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Mons. Andreas Laun, obispo auxiliar de Salzburgo (Austria), ha asegurado en una entrevista concedida a OnePeterFive que los cuatro cardenales que entregaron al Papa las «dubia» sobre Amoris Laetitia han hecho un servicio al magisterio de la Iglesia. El prelado recuerda que un Pontífice no puede cambiar una ley moral de origen divino del mismo modo que no puede modificar las leyes de la física.

Entrevista de Maik Hickson al obispo Andreas Laun (*) sobre Amoris Laetitia y las «dubia» de los cuatro cardenales

Usted es uno de los firmantes de la Súplica Filial «Declaración de fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina» que ha recibido hasta el momento más de 34.000 adhesiones. A su juicio, ¿qué aspectos de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia son problemáticos y susceptibles de interpretaciones contradictorias?

He leído las inquietudes de los cuatro cardenales y estoy de acuerdo con ellas. Además, conozco personalmente en especial a los cardenales Meisner y Caffarra, y sé cuán competentes son. Con ellos, estoy en la mejor de las compañías.

¿Conoce usted alguna posibilidad de que los divorciados casados de nuevo reciban los sacramentos sin enmendar previamente su modo de vida y en lo sucesivo vivan como hermano y hermana?

«Por desgracia», no. Me gustaría indicarles un camino más fácil. Pero estamos tratando de la verdad y no de mis sentimientos personales. Esta cuestión objetiva no tiene ninguna relación con la misericordia. ¿Podría San Juan Bautista haber «autorizado misericordiosamente» a Herodes a tener la mujer de su hermano?

El discernimiento espiritual, cuya importancia tanto subraya el Papa Francisco, es como un médico que realiza un diagnóstico pero que, acto seguido, no presta un verdadero servicio al paciente al presentar benignamente la enfermedad –como si fuera preferible tenerla– aun cuando conoce los peligros que presenta.

Ahora, cuatro cardenales –Walter Brandmüller, Joachim Meisner, Carlo Caffarra y Raymond Leo Burke– presentaron al Papa Francisco cinco dubia (dudas) relativas a Amoris Laetitia y –al no recibir respuesta– las hicieron públicas. Los cuatro cardenales han sido criticados por ello y algunas personas les han acusado de deslealtad. ¿Cómo juzga usted el comportamiento de estos cuatro cardenales?

El comportamiento de los cardenales es un servicio al magisterio de la Iglesia. En la historia, hay muchos ejemplos de críticas a un papa. Sin embargo, es preciso respetar la «moral de la crítica», es decir, formularla de manera educada, con objetividad, justicia, caridad y mucha comprensión por quien es criticado, ya que toda crítica también hiere en mayor o menor medida.

Si se le ofreciera, ¿firmaría también estas dubia?

Sí, después de leerlas de nuevo y quizás tras consultar al menos con uno de los cardenales, las firmaría.

¿Sabe de otros cardenales u obispos que sean cercanos a estos cuatro cardenales, pero que no se atreven a decirlo públicamente?

No, pero sería en cierto modo una vergüenza si, por temor, alguien no hablara. Como dijo San Gregorio Magno, el silencio puede ser un pecado, y Otto von Habsburg afirmó que la cobardía es uno de los vicios principales de nuestro tiempo.

En su opinión, ¿un cardenal u obispo puede expresar públicamente críticas al Santo Padre y, en caso afirmativo, en qué condiciones? ¿Qué bienes han de ponderarse a este respecto, de modo cuidadoso por supuesto?

Toda persona tiene derecho a formular una crítica de ese tipo: por ejemplo, si el Papa se pronuncia sobre temas no comprendidos en su ámbito de competencia. En concreto: lógicamente, un papa puede hacer oír su voz sobre todos los temas posibles, pero debe quedar claro cuándo interviene en su condición de papa y cuándo habla simplemente a título personal, como cualquier otra persona.

Por ejemplo, no es lo mismo una declaración en materia de cambio climático que, por el contrario, sobre una cuestión de fe o moral. Por ejemplo, en una ocasión, Pío XII habló de forma muy competente acerca de las abejas pero, evidentemente, no podía exigir a este respecto el consentimiento y asentimiento de la fe.

En algunos casos, las críticas pueden también referirse a la vida personal de un papa, como sucedió con Santa Catalina de Siena. En esa ocasión, el Papa fue lo suficientemente humilde para aceptar su crítica correctora.

Ante la gran crisis moral dentro y fuera de la Iglesia Católica, en un contexto en que un gran número de personas ya no siguen la moral cristiana, ¿considera acertado suavizar y reducir la norma moral católica? ¿O por el contrario debe llamarse a la conversión, tras mostrar las consecuencias negativas de una vida moralmente desordenada?

El Papa no puede recortar ni elevar una norma moral, del mismo modo que no puede modificar las leyes de la física. Las leyes morales son leyes divinas. Las meras leyes positivas humanas no forman parte de la moralidad propiamente dicha.

A fin de transmitir una enseñanza moral católica y valiosa, es importante hacer comprensible la referencia a Dios y mostrar que la moralidad católica consiste, en términos figurados, en «mantener a los seres humanos –en contraposición a otros animales– dentro de los contornos de su propia especie», en libertad y sobre la base de la razón.

¿Cómo debe la Iglesia Católica conducir este debate? ¿Dónde se manifiesta actualmente la atención al bienestar de los niños –en materia matrimonial y en las cuestiones provida? ¿Las palabras de Cristo –«Dejad que los niños se acerquen a mí»– inspiran y transmiten algún significado hoy en día?

La mejor catequesis y enseñanza consiste en evocar buenos ejemplos y narraciones que nos ayuden a leer correctamente (San Pablo) las Sagradas Escrituras con el corazón. Jesús no ofreció presentaciones ni escribió libros complicados; por el contrario incitaba, especialmente a través del diálogo personal, al pensamiento y la reflexión personal.

En cuanto a la cuestión de la comprensión y el entendimiento, procede mencionar aquí el polémico ejemplo de la anticoncepción. Los que hayan entendido el daño que la anticoncepción causa al amor y quienes hayan pasado por esta experiencia con la ayuda de las enseñanzas de la Iglesia, también saben por qué Pablo VI escribió Humanae Vitae y cuánto favorecen estas enseñanzas el desarrollo del amor, pese a que, al mismo tiempo, sean difíciles de seguir. Sucede lo mismo en otras situaciones cuando se cumplen los mandamientos de Dios.

(*) Mons. Laun, obispo auxiliar de Salzburgo es también Profesor de Teología Moral en la Facultad de Filosofía y Teología de Heiligenkreuz /Austria). Es miembro de los Oblatos de San Francisco de Sales.

Traducido por Víctor Lozano, del equipo de traductores de InfoCatólica