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A primera hora de la tarde de ayer, el papa Francisco tuvo su segundo acto del día en Medellín, un encuentro con trescientos niños de los Hogares San José. Los ocho hogares y dos casas para enfermos de la Casa Familia San José cuentan con la ayuda de cinco sacerdotes, veinte religiosas y noventa laicos, y son lugares de acogida para niños abandonados o en riesgo de exclusión

Los pequeños recibieron al Papa cantando el himno de San José, y a continuación el director de la Fundación, Mons. Armando Santamaría Ortiz transmitió al Papa los sentimientos de la comunidad ante su visita: "Nos alienta en la fe; nos enseña que los pobres son los preferidos de Dios y que cuando vivimos el amor en la caridad con los débiles tocamos la carne de Cristo”.

A continuación se dirigió a Francisco una niña, Claudia Yesenia García, quien cuando tenía solo dos perdió a su familia en una masacre provocada por la guerrilla en San Carlos (Antioquia).

Ella misma recibió un disparo en el abdomen y esquirlas en la cabeza, por lo que estuvo mucho tiempo hospitalizada. Con la única familia de su tía y otros niños acudieron al monseñor Santamaría: “Él nos recibió a todos en los hogares, como nuestra segunda familia. Hoy tengo 13 años y con alegría puedo contar que soy una niña feliz”, dijo Claudia.

Francisco inició su discurso manifestado la alegría de su visita y el “valiente testimonio” de Claudia Yesenia: “Escuchando todas las dificultades por las que has pasado me venía a la memoria del corazón el sufrimiento injusto de tantos niños y niñas en todo el mundo, que han sido y siguen siendo víctimas inocentes de la maldad de algunos”. También “el Niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución” porque “tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa, para escapar de la muerte”.

“Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se les maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza”, continuó, y les puso bajo la protección de San José, quien como "protegió y defendió de los peligros a la Sagrada Familia”, hoy también los “defiende, cuida y acompaña” a ellos.

Y también a los religiosos y laicos que trabajan en estos Hogares los encomendó a San José: “Aprendan de él, que su ejemplo los inspire y los ayude en el cuidado amoroso de estos pequeños, que son el futuro de la sociedad colombiana, del mundo y de la Iglesia, para que como el mismo Jesús, puedan crecer y robustecerse en sabiduría y en gracia, delante de Dios y de los demás”.