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Cada vez son más las parroquias que han recuperado e impulsado la Adoración Eucarística mientras se van multiplicando las capillas de adoración perpetua. Los testimonios son unánimes, la adoración transforma las parroquias, barrios e incluso ciudades, provocando además numerosos milagros.

Sobre esto da fe también el fraile dominico Leon Pereira, que en estos momentos es capellán de los peregrinos de habla inglesa que acuden a Medjugorje, la pequeña localidad bosnia a la que acuden cada año millones de personas.

El mundo necesita la Adoración Eucarística

Tras ver pasar por Medjugorje tal cantidad de gente, un lugar en el que la Adoración tiene un papel central, afirma que los milagros se producen y que aunque parezca algo inútil, el mundo necesita desesperadamente la Adoración Eucarística.

Este dominico asegura que para la mentalidad moderna la adoración eucarística es irrelevante y asegura que “no sorprende que el mundo pueda valorar las obras de caridad de los misioneros, como Santa Teresa de Calcuta, pero no da importancia a los monjes cartujos que rezan y contemplan”.

Recuerda además el padre Pereira que en la elección entre Marta y María, entre Marta que estaba ocupada sirviendo, y María que se sentó a los pies de Cristo, estamos tentados a ponernos de parte de Marta, y desconcertados por el respaldo de Jesús a María.

En su opinión, “la Madre Teresa entendió esto claramente: todas sus obras de caridad fluyeron y se basaron en la Adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento. Solo adorando a Cristo primero, sus hermanas pueden reconocerlo y servirlo en los más pobres y marginados”.

El fraile dominico habla de tres aspectos necesarios en la Adoración y que propician el encuentro con el Señor. Precisamente, estos tres puntos están en crisis en el mundo actual hundido en una deriva relativista.

“Primero necesitamos silencio. Cuando el Papa Benedicto XVI dirigió la Adoración en Hyde Park (Londres), cerca de 80.000 jóvenes guardaron silencio con el Papa, para la consternación de los medios de comunicación. El silencio aparentemente no sirve para una buena televisión. La televisión necesita conversaciones continuas. La adoración requiere silencio”, afirma Pereira.

En segundo lugar, la adoración necesita “atención”. Pone el ejemplo de lo “desgarrador que es ver a parejas sentadas una frente a la otra en un restaurante mientras ambas miran ávidamente las pantallas de sus teléfonos. No hace falta mucho para ver quién o qué domina esa relación. Atendemos a lo que más apreciamos. En Adoración, atendemos al Señor”.

En tercer lugar, agrega el fraile dominico, la adoración necesita “receptividad”. “En nuestro silencio y atención, recibimos de Dios. Nos despojamos de la ilusión de que podemos hacer cualquier favor a Dios. Anhela derrocharse sobre nosotros. Él tiene sed de que tengamos sed; Él anhela ser anhelado. Él nos guiará y nos enseñará, pero solo si lo dejamos. En Adoración recibimos de Dios la verdad acerca de Dios y acerca de nosotros mismos”, agrega.

Pereira cuenta que “en Medjugore, donde soy capellán de los peregrinos de habla inglesa hacemos Adoración todos los días en la capilla y veneración pública del Santísimo Sacramento cuatro días a la semana. Es uno de los grandes signos de Medjugorje: entre siete mil y diez mil personas, arrodilladas en silencio, adorando al Señor.

Aquí muchos laicos y sacerdotes aprenden a amar la Adoración. Ellos prueban y ven la bondad del Señor. La adoración es el corazón de Medjugorje, porque Jesús es el corazón de esta parroquia, como debe ser en cada parroquia”.

Medjugorje es conocida por las supuestas apariciones de la Virgen pero sobre todo, y como consecuencia, por la enorme cantidad de conversiones que se han producido allí durante estas últimas décadas gracias a la Adoración y la Confesión.

“En mi propia experiencia, la adoración es poderosa”, en este centro de peregrinación. “Jesús nos espera con ansia ansiosa. Y anhela derrocharse en nosotros. Es como una torre hecha de copas de champán, y cuando el vaso superior se llena, se desborda y llena los vasos de abajo. En la Adoración, cuando estamos abiertos a recibir, Dios agranda nuestros corazones para amar, y ese amor se desborda para los demás, al igual que la torre de champán”.

Además, agrega “si estamos cerrados, si guardamos nuestras heridas y todo lo que nos rodea oculto del Señor, entonces muy poco puede cambiar. Entonces, la adoración se experimentará como una carga que debe evitarse. Pero cuando estamos abiertos al Señor, es muy poderoso. Dios tiene muchas gracias que quiere darnos, y nos guía en oración a través de la adoración. A veces nos mantenemos en vigilia con el Señor durante la Adoración, y hacemos actos de reparación y amor, porque el mundo lo necesita mucho”.

Pereira explica que “en Lourdes, la mayoría de los milagros ocurren durante la Adoración del Santísimo Sacramento. Medjugorje no es diferente. Sin embargo, aunque tanto poder y gracia irradian del Santísimo Sacramento durante la Adoración sincera, al final no se trata de obtener ‘algo’.