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Constituciones apostólicas

1. La búsqueda del rostro de Dios atraviesa la historia de la humanidad, llamada desde siempre a un diálogo de amor con el Creador.[1] El hombre y la mujer, en efecto, tienen una dimensión religiosa indeleble que orienta su corazón hacia la búsqueda del Absoluto, hacia Dios, de quien perciben la necesidad, aunque no siempre de manera consciente. Esta búsqueda es común a todos los hombres de buena voluntad. Y muchos que se profesan no creyentes confiesan este anhelo profundo del corazón, que habita y anima a cada hombre y a cada mujer deseosos de felicidad y plenitud, apasionados y nunca saciados de gozo.

En las Confesiones, San Agustín lo ha expresado con claridad: «Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti».[2] Inquietud del corazón que brota de la intuición profunda de que es Dios el que busca primero al hombre, atrayéndolo misteriosamente a sí.

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La voluntad de Cristo, por el cual la proclamación de todo el mundo, los apóstoles fueron enviados a predicar el Evangelio a las naciones (Mt 28, 19), nos impulsó a ser, cuando el Señor era muy, por la disposición de un mejor las cosas eclesiales, para oír la palabra de Dios y su Santísima será la majestuosidad del gran poder ser dado a los hombres y adorándolo, tenga cuidado con celo;.

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estinado a la protección de la manada a la totalidad del Señor, tenga cuidado de utilizado constantemente, con el fin, en abundancia y se sentía en todas partes en abundancia, y los beneficios de la salvación del Salvador, que es ahora, que son en los hombres.

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Hace once años, el venerable predecesor comunidad Papa Juan Pablo 2 Santa Iglesia Makokouensem prefectura será establecido por la ley, por su parte, es tan hermoso ver a la religión católica hallazgos navitatisque surgieron como la nueva ubicación más alta entre la etapa particular y sin precedentes en la presente ley tanto, es deseable que pueda parecer.

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