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En el marco de su Centésima Cuarta Asamblea Plenaria - Extraordinaria, los obispos presentaron al país unas claves para seguir construyendo la paz entre los colombianos. Los prelados, luego de profundizar en los mensajes que el Papa Francisco compartió en su reciente visita, invitaron a los católicos y a todo el pueblo colombiano a tomar conciencia de la realidad nacional y asumir responsabilidades frente a ellas.

El país vive un momento delicado que implica grandes desafíos, por tanto, debemos recordar lo que nos dijo el Papa: “hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana; las tinieblas de la sed de venganza y de odio; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor tantas víctimas.”

Colombia afronta graves problemáticas como: la corrupción; la inequidad; una salud deficiente para los más pobres; la expansión de cultivos ilícitos, que el papa llamó “drama lacerante de la droga”; la incertidumbre frente a la implementación de los acuerdos con las FARC y las negociaciones con el ELN, así como el resurgimiento de otros actores que generan violencia; la polarización política del país; atentados contra la vida y la familia desde la manipulación ideológica en la educación, el ámbito legislativo y judicial; la inestabilidad socioeconómica; la difícil situación de campesinos, afrodescendientes y de nuestros hermanos venezolanos.

Los obispos recalcan el llamado del Santo Padre: “Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es hora de desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro”, para lo cual el Papa señala estas claves:

Coloquemos “en el centro de toda acción política, social y económica la persona humana, su altísima dignidad y el respeto por el bien común.”

Debemos ser responsables del rescate moral de la sociedad.

Multipliquemos nuestra solidaridad con quienes más sufren. Al mismo tiempo pedir al gobierno que garantice el servicio de salud para los más pobres y ello no sea un negocio.

Busquemos soluciones a la problemática del narcotráfico.

Fortalezcamos los valores de la verdad, la liberad, la justicia, el perdón y la reconciliación, mediante lo que se puede lograr una paz auténtica e integral.

Reconciliemos con la naturaleza, cuidando la creación de Dios, la casa común.

La Asamblea se cierra con la invitación a no tener miedo ante estos retos y que, con fe y esperanza, se pueden superar las dificultades y generar una cultura del encuentro que nos comprometa en la construcción de una nación reconciliada y en paz.