esnlenfrdeitpl

El Mensaje para la primera Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el papa Francisco al concluir el Jubileo de la Misericordia, fue presentado este martes en la Sala de prensa de la Santa Sede, por el presidente del Consejo Pontificio de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, junto el secretario de dicho Consejo, Mons. José Octavio Ruiz Arenas.

Respondiendo a los periodistas, Mons. Fisichella indicó que “la pobreza abrazada por amor de Dios y renunciando a lo efímero y descartable es virtud. En cambio la pobreza que se sufre porque es impuesta, es una injusticia”.

Recordó una frase espontánea del papa Francisco en su homilía, al concluir el Jubileo de la Misericordia: “La persona humana puesta por Dios en la cumbre de lo creado es muchas veces descartada, porque se prefieren las cosas que pasan. Y esto es inaceptable, porque el hombre es el bien más precioso a los ojos de Dios”.

Así el Papa propone a los creyentes tener con los pobres “un compartir que se vuelva estilo de vida”. Y el desafío que propone, añadió Mons. Fisichella “consiste en salir de la indiferencia, de las certezas y de las comodidades que son con frecuencia el lugar privilegiado de una cultura del bienestar” para “reconocer que la pobreza es también un valor con el cual confrontarse”.

Mons. Fisichella reconoce que el Papa en este mensaje, no esconde las dificultades que emergen en nuestros días “para identificar de manera clara la pobreza”. Así “Él habla de los miles de rostros marcados por el dolor, la marginación, la prepotencia, violencia, torturas, cárcel, guerra, privación de la libertad y de la dignidad, la ignorancia, analfabetismo, emergencia sanitaria y falta de trabajo, la trata y esclavitudes, el exilio, la miseria y las migraciones forzadas.

Y añade que “la pobreza tiene el rostro de mujeres y hombres  y de niños explotados por viles intereses, pisados por las lógicas perversas del poder y del dinero”. Presenta lo que Mons. Fisichella define como “una lista cruel e incompleta” que se ensancha cada vez más por la “avidez de pocos y la indiferencia generalizada”.

La terapia que podría ayudar a aliviar a esta patología se encuentra “en la reciprocidad”, como indica el logo de esta jornada. Y cita las palabras del Papa en el mensaje: “Benditas las manos que se abren para recibir a los pobres y ayudarlos: son manos que llevan esperanza”.

Una invitación que se dirige a toda la Iglesia, a los hombres y mujeres de buena voluntad”, “independientemente de la religión, color de la piel y de la nación a la que se pertenece”.

Pide también en la semana anterior a esta fecha “crear momentos de encuentro y amistad, de solidaridad y de ayuda concreta”. E invitar a los pobres y voluntarios “a participar en la santa Eucaristía del domingo y sucesivamente recibir a los pobres como huéspedes privilegiados de nuestra mesa”.

Un mensaje, concluye el presidente del Consejo Pontificio de la Nueva Evangelización, que se vuelva “un llamado fuerte a nuestra conciencia” para “entender el Evangelio en su verdad más profunda” y que “los pobres no son un problema: son un recurso para aprovechar y vivir la esencia del Evangelio”.