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Como cada año, el pasado lunes 18 de septiembre, fecha en que se celebra la Independencia Nacional, se efectuó en la Catedral Metropolitana de Santiago el tradicional Te Deum de Fiestas Patrias. Cercano al mediodía, las más altas autoridades del Estado chileno arribaron al principal templo de la capital para ser partícipes de esta acción de gracias a Dios por un nuevo aniversario patrio, acto que fue presidido por el Arzobispo de Santiago, cardenal Ricardo Ezzati.

Entre los asistentes se encontraban la Presidenta de la República, Ministros de Estado, presidentes de ambas cámaras del Poder Legislativo y autoridades del Poder Judicial, Altos Mandos de las Fuerzas Armadas y de Orden, Autoridades Regionales y Comunales, Organizaciones Comunitarias, Cuerpo Diplomático, obispos, sacerdotes, pastores, consagradas y consagrados.

En su mensaje a todo el país, el cardenal Ezzati invitó a los asistentes a renovar "el propósito de aguardar 'como centinelas la aurora´ y como 'esforzados albañiles´, la luz, la misericordia y la salvación que vienen de nuestro Dios, don de vida abundante para todo el pueblo de Chile (Cf. Salmo 130)". Ser centinelas, explicó el pastor, "implica aprender a otear atentamente el horizonte para acertar, con claridad meridiana, la meta a la cual tender y hacia la cual conducir, sabiduría indispensable para todos los ciudadanos y, de manera especial para quienes tienen la honrosa responsabilidad de guiar y de gobernar".

Y agregó: "(El centinela) es un hijo de la luz que aprende a vivir en la noche sin ser de la noche. En su significado más bello, hace referencia al vigilante, que lucha contra el letargo y la negligencia que puede dañar irreparablemente la vida de los demás y la propia. Por eso, el centinela vigila para que ningún mal llegue a turbar la vida buena de todos; es el profeta que, con alegría, anuncia la belleza de los tiempos nuevos y, al mismo tiempo, devela lo efímero, lo que daña y lo que engaña".

En este mismo sentido, el purpurado expresó que a toda la comunidad corresponde ser "centinela de la aurora", pero especialmente a quienes ejercen responsabilidades políticas y sociales. "Por ello, hay que conceder un lugar preponderante a una sana y atenta política, capaz de responder a demandas verdaderas, de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas que permitan derrotar el cáncer de la corrupción y rechazar presiones e inercias viciosas", dijo.

"En pleno proceso eleccionario, se nos ofrece, entonces, una excelente oportunidad para valorar el rol de la política, para superar la tentación del descredito, de la desconfianza y de las polarizaciones estériles y para reafirmar el propósito de hacer real el proyecto de una estatura cívica alta, puesta al servicio de todos, de manera especial, al servicio de los más postergados", precisó.

En relación a la ley de despenalización del aborto en ciertas causales, aprobada y promulgada recientemente en el país, el Arzobispo de Santiago destacó -citando al Papa Francisco- que el "valor inalienable de un ser humano va más allá del grado de su desarrollo" (Francisco, en Laudato Si, 136) y que el compromiso de la Iglesia Católica seguirá siendo "anunciar el 'Evangelio de la vida´ y prestar nuestra solidaridad y colaboración para que ésta sea siempre respetada y promovida".

"Cual diamante esplendoroso, en el alma de Chile brilla una de sus más nobles convicciones: la sacralidad de la vida, de toda vida humana, desde su concepción, en todo el arco de su desarrollo y hasta la muerte natural: la vida, el primero y el más fundamental de los derechos humanos, pilar granítico sobre el cual se cimientan todos los demás derechos.

En esta acción de gracias por la Patria, con el Papa Francisco y toda Iglesia, con voz clara y humilde a la vez, reiteramos que 'es tan grande el valor de una vida humana, y es tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser objeto de dominio de otro ser humano (cf. Amoris laetitia n.83)´", manifestó.

Al terminar su alocución, el cardenal Ezzati hizo un emotivo llamado a "volver a encantarse" con una cultura fundada en el acogimiento, en la empatía, el respeto mutuo y la colaboración generosa "para contrarrestar los nubarrones de una cultura relativista, egoísta y excluyente".

"(Chile) necesita derrotar la fascinación por la violencia y el atropello que hunden sus raíces en el vacío de significado de sí y del derecho de los otros, paraliza la búsqueda del bien común que la sociedad organizada está llamada a cultivar. Necesita poner atajo a la violencia insensata y a la desesperación que no llevan a nada. Necesitamos avanzar hacia una antropología de sentido que la fe del pueblo lleva su plenitud más alta", expresó.

Y agregó: "Es urgente superar la tentación de un laicismo agresivo que pretende marginar la fe del pueblo de la esfera pública y que, arrogantemente busca negarle la justa visibilidad propia de una respetuosa libertad cultural".

El prelado concluyó solicitando la intercesión de la Virgen del Carmen, confiando bajo su amparo "el propósito de cultivar una ejemplar amistad cívica haciendo realidad la vocación de Chile".