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Durante el transcurso de la historia, la Virgen María ha visitado a la humanidad en ciertos lugares especiales por todo el mundo.

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Lo que más llama la atención cuando se buscan paralelismos son los argumentos en que se apoyan sus defensores, que muestran una increíble similitud.

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Hay personas que nos hacen sufrir. Sabiéndolo o no, queriéndolo o no, pero nos hacen pasar malos ratos. Nos duelen sus palabras hirientes, sus actitudes humillantes, sus tratos despóticos, su falta de responsabilidad, sus infidelidades, sus prontos temperamentales, sus olvidos y negligencias...

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¡Cuánto nos cuesta perdonar! El dolor de una herida recibida puede durar largo tiempo. Somos seres humanos, frágiles, pecadores, en relación con los demás, que sentimos y amamos. Nuestra vida de cristianos nos enseña a amar y a perdonar y todos los días, este se convierte en un ejercicio constante de desprendimiento y confianza en Dios. No podemos perdonar a otros si primero no nos perdonamos a nosotros mismos. ¡Gran tarea es ésta! Pero, ¿cómo perdonar aquello que es tan doloroso para mí? ¿Cómo olvidar el mal recibido? ¿Es posible perdonarlo todo? Dios nos da algunas claves en las Sagradas Escrituras que podemos ir poniendo en práctica, pero no es algo que viene de una vez para siempre, es un ejercicio constante que debemos aceptar y asumir.

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Satán y sus demonios seguidores son figuras misteriosas del reino de lo espiritual. Nos atormentan diariamente, aunque por lo general sus acciones son invisibles a nuestros ojos.

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Cuando era niño, mi padre solía llevarnos a mí y a mis hermanos a dar un paseo en el auto cuando él llegaba del trabajo y antes de que nos sentáramos a cenar. A menudo íbamos a nuestra iglesia parroquial de camino a casa para hacer una oración. ¡Gracias a Dios que la iglesia siempre estuvo abierta! Porque de esta manera, mi padre me enseñó un hábito que más tarde me sería de gran ayuda cuando era un adolescente: visitar a Jesús en el Santísimo Sacramento, especialmente cuando lo necesitaba o en la tristeza o cuando algo bueno había sucedido.

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No llegues tarde

Recuerda que Dios te está esperando para colmarte de Su amor, darte Su perdón y un abrazo; hablarte al oído, decirte lo que necesitas oír... Te ha apartado un lugar en Su mesa, no lo dejes esperando...

No vistas provocativamente

No uses prendas que puedan distraer o provocar (escote, minifalda, shorts, mallas)

No entres sin saludar al Señor

Al llegar persígnate. Él está allí, feliz de verte. Agradécele haberte invitado.

No te dé pena hacer reverencia o genuflexión

Si pasas frente al altar, que representa a Cristo, haz reverencia. Si pasas frente al Sagrario, donde está Cristo, haz genuflexión (toca el suelo con la rodilla).

No masques chicle ni comas o bebas

Sólo se permite agua sola, en caso de necesidad por cuestión de salud.

No cruces la pierna

Se considera una postura poco respetuosa. Que tu cuerpo exprese tu devoción.

No añadas frases cuando lees las Lecturas o el Salmo.

No leas las letritas rojas ni digas: ‘Primera Lectura’ o ‘Salmo responsorial’, o ‘Segunda Lectura’. Y al final no digas: ‘ésta es la Palabra de Dios’, porque no es explicación, sino rúbrica divina. Sólo di: ‘Palabra de Dios’. Tampoco digas: ‘respondamos al Salmo’; pues no es recitación, el Salmo es en sí la respuesta a la Primera Lectura.

Antes de la proclamación del Evangelio, no te persignes

Sólo debes signarte (trazar tres cruces pequeñas, en frente, labios y pecho).

No te levantes durante la presentación de las ofrendas

A veces alguien se levanta y por imitación se levantan otros; tal vez al ver al padre levantar el cáliz y la hostia creen que es la Consagración, pero no lo es.

No te sientes durante la Consagración

Si no te puedes hincar, quédate de pie, pero sentarse, a menos que sea por enfermedad o ancianidad, es falta de respeto a Cristo, que se hace presente en el altar.

No digas nada en voz alta durante la Consagración

Hay quien en la Consagración dice en voz alta: ‘Señor mío, Dios mío’, pero distrae a quienes están haciendo su propia adoración en silencio.

No digas en voz alta: ‘Por Cristo, con Él y en Él...’

Es parte de la Plegaria Eucarística y sólo le toca decirla a quien preside la Misa.

No añadas la palabra Amén al final del Padrenuestro durante la Misa. (Fuera de la Misa si la debes añadir)

No te muevas de tu lugar para ir a dar la paz

Sólo debes dar la paz a quienes están junto a ti, no a los de otras bancas. Tampoco aprovechar para ir a felicitar o dar pésame.

No comulgues si no te has preparado

Debes haber guardado el ayuno eucarístico (no haber comido o bebido nada, una hora antes de comulgar), y no tener pecado grave.

Si hay muchos fieles para recibir la Eucaristía, no te formes a comulgar sólo en la fila del sacerdote

Jesús está presente en la Hostia Consagrada, sin importar si lo da el sacerdote o un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, que es una persona que ha recibido una preparación especial, ha sido instituida por el obispo, y cuenta con la autorización de la Iglesia para distribuir la Comunión en caso de verdadera necesidad.

Después de la Comunión, no hables con los demás

Tras comulgar, regresa a tu lugar y habla con el Señor, al que acabas de recibir. Si no pudiste comulgar, haz una Comunión Espiritual y habla con Él.

Que tu celular no sea distracción

Al llegar a la iglesia pon tu celular en silencio. No lo uses en el templo, porque te distraes tú y distraes a los demás. Dedica toda tu atención al Señor, que te está dedicando toda Su atención a ti en esta cita de amor que es la Misa.

No desatiendas a los niños si los tienes

Enséñalos a disfrutar estar en la casa de su Padre Dios, y a saberse comportar.

No te salgas antes ni igual que como llegaste

No te pierdas le bendición con la que se te envía al mundo a dar testimonio en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y sal con un propósito nuevo que haya inspirado en ti el Señor, para edificar en el mundo Su Reino de amor.
¿Por qué no es bueno legalizar la eutanasia? A continuación 10 argumentos que lo explican.

1- La eutanasia legal favorece una “pendiente peligrosa” en contra del derecho a la vida en otros campos: En Holanda la eutanasia se aplica no ya a enfermos, sino simplemente a gente que no quiere vivir, como el senador socialista octogenario Brongersma, que pidió y logró ser “finalizado” no porque estuviese enfermo o deprimido, sino porque estaba cansado de vivir. Se calcula que en Holanda se dejan morir a unos 300 bebés al año por nacer con minusvalías y hay casos (en este país rico) en los que se niega la implantación de marcapasos a mayores de 75 años; la eutanasia favorece otras actuaciones de” eliminación de los inútiles”.

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¿Reclinatorio para comulgar?: SI, para que aquellos fieles que deseen comulgar de rodillas sean respetados en un DERECHO que tienen. Ese es el argumento (carente de toda «ideología») por el cual yo mismo como sacerdote diocesano «recuperé» el uso del reclinatorio en mi parroquia para el libre uso de los fieles a la hora de recibir la comunión.

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La organización Open Doors (Puertas Abiertas) ha presentado en Madrid (España) la Lista Mundial de Persecución (LMP) 2018 en donde evalúa la situación de persecución contra los cristianos en el mundo en el último año y se elabora un ranking de países donde vivir la fe cristiana es más arriesgado.

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No oímos hablar mucho de san José en la Biblia. Se le describe simplemente como el “esposo de María”, un “carpintero” y un “hombre justo” en los relatos evangélicos. No se mencionan nunca su edad o su muerte.

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