esnlenfrdeitpl

Una Iglesia que espera la visita del Papa Francisco, con una feligresía esperanzada, en medio de un país polarizado, que enfrenta los retos de la implementación del Acuerdo de paz con las Farc y las negociaciones con el Eln. Ese es el panorama en el cual monseñor Óscar Urbina asume la presidencia de la Conferencia Episcopal Colombiana.

Monseñor habló con EL COLOMBIANO acerca de lo que lo espera en su gestión. Ya, al ser elegido como presidente de la Conferencia Episcopal, había dado algunas puntadas de la problemática de la corrupción: “Necesitamos una reforma y una profunda discusión en torno a la ética. La corrupción es el peor mal que existe.”

¿Cómo recibe este nombramiento?

“Para mí fue una sorpresa porque terminaba mi periodo de vicepresidente, ya quería descansar, pero mis hermanos obispos me llamaron a esta nueva tarea. La recibo con alegría y sobre todo con gran esperanza, porque yo sé que Dios me va a ayudar y que los obispos también, entonces no me puedo quejar porque cuando uno tiene un apoyo grande sabe que aunque las tareas sean muy complejas las podrá llevar adelante”.

Se da su nombramiento cuando estamos esperando la visita del Papa Francisco, ¿Qué significa para el país?

“Para la Iglesia es un impulso a la tarea que es prioritaria en nosotros: la evangelización. Sabemos que una persona que se deja transformar por el evangelio será un buen ciudadano, esa es la primera gracia que vamos a tener. El Papa nos va a impulsar todo el trabajo que como ciudadanos hagamos en favor de la reconciliación entre los colombianos, con la creación, la defensa de los derechos humanos, el seguir trabajando porque las familias se mantengan unidas y sean el primer espacio de formación de nuevos ciudadanos y de nuevos cristianos”.

¿Qué será lo más importante de la visita del Sumo Pontífice a Medellín?

“Dará un impulso a las vocaciones. Allí el Papa tendrá un encuentro con los sacerdotes, las religiosas y sus familias, en el que, seguramente, hará un llamamiento a los jóvenes para que no tengan miedo, si Dios los llama, de responderle a él”.

¿Cree que la Iglesia va a aportar a disminuir la polarización en el país?

“Es un llamamiento profundo al corazón de los colombianos, porque la reconciliación es una sanación de todas las heridas que llevamos, entonces, la Iglesia ahí tiene una tarea. El Papa llama a la Iglesia en estos aspectos a ser como un hospital de guerra que ayuda todos los días a sanar, poniendo bálsamo para que las heridas se curen.

Hay que tener claro que por un lado está la estrategia de la paz, todo lo que se ha desarrollado con el Acuerdo que corresponde, fundamentalmente, al Gobierno, pero una estrategia sin alma se queda como en una estructura de esos edificios que nunca acaban. Por eso intervendremos con sencillez, pero también buscando caminos eficaces, especialmente pedagógicos, que ayuden a todos a que demos el paso a la reconciliación”.

¿La Iglesia continuará jugando un papel importante en los diálogos de paz con el Eln?

“Seguiremos acompañando, en primer lugar, con la oración porque la paz es un don de Dios y, en segundo lugar, entiendo que la paz es una tarea que nos corresponde a nosotros como ciudadanos, y más como pastores. Vamos a ayudar a tender puentes para que sea el camino del diálogo el que nos conduzca a una paz total, sin que nosotros seamos negociadores sino acompañantes y facilitadores de los procesos de paz”.

Usted viene de trabajar en zonas afectadas por el conflicto: Norte de Santander y Villavicencio, ¿Cómo debe ser esa relación de la Iglesia con las víctimas?

“Yo dejé, no es por echarme flores, el banco de alimentos en Cúcuta que ha sido un gran apoyo para las víctimas, incluso ahora para los que vienen de Venezuela. Hace ya un año, con una ayuda que recibí del Papa, iniciamos el banco de alimentos en Villavicencio, y ahí estamos con las víctimas de la violencia. Sin hacer tanta propaganda, podemos hacer cosas silenciosas que sanen, que acompañen. En ocasiones la gente no necesita cosas materiales, sino que uno la escuche y los consuele. Otras veces, uno puede meter la mano para conseguir para ellos ayudas que suplan sus necesidades”.

Durante el plebiscito se vio una posición muy fuerte de algunos sectores religiosos y desde ya puede verse un panorama parecido hacia las elecciones presidenciales, ¿usted cree que la Iglesia debe tomar parte?

“Jamás. El matrimonio entre religión y política es lo más dañino que hay. Yo creo que no podemos dejarnos seducir por esa sirena. Lo que sí me preocupa es la participación, un 60 % de abstención es un pecado contra la democracia”.

Así, como lo muestran algunos sectores, estén en juego la moral y los valores familiares...

“Ahí tenemos que formar las conciencias de los católicos, porque ellos son los que deciden. Me parece que nunca se debe decidir por emociones, sino que la idea tiene que acompañar la realidad, ahí sí está nuestra tarea: en formar a la gente en una conciencia crítica para que sepan analizar las propuestas y de esa manera dar su voto libre”.

Cuando se asume la cabeza de una institución como la Iglesia Católica hay ciertos problemas que hay que trabajar rápidamente, ¿cuáles son los que usted abordará primero?

“Tengo que hacer el empalme con monseñor Luis Augusto Castro para ir mirando las prioridades, me acaban de elegir, apenas estoy siendo investido, y en las reuniones que tendremos vamos a determinar el futuro de la Iglesia en Colombia, tendremos que hacer todo un plan para el próximo trienio, pero aún no lo hemos realizado”.