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El papa Francisco bendijo y dirigió unas palabras a 22.000 jóvenes colombianos desde el balcón del Palacio Cardenalicio, tras su visita a la Catedral primada de la Inmaculada Concepción de María en Bogotá y del saludo a las autoridades civiles y políticas, el cuerpo diplomático y los cardenales y obispos.

“Hoy entro a esta casa que es Colombia diciéndoles, ¡La paz con ustedes!”, así comenzó el Papa su saludo a los jóvenes de Colombia reunidos frente a la Plaza de Bolívar, llegados de todos los rincones del país: “cachacos, costeños, paisas, vallunos, llaneros”, enumeró el Papa.

Y les animó a los chicos y chicas: “¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! A ese sueño grande los quiero invitar hoy”.

Hoy entro a esta casa que es Colombia diciéndoles, ¡La paz con ustedes! Así era la expresión de saludo de todo judío y también de Jesús. Porque quise venir hasta aquí como peregrino de paz y de esperanza, y deseo vivir estos momentos de encuentro con alegría, dando gracias a Dios por todo el bien que ha hecho en esta Nación, en cada una de sus vidas.

Vengo también para aprender; sí, aprender de ustedes, de su fe, de su fortaleza ante la adversidad, porque ustedes saben que el obispo y el cura tienen que aprender de su pueblo, por eso vengo a aprender, a aprender de ustedes, soy obispo, y vengo a aprender.

Han vivido momentos difíciles y oscuros, pero el Señor está cerca de ustedes, en el corazón de cada hijo e hija de este País. Él no es selectivo, no excluye a nadie sino que abraza a todos; y todos, escuchen esto, todos somos importantes y necesarios para Él. Durante estos días quisiera compartir con ustedes la verdad más importante: que Dios los ama con amor de Padre y los anima a seguir buscando y deseando la paz, aquella paz que es auténtica y duradera.

Para mí siempre es motivo de gozo encontrarme con los jóvenes. En este día les digo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Nadie se la podrá quitar (cf. Jn 16,22), ¡Nadie! Les aconsejo: No se la dejen robar, cuiden esa alegría que todo lo unifica en el saberse amados por el Señor. Porque... ¿cómo habíamos dicho al principio? Todos: ¡Dios nos ama con amor de Padre!

Ustedes, los jóvenes, tienen una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento de otros; los voluntariados del mundo entero se nutren de miles de ustedes que son capaces de resignar tiempos propios, comodidades, proyectos centrados en ustedes mismos, para dejarse conmover por las necesidades de los más frágiles y dedicarse a ellos.