Inmatriculaciones. Huele a gloria bendita

Fuente: Jorge Gonzalez Guadalix – InfoCatólica

 

Bueno, pues ya tienen sus señorías y tenemos todos el listado de bienes inmatriculados por la Iglesia católica en España en los últimos años. Creo que andaban todos, políticos especialmente de cierto pelaje y algunos clérigos de pelaje cierto, frotándose las manos porque al fin iban a salir a la luz los turbios manejos de la Iglesia en uno de esos asuntos en los que, a falta de argumentos, se despacha uno con un “no se sabe mucho, pero la cosa huele muy mal».

Allá cada cual con su mejor, peor o nulo olfato, porque lo cierto es que la cosa huele a mirra, áloe, incienso del bueno y esencias crismales. Las conclusiones son claras: “de los informes recabados del Colegio Oficinal de Registradores de la Propiedad y Mercantiles de España a este respecto no se puede concluir que existan inmatriculadas fincas a favor de la Iglesia sin mediar el necesario título material a su favor”.

Vamos, que inmatriculaciones fetén. No hay inmatriculaciones por las buenas, que por cierto hubieran puesto en solfa al colegio de registradores. No hay chanchullos, apropiaciones indebidas, documentos falsos. Rien de rien. Luz y taquígrafos y todo perfecto.

Claro que puede haber errores. Son casi treinta y cinco mil inscripciones. Vale. Si hay algo deficiente, que se arregle, pero parece evidente que la cosa pinta bien y huele a gloria bendita.

La Iglesia siempre ha sido una magnífica administradora de sus bienes, o por lo menos lo era. Bastan unas pocas religiosas en un monasterio para mantenerlo restaurado y en funcionamiento. Se van las monjas, lo asume cualquier administración y los gastos se disparan haciéndolo imposible. El cura más simple con cuatro euros consigue que la iglesia del pueblo se vaya manteniendo. La Iglesia tiene patrimonio entre otras cosas porque no ha derrochado donaciones ni vendido por vender, y porque sus dirigentes, obispos, curas y monjas, vivimos sin excesos, vamos como cualquier diputado o ministro.

El problema es otro. Nuestros políticos tienen sus necesidades, muchas, tanto que ya ni se sabe a dónde se está disparando el déficit. Además de sus necesidades materiales, crecientes, disparatadas, tiene otras, entre las que destacan la periódica necesidad de desviar atenciones hacia las maldades del clero, aunque solo sea para que la gente esté distraída en otras cosas. Ahora, desde hace año, toca eso de que “la Iglesia nos roba», con la previsible consecuencia chavista de “exprópiese” y sin justiprecio. Todo es del pueblo.

Y con nuestros políticos se han asociado unos cuantos curas cabreados con su iglesia entre otras cosas porque pensaban que iban a ser algo y no son más que la nada sin sifón. Decir que la Iglesia roba al pueblo al menos garantiza una foto y unos minutos de gloria.

Rien de rien. Todo pinta de gloria. Las conclusiones son de alegría pascual. El olor de mirra y aloe. La luz, de arco iris. Estoy contento. Mucho.

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