Los pobres y los más vulnerables del área metropolitana son la mayor preocupación del Arzobispo de Washinton donde se desarrollan diversos programas sociales de Caridades Católicas.

La respuesta de la Iglesia a la aguda crisis económica y el desempleo de entonces fue incrementar la ayuda a las familias pobres a través de los bancos de alimentos que operan en las parroquias.

Las parroquias San Martín de Tours, Sagrado Corazón, Catedral de San Mateo y los diferentes locales de Caridades Católicas se convirtieron en puntos de encuentro para las familias, donde se les da carne congelada, leche en polvo, arroz, cereales, aceite, frutas secas, conservas de atún, harina y fideos.

La mayoría de los solicitantes son: madres solteras, mujeres embarazadas, desempleados y ancianos solitarios. La solidaridad con los más necesitados fue clave en los años de recesión económica y desempleo.

Caridades Católicas asiste en sus necesidades básicas a los inmigrantes y estadounidenses pobres, pero también les da apoyo espiritual, herramientas y recursos para progresar, programas de capacitación que transmiten esperanza y orientación para prosperar.

Los servicios médicos del Centro Católico Hispano fueron modernizados gracias a las donaciones, con lo cual se pudo incrementar la capacidad de atención a las personas que carecen de seguro médico. Pacientes de Caridades Católicas –niños, madres gestantes y ancianos– fueron favorecidos con estas mejoras.

Los servicios de pediatría, nutrición y cuidado dental fueron mejorados debido a la renovación de equipos e instalación de modernos instrumentos para diagnosticar cualquier tipo de enfermedad.

Con el apoyo del arzobispo, se emprenden masivas campañas de ayuda médica voluntaria. Caridades Católicas hace una convocatoria anual para ofrecer servicios dentales, en cooperación con la Universidad de Maryland, cirujanos dentistas y enfermeras. Se brinda atención gratuita a más de un millar de personas en tres días de trabajo. Solo en esa campaña, anualmente, se prestan servicios médicos por un valor superior a los $750 mil dólares.

El Centro Católico Hispano se distingue no solo por su ayuda legal, sino por sus permanentes campañas informativas en parroquias y centros comunitarios para orientar a las personas sobre las leyes migratorias. Es uno de los servicios más requeridos por la comunidad inmigrante del área metropolitana.

La asistencia gratuita o a bajo costo, también comprende orientación en los procesos de peticiones de familiares, presentación de solicitudes de asilo político, renovación de permisos de trabajo y solicitudes para el programa DACA.

El centro se encarga de hacer los trámites ante el Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS) en beneficio de cónyuges, padres, hijos, hermanos.

Además, el personal brinda apoyo a los solicitantes de visa U para víctimas de crímenes (delito sexual, violencia doméstica, fraude agravado), en casos de violencia contra la mujer VAWA, SIJS para niños que cruzan solos la frontera y son víctimas de abuso y negligencia por parte de sus padres.

En la última década se dio un impulso a los programas de capacitación laboral del Centro Católico Hispano destinados a capacitar a los jóvenes y adultos para que puedan conseguir un empleo, cambiarse a un trabajo mejor o ascender en el que tienen.

Los cursos cuentan con el apoyo de empresas, fundaciones y gobiernos locales. Los participantes adquieren conocimientos y desarrollan habilidades para competir en trabajos de electricidad, remodelación y construcción. Se les entrena para colocar paneles solares y se les da las herramientas para innovar en la construcción ecológica, que busca conservar el medioambiente.