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En una carta dirigida a sus sacerdotes y seminaristas, Mons. James Conley, obispo de Lincoln (Nebraska, EE.UU), ha asegurado que la claridad y la renovación pueden ser el fruto de las disputas y desacuerdos sobre la exhortación apostólica Amoris laetitia.

«Amoris Laetitia continuará siendo discutida entre los obispos de la Iglesia y el Santo Padre, para traer claridad y entendimiento a preguntas difíciles», escribió el obispo Conley en una carta fechada el pasado 5 de diciembre.

El prelado aseguró que comprende «que el desacuerdo público en la Iglesia pueda convertirse en una fuente de desánimo. La historia de la Iglesia ha incluido grandes disputas teológicas, que han sido la fuente de división, pero que, en última instancia, han llevado a la claridad y la renovación».

Mons. Conley recordó que «la Iglesia es la Esposa de Cristo, está protegida y guiada por el Espíritu Santo. Podemos tener confianza en la gracia perdurable de Dios para conducirnos, como lo ha hecho en muchos momentos de dificultad o desacuerdo en la historia de la Iglesia. Las lecciones de la historia son que no debemos sentirnos consternados o ansiosos por los desafíos de nuestro propio tiempo».

«El desacuerdo y el conflicto en la Iglesia puede ser inquietante», escribe el obispo. «Sin embargo, momentos de sincero desacuerdo proporcionan la ocasión para que el Espíritu Santo traiga una claridad más profunda a nuestra comprensión y proclamación de la fe. Las preguntas que se hacen al Santo Padre pretenden ayudar a lograr la claridad».

Mons. Conley agregó que la discusión sobre Amoris laetitia «es una oportunidad para crecer en nuestra comprensión de la enseñanza de la Iglesia sobre los sacramentos, la naturaleza de la misericordia, el proceso de evangelización y conversión y la misión pastoral de solidaridad y acompañamiento. Sé que muchos de ustedes tienen preguntas sobre el significado de Amoris Laetitia, y su impacto en nuestro ministerio pastoral. Estoy escribiendo para tratar esas preguntas».

El obispo reconoció que la exhortación contiene «reflexiones profundas sobre la vida familiar en el mundo moderno y sobre el significado de la misericordia y de la caridad en el ministerio pastoral. El Santo Padre nos llama a discernir los corazones de los confiados a nuestro cuidado, para facilitar un encuentro significativo con Jesucristo, que nos ama y que nos llama al amor de manera única, exclusiva e irrevocable ».

También afirmó que Amoris laetitia «incluye algunos pasajes que han demostrado ser difíciles de interpretar y entender, especialmente en lo que se refiere a la atención pastoral de los católicos que se divorcian y vuelven a casarse civilmente, o cohabitan».

El obispo Conley afirmó que la exhortación «no repudia la indisolubilidad del matrimonio ni las enseñanzas morales de la Iglesia con respecto al divorcio», y tampoco «cambia el entendimiento de la Iglesia de que la conciencia debe ser formada según la verdad y que una conciencia bien formada no puede guíarnos de una manera contraria a la revelación divina».

«Las relaciones sexuales fuera de los vínculos del matrimonio constituyen circunstancias de grave pecado», dijo el obispo Conley. «El Señor llama a los que están divorciados y se vuelven a casar civilmente, o que están conviviendo, a la continencia. Como toda persona que es consciente de graves pecados, divorciados y casados civilmente, los católicos que se involucran en relaciones sexuales continuas no pueden acercarse a la Santa Comunión».

Por último, el prelado indicó que «la fiel atención pastoral requiere que alentemos a los católicos a vivir según la enseñanza del Evangelio y los acompañemos a medida que crezcan en la comprensión y aceptación del llamado del Señor. La meta de nuestro ministerio pastoral es la salvación de las almas. Y dicho ministerio se lleva a cabo mediante la cooperación con la gracia y la obediencia a la verdad».