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Poco se dice en los evangelios de María, pero lo que se dice de ella basta para saber lo que significa. De la historiografía de María no sabemos casi nada. Pero de una cosa estamos seguros, Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal y que de seguro su consciencia fue extendiéndose grandemente hasta comprender en verdad quien era su Hijo. ¿Qué es una madre? La que toca la consciencia, la que nos justifica o excusa, la que nos prepara para el camino y la que no quiere que suframos. Eso fue María con Jesús. Históricamente no fue una Señora de una hacienda ni una Reina de un reino, sino que fue una Madre.

Para entender hoy este importante dogma, hay que reconocer que San Agustín interpretó el cristianismo de manera dualista : cuerpo malo y alma buena. Y con ello perjudicó la mentalidad bíblica original que es holística e incluyente o integral, porque la biblia es una interpretación de fe histórica garantizada por Dios, de un pueblo histórico, sobre su propia historia profana. Ahora bien, es ingenuo desconocer que ningún ser humano puede abstraerse totalmente de la historia que ha elegido o le ha tocado. A Sn. Agustín, quien había sido parte de la herejía dualista maniquea, le debemos creer que lo normal para todo ser humano, es un estado de pecado, y que para ser un verdadero ser humano, alguien tiene que liberarnos de esa lacra. Pero eso no es original de quienes conocieron históricamente a Jesús de Nazaret ni tampoco es bíblico. La plenitud está en el origen porque “vio Dios que era bueno” (Gn. 1,31). La plenitud no consiste en quitar algo, sino en desarrollar lo que en el origen es bueno. Y la Gracia o Donación Gratuita de Sí Mismo por parte de Dios a nosotros es lo que nos lleva a esa plenitud. En María y en todo ser humano hay un núcleo intocable que nadie ni nada puede manchar. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella. María no es una excepción, sino la norma. En María descubrimos la verdadera vocación de todo ser humano. Ella es nuestro camino para descubrir que Dios nos cuida y ama con la Ternura de una Mamá, y así nosotros nos transformemos en llenos de agradecimientos por su Gracia.

Lo que nos mancha es el origen del pecado original. ¿Qué hizo que Adán y Eva desobedecieran a Dios? El querer ser como dioses ¿Y qué les hizo querer ser como dioses? Su conveniencia egoísta y excluyente. He ahí el origen del pecado original: la conveniencia propia y egoísta, o el sólo querer existir para sí mismo. María no tenía esa mancha, no existía en ella la conveniencia egoísta. ¿Cómo María sin clasificar su experiencia, pudo sentir que era llena de gracia? De seguro cuando Myriam (María en hebreo bíblico) era una niña, observaba en ella una tendencia fuera de lo común. Sus amigos y amigas perseguían siempre su conveniencia propia, pero ella no. La conveniencia egocéntrica es lo contrario a la gratuidad o la gracia o la donación de Dios Mismo en cuanto Dios. Ella vivía sin perseguir siempre su propia conveniencia, aún más, se sabía a sí misma como esclava del Señor, es decir, sin la tendencia de todos nosotros a reclamar siempre nuestros derechos. Y ello le hacía agradecer las maravillas que Dios hizo en ella y defender los derechos de los demás (Magnificat).

En Hech 6,8 con respecto a Esteban, se dice “lleno de gracia” πληρης χαριτós (pleres jaritós). Pero estas palabras no son en todo caso, las que se aplicaron a María. La palabra κεχαριτωµενη (kejaritomene) en Lucas 1,28 es creada por el evangelista, y aparece una sola vez en el NT y es sólo aplicada a María. Dicha palabra comenzará recién a utilizarse en la literatura en griego en el siglo V dc. Esta palabra única en el NT, Ke-jarito-mene (κεχαριτωµενη), está compuesta por : κε (ke), prefijo de χαριτοω (jaritoo) que significa que la palabra está en tiempo perfecto e indica un estado presente, producto de una acción completada en el pasado (=has sido); χαριτοω (jaritoo) significa "gracia" (=colmada, favorecida de gratuidad, de gracia, de la donación de Dios Mismo); y µενη (mene) es una partícula que hace de esto un participio pasivo. "Pasivo" significa que la acción es realizada en el sujeto (en nuestro caso la Virgen María) por otra persona (en nuestro caso Dios). Resumiendo, la palabra κεχαριτωµενη de María es un participio pasivo de χαριτοω (jaritoo) y nos dice que María está llena de gracia por voluntad de Dios. Casi siempre el participio pasivo indica el estado o califica la cosa o sobre la cual cae la acción del verbo. El participio Pasivo expresa la acción anterior a la del verbo de la oración y sus terminaciones son -ada e –ida, en este caso.
En consecuencia, me atrevo a decir entonces que, las traducciones posibles serían: has sido colmadamente favorecida de la gratuidad; o has sido colmadamente favorecida de gracia; o has sido colmada de la donación de Dios.

Respecto a dónde en la biblia aparece la palabra sin-mancha, hemos de buscar en Efesios 1,4 donde aparece la palabra αµωµους (amomus) =sin culpa, sin mancha, referida a lo que quiere Dios para todos nosotros. En latín la palabra “inmaculada”, traduce ese mismo significado: sin-culpa o sin-mancha, y ese hecho está ya presente desde la fecundación de María. Este dogma implícito en la Biblia indica que si María ha sido colmada de la donación de Dios Mismo (Gracia o favor de Dios), lo ha sido desde su raíz, es decir, desde su concepción o fecundación. Uno no comienza a llenar una jarra vacía desde la mitad cuando le está echando el agua, sino que naturalmente comienza desde el fondo... Este precioso dogma mariano no es un invento y fundamenta los otros tres dogmas marianos.

Efesios 1,4 nos revela que el Proyecto de Dios para con nosotros es que somos sin-mancha en la medida que nos donamos al otro y vencemos nuestra conveniencia propia y egoísta, para no sólo existir para nosotros mismos. La justicia de Dios es ajustarnos a su proyecto, y eso se trata de alcanzar la consciencia de que justamente porque nada somos ni estamos autofundados, es que Dios nos puede llenar Consigo Mismo. Nuestra búsqueda de conveniencia propia pretende llenar nuestra infinita insatisfacción y no permite que Dios nos llene. Con María tomamos consciencia de que estamos llamados como Ella a dejar que Dios nos llene con su Gracia. ¿Cómo lograrlo? Sabiéndonos esclavos del Señor o del Amo que amamos, y no pasar la vida exigiendo nuestros derechos, para así vivir a la vez el Magnificat que, implica defender el derecho de los otros. Con ello transformamos la sociedad y podemos ser un egresado de la Humanidad.

El dogma de la Inmaculada Concepción de María hoy es una invitación constante a desarrollar lo que Dios vio que era bueno cuando nos llamó a la existencia, es vivir como si no tuviésemos derechos para así experimentarlo todo como un regalo que queremos agradecer. Y empeñarnos al mismo tiempo en defender y luchar por los derechos de los otros. Vivir así es ser una navidad para nuestros más próximos, pues nuestra vida testimonia que no todo es por nada y que podemos esforzarnos gracias a la Gracia, para que renazca la esperanza en nosotros mismos y en los demás.