En conversación con La Contra TV difundida este domingo el que fuera durante muchos años presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, analiza el panorama creado en las sociedades occidentales por la imposición de la ideología de género y por el auge de los populismos, y defiende "los valores de la tradición del humanismo cristiano" como "muy ilusionantes" y plenos de potencialidad política.

Interrogado por la reciente polémica en torno a la transexualidad infantil, Blanco se muestra contrario a "tratamientos hormonales o quirúrgicos con niños que tengan carácter irreversible", dado que la experiencia clínica destaca que cerca de un 90% de los niños que en edades tempranas tienen dificultades de identificación con su propio sexo "cuando pasan la pubertad se identifican con su sexo morfológico sin problemas: son estados de duda transitorios".

Sin embargo, las leyes de imposición de la ideología de género están provocando "una interferencia ideológico-política en un ámbito de prudencia clínica y de la patria potestad: me parece una barbaridad".

Las leyes aprobadas por 10 de las 19 comunidades o ciudades autónomas españolas (la pionera fue Galicia, donde gobernaba el PP con mayoría absoluta) "imponen la visión de la sexualidad de género a todos los ciudadanos. Cuando los políticos hacen suya una ideología y la hacen obligatoria están limitando la libertad de quienes no las compartimos", lamentó.

"En España todos los partidos políticos con representación parlamentaria de han rendido a la ideología de género. Unos, por convicción ideológica, porque está más en su antropología. Otros, como el Partido Popular, por miedo escénico, miedo ambiental a ser calificado como homófobo a parecer no progresista. No hay nadie en el espectro parlamentario que no haya hecho suya, no ya la ideología de género, sino la manifestación más radical y sectaria en el mundo occidental de la ideología de género, que es la que se está legislando en España".

"Hay una gran confrontación ideológica en el mundo", subraya Benigno Blanco, entre "el pseudo progresismo laicista de género" (que tiene un modelo no de estado o de economía, sino de ser humano "y quiere usar la política para imponer ese modelo") y "el humanismo cristiano, por vago e indefinido que sea".

Remontándose a su origen, Benigno Blanco recuerda que la difusión de la ideología de género se hizo "dentro de las políticas incentivadas por Estados Unidos a través de las Naciones Unidas para el control de la población": "Se trata de cambiar los roles de género tradicionales para controlar la población" y para establecer "un mercado de consumidores sin criterios éticos".

Y "la mejor forma de deshumanizar a los seres humanos es que no se aclaren sobre su sexualidad", sentenció al describir unos instrumentos de acción "políticos, económicos y culturales" de los cuales los lobbys LGTB son "lo menos importante".

En cuanto a la crisis política occidental, "estamos viendo la muerte de los partidos clásicos identificados con las ideologías del siglo XX": "Las sociedades europeas son cada vez más plurales y multiculturales, las verdades evidentes y compartidas son menos, nos unen menos cosas".

En el caso de España, del mismo modo que "la referencia histórica de la izquierda, el partido socialista, está desapareciendo", en la derecha sucede algo parecido, al convertirse el PP en "un partido socialdemócrata clásico" que ha dejado sin representación política el "hueco que apuesta por la economía de mercado y se identifica con los valores clásicos del humanismo cristiano (vida, familia, educación) que el PP ya no representa".

"Ese hueco se va a llenar", augura, porque "en la historia las causas producen efectos. Pero no es un proceso matemático. No sé cuándo se va a producir esa eclosión, pero intuyo que no va a tardar mucho".

Benigno Blanco considera que "los valores a defender según la tradición del humanismo cristiano son muy ilusionantes e incompatibles con el populismo de derechas o de izquierdas". Si el populismo quiere el poder por el poder, sin saber para qué, "yo hablo", dijo, "de querer el poder para, en parte, desmontar el poder y darle vida a la sociedad y libertad a los ciudadanos".

Por último, Blanco exalta la familia "como una institución de una inmensa eficacia social, como una gran fuerza humanizadora", y reclama "un amor comprometido de todas las instituciones públicas hacia las familias", que comience por "dejarlas en paz", en particular para elegir el modelo de educación que prefieren para sus hijos.