Único y, por tanto, todo lo malo que le sucedió a la Tierra Media desde que Sauron lo creó… en fin, que allí tuvo origen, lugar y salida.

Resulta curioso, por lo dicho arriba, que el Monte del Destino sea, en cuanto a carrera del Mal y el final buscado por el Bien sea, decimos, la salida y la meta de todo esto. Y nos explicamos.

En cuanto a la salida, ya hemos dicho arriba que allí es donde se forja el Anillo que debía controlar al resto de joyas entregadas a las más diversas razas y, con tal control, alcanzar uno que lo fuera total y absoluto sobre la Tierra Media porque ya me dirán ustedes qué se iba a llevar cabo que no fuera mala cosa si, a través del Único se pudiera haber pisado con bota de hierro sobre Hombres, Elfos y Enanos, poseedores todos ellos de anillos… cuando los Hobbits no eran más que un grupo, una raza por así decirlo, sin ansia de aventuras y muy alejada de todos aquellos ajetreos de poder… hasta que, claro, llegó el momento de dar la cara y comprometerse con el bien general de toda la Tierra Media.

Pues bien, desde allí todo empezó y fue allí mismo, entre la oscuridad y el fuego, donde el Anillo Único vino al mundo para controlar al mundo y para hacer del mundo un lugar inhóspito, aberrante, nigérrimo. Y no podemos negar que quienes eso querían lo intentaron con todas sus fuerzas que, por cierto, eran muchas y más que muchas.

Monte del Destino | Tolkienpedia | Fandom

Es cierto que el Monte del Destino es un símbolo. Lo es del origen del Mal pero también lo es de lo que el Mal puede llegar a alcanzar si sale victorioso de la batalla que mantiene contra el Bien. Y es símbolo porque el Mal, en sí mismo considerado, tiene ahí su raíz y todo lo que luego suceda no es más que consecuencia de tener una raíz podrida y negra.

No podemos negar que su propio apellido, Destino, es exactamente eso, un lugar donde se ha de ir aunque no se quiera, un lugar donde se ha de hacer algo aunque no se quiera hacer ese algo y, en fin, un lugar de donde ha de nacer, al finalizar la misión que la Compañía del Anillo lleva a cabo, un mundo nuevo sin tanto malo pululando y envenenando la Tierra Media.

Decimos, también, que el Monte del Destino viene a ser la representación exacta y bien medida de todo lo que, de peor, pueda haber en el mundo subcreado por J.R.R. Tolkien. Y es que no se puede acumular un ansia tan grande hacer daño donde se pueda hacer daño y malgastar las bondades del mundo con la simple voluntad de quien allí ostenta el poder.

El Mal, que muy bien radica allí mismo, se manifiesta así como es el Monte del Destino: de roca y corazón duro como la propia montaña y de fuego destructor como sus entrañas.

Sin embargo, no todo aquí iba a ser mala cosa al hablar de este especial Monte de la literatura del profesor de Oxford. Y es que el propio Monte del Destino es, como decimos arriba, meta.

Ciertamente, allí no hay indicación alguna de que aquella sea la meta a la que deben llegar quienes sean capaces de llevar pero, sobre todo, quien ha de llegar: Frodo y el Anillo Único al que se unió Sam como amigo y fiel servidor de su señor. Sin embargo, las evidencias históricas de haber sido allí donde se forjó el Anillo que debe ser destruido sitúa sobre la misma cima del Monte del Destino algo así como una indicación de “Meta” como una flecha que indicara el lugar exacto donde debe ser arrojado aquel engendro del Mal apellidado Único.

Allí, por tanto, han de encaminarse los verdaderos protagonistas de todo esto. Es decir, han de querer entrar por sus fauces terribles y, entonces, cumplir con al final de aquella misión de la que sólo puede resultar vencedor el Bien frente al Mal. Y eso es lo que pasa como, por otra parte, debía pasar y pasó.

¿Acaso uno no siente gozo cuando ve que todo se viene abajo en el momento más terrible y oportuno de la Guerra del Anillo?

Vaya que sí.

Eleuterio Fernández Guzmán- Erkenbrand de Edhellond

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