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El último gran acto del Papa en Colombia fue la misa del domingo en el área portuaria de Cartagena, de nuevo ante cientos de miles de personas. La celebración tuvo un aire de despedida, tanto en las palabras finales del arzobispo de la diócesis como en la respuesta del pontífice, claramente referidas, como la homilía misma, al proceso de reconciliación nacional que auspicia la Iglesia en el país y respalda el Vaticano.

Francisco formuló desde el principio el criterio básico para la reconciliación y el perdón: "No hay nadie lo suficientemente perdido que no merezca nuestra solicitud, nuestra cercanía y nuestro perdón". Y ante el pecado cometido por uno, la "iniciativa" corresponde "en primer lugar a la víctima del pecado del hermano", y con un objetivo: "Que quien lo dañó no se pierda". Por eso quien toma la iniciativa "siempre es el más valiente".

El Papa incidió en este elemento personal, más allá de los procesos políticos: "Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente... Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes".

"Nada podrá reemplazar ese encuentro reparador", insistió: "Ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, de perdonar... Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se dé posibilidad a las víctimas de conocer la verdad, el daño sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos crímenes. Pero eso sólo nos deja en la puerta de las exigencias cristianas".

Pero hace falta algo más: "A nosotros, cristianos, se nos exige generar «desde abajo» generar un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, responder con la cultura de la vida y del encuentro", dijo, y utilizó en apoyo de esta idea una larga cita de un mensaje sobre la paz de Gabriel García Márquez en 1998.

Duras condenas

"También Jesús en el Evangelio nos señala la posibilidad de que el otro se cierre, se niegue a cambiar, persista en su mal", prosiguió el Papa. Fue la parte más dura de la homilía de Francisco, dirigida a quienes "persisten en pecados que hieren la convivencia y la comunidad".

Citó como el primero de ellos la droga: "Condeno con firmeza esta lacra que ha puesto fin a tantas vidas y que es mantenida y sostenida por hombres sin escrúpulos".

Y añadió otros "dramas": la devastación de los recursos naturales, la contaminación, la explotación laboral, el blanqueo ilícito de dinero, la especulación financiera, la prostitución, la trata de seres humanos, los abusos contra menores, la esclavitud "que todavía difunde su horror en muchas partes del mundo", la "tragedia" de los emigrantes...

Antes había hablado también de "la sacralidad de cada vida humana, de cada hombre y cada mujer; de los pobres, de los ancianos, de los niños, de los enfermos, de los no nacidos, de los desocupados, de los abandonados, de los que se juzgan descartables porque no se los considera más que números de una u otra estadística".

Una oración sinfónica

"Finalmente", concluyo, "Jesús nos pide que recemos juntos; que nuestra oración sea sinfónica, con matices personales, diversas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su destrucción, por la justicia y no la venganza, por la reparación en la verdad y no el olvido".

Por eso invitó a rezar para cumplir el lema de la visita: ¡Demos el primer paso!: " «Dar el primer paso» es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Y Él nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar".

La emoción del arzobispo

Al finalizar la misa, y antes de cantar el Avemaría, el arzobispo de Cartagena, Jorge Enrique Jiménez Carvajal, se dirigió al Papa para agradecerle la visita. Aludió a la labor de la diócesis para salir "a las periferias" y "hacer lío", y contó al Papa que esa permanente acción en la calle de cientos de grupos ha conseguido un gran aumento de las vocaciones jóvenes a la vida consagrada.

Destacó asimismo que se dedica un gran esfuerzo a "la formación de los laicos", con resultados muy ventajosos. Al concluir sus palabras renovando la gratitud de los colombianos, a monseñor Jiménez Carvajal se le fue la voz en varias ocasiones por la emoción, a lo que respondieron los fieles aplaudiéndole.