El Papa encabezó el Viacrucis en Roma desde un palco habilitado en el Monte Palatino, justo delante del Coliseo Romano, y clamó “vergüenza” por la “sangre inocente” que es derramada en el mundo de mujeres, niños e inmigrantes.

“Vergüenza por las imágenes de devastación, de destrucción y de naufragio que se han convertido en algo ordinario en nuestra vida. Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente viene versado de mujeres, de niños, de inmigrantes y de personas perseguidas por el color de su piel, por su pertenencia étnica, social o por su fe”, dijo el Obispo de Roma en un discurso improvisado ante unas 20.000 personas en el Coliseo.

“Vergüenza por las muchas veces que como Pedro y Judas te hemos traicionado y vendido, dejado solo a morir por nuestros pecados escapando como cobardes. Vergüenza por nuestro silencio ante las injusticias, nuestras manos perezosas en el dar y ávidas en el arrancar y en el conquistar”, añadió.

El Pontífice hizo hincapié en que los hombres se acercan a Dios “con la mirada abajada por la vergüenza y el corazón lleno de esperanza” y no evitó referirse también a los escándalos de la Iglesia. “Vergüenza por todas las veces que todos nosotros obispos, sacerdotes, consagrados hemos escandalizado y herido tu cuerpo y la Iglesia que hemos olvidado nuestro primer amor y nuestro primer entusiasmo; nuestra total disponibilidad dejando oxidar nuestro corazón y nuestra consagración”, dijo.

“Vergüenza por nuestra voz gritando en el defender nuestros intereses y tímida en el defender el de los demás, por nuestros pies veloces en el camino del mal y paralizados sobre el bien”, añadió.

El Papa también reivindicó también en el Viacrucis a los que mueren ante la indiferencia en las guerras y pidió que se frene la “cadena del egoísmo” que guía la “vanidad de nuestros cálculos mundanos”.

Novedades en el Viacrucis

Las 14 estaciones pusieron de forma especial este año las “mujeres crucificadas” hoy en el mundo, el drama de las guerras, de los migrantes, de las familias laceradas y los niños abusados. La cruz fue llevada durante las diferentes estaciones por el cardenal vicario de Roma Agostino Vallini, una familia romana, así como representantes de Unitalsi, una organización dedicada a la asistencia de personas con discapacidad.

También cargaron con ella religiosos y laicos de diversos países como Egipto, Portugal y Colombia, países que el Papa visitará este año. En la duodécima estación la cruz fue transportada por dos ciudadanos chinos.

La autora de las meditaciones fue la biblista francesa Anne Marie Pelletier, quien introdujo algunas alteraciones en la estructura habitual. Por ejemplo, la segunda estación fue “Jesús es negado por Pedro” y la tercera, “Jesús y Pilato”. Se aumentó además el protagonismo femenino con las estaciones “Jesús y las hijas de Jerusalén” y “Jesús en el sepulcro y las mujeres”.