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Los obispos panameños han hecho público un extenso comunicado al final de su 207 Asamblea Ordinaria. En el punto 5 del texto, declaran su intención de defender su derecho a manifestar su opinión sobre las presiones de organismos internacionales para introducir el "matrimonio" homosexual y la ideología de género:

Con la opinión consultiva realizada a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por Costa Rica, y las expresiones emanadas de autoridades de nuestro país, un sector minoritario pretende imponernos a una gran mayoría las uniones de personas del mismo sexo, escudados en “seudo derechos” que son impulsados por organismos internacionales promotores de la ideología de género, colocándose por encima de la soberanía de los Estados, desconociendo nuestra Constitución Nacional y tergiversando nuestras convicciones sobre el matrimonio y la familia, que se extraen del Derecho Natural, iluminado por la Palabra de Dios.

Reiteramos lo expresado en nuestro comunicado del pasado julio 2017: «la promoción y la defensa de la institución familiar es una misión y preocupación permanente, no solo cuando está amenazada por sectores que quieren imponer una ideología que va contra la naturaleza humana sino también en las situaciones difíciles para su desarrollo. Afirmar que la defensa de los valores de la familia es discriminar o que por ello se es homofóbico es distorsionar la verdad».

La familia y el matrimonio se consagran en la constitución nacional, pero, además, anteceden a la religión, al Estado y a sus leyes, «imponiéndose» a ellos, tal cual son, en virtud de su intrínseca fuerza y belleza. No es una defensa que parte únicamente de la Iglesia sino de toda la sociedad preocupada por la deformación a la que quieren someterla. Pretender acallar la voz de la Iglesia Católica es absurdo, porque tiene el derecho y el deber, como el resto de la sociedad, de hacerla sentir cuando ve amenazadas células fundamentales de la sociedad, como son el matrimonio y la familia.

La familia, como dice el Papa Francisco en la «Amoris Laetitia», se ve amenazada por una serie de circunstancias que nacen de un cambio antropológico, que condiciona la vida humana en la actualidad. Ese cambio se traduce en una afectividad narcisista, inestable y cambiante; en una mentalidad antinatalista, el debilitamiento de la fe y la debilidad de las familias; y en una serie de problemas familiares que nacen de situaciones de pobreza, falta de educación, vivienda, salud, empleo; abuso y explotación sexual infantil, migración forzada, trata de personas, y una lista de nunca acabar».

Como creyentes no renunciaremos al derecho de expresar nuestra posición, como lo hace el resto de la sociedad, sobre temas que nos afectan, y lo haremos como siempre en el marco del respeto absoluto a toda persona y de acuerdo a la ley. Por lo que seguiremos defendiendo y viviendo conforme al Plan de Dios para la familia y el matrimonio, según la enseñanza del Evangelio y del bien común.