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Primero va la DONACIÓN de Dios, su Gracia, su Gratuidad. Por ello, va primero la Cruz alta. La cruz con el Crucificado no es el fruto del amor, sino hasta donde puede llegar el amor gratuito de Dios. No nos salva la muerte del crucificado, sino su Donación a pesar de su muerte y a través de su muerte.

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La promesa de Dios de Estar no es a nuestro nivel. No es estar cuando conviene estar, sino radicalmente Estar. Se abaja al nivel de Dios para estar, para ser eucarístico y santísimo. Dios está al nivel de Dios, no en la medida de lo posible, sino de lo imposible. Dios es el Posibilitador de todas las posibilidades posibles. La muerte de Cristo, Hijo de Dios, realiza una posibilidad de Dios: la de morir y la de sufrir.

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Esta reflexión teológica es mi humilde regalo para ti que te quiero mucho. En Navidad aprendemos que las cosas imposibles se dan en las pequeñas cosas, en grandes detalles cotidianos... ¿cómo es posible que el que nutre toda criatura pueda ser amamantado? ¿cómo pueden sus bracitos estar envueltos en pañales, cuando su brazo gobierna el cielo y la tierra? Dios se abaja, se torna humano. No tuvo miedo a la materia, no dudó en asumir la condición humana, a veces trágica, y en muchos aspectos, absurda. Dios no asumió una humanidad abstracta de animal racional, sino que desde el primer momento de su concepción asumió un ser histórico y verificable: Jesús de Nazaret, un judío por raza y por religión, que se formó en el reducido espacio de un vientre materno; que creció en el reducido espacio de una patria insignificante; que maduró en el reducido espacio de una minúscula y remota aldea; que trabajó en un medio limitado y muy poco culto; que sintió la opresión de las fuerzas de ocupación de su país; que conoció el hambre, la sed, la soledad, las lágrimas por la muerte del amigo, la alegría de la amistad, la tristeza, el temor, las tentaciones y el horror a la muerte; y que sufrió el pavor del abandono de Dios. Todo esto lo asumió Dios en Jesucristo. Nada de esto se le ahorró. Asumió todo lo que es auténticamente humano y pertenece a nuestra condición, como la justa ira y la sana alegría, la fiesta, la bondad y la dureza, la amistad y el conflicto, la vida y la muerte. La Navidad nos muestra de lo que Dios es capaz. Él puede hacerse realmente otro, un ser humano como nosotros, sin dejar de ser Dios.

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Poco se dice en los evangelios de María, pero lo que se dice de ella basta para saber lo que significa. De la historiografía de María no sabemos casi nada. Pero de una cosa estamos seguros, Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal y que de seguro su consciencia fue extendiéndose grandemente hasta comprender en verdad quien era su Hijo. ¿Qué es una madre? La que toca la consciencia, la que nos justifica o excusa, la que nos prepara para el camino y la que no quiere que suframos. Eso fue María con Jesús. Históricamente no fue una Señora de una hacienda ni una Reina de un reino, sino que fue una Madre.

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Estas son cuatro oraciones que he compuesto, para que otros las hagan por nosotros cuando muramos. Se trata de que otra persona lo haga por nosotros, si no morimos lúcidos o estamos impedidos. Que alguien sea nuestra voz cuando no podemos ya expresar nuestra consciencia. Además, para acompañar y dejar en paz a alguien que está en su lecho de muerte. También para quien sentimos está en el estado intermedio o purificatorio, sin paz aún en su consciencia o cuerpo-espiritual (1 Cor. 15, 44).

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¿Cuál sería el criterio de Jesús para elegir a un presidente? ¿Elegiría a un buen demócrata cristiano progresista o a un fiel católico conservador, benefactor de obras de caridad y de fundaciones eclesiales?

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Hace un tiempo, cierta conmoción causó la declaración del sacerdote jesuita y astrónomo, director de la Specola, o del Observatorio Astronómico del Vaticano, el Padre José Gabriel Funes sj., cuando aseguró que no hay problema en creer en Dios y en los extraterrestres. Efectivamente, es posible admitir la vida extraterrestre desde los mismos fundamentos esenciales de la teología cristiana.

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De niño escuché en los sermones y retiros, no sólo católicos, sino también protestantes, acerca de la cruenta entrega de Jesús en la Cruz por amor a nosotros. Y muchas veces me quedé con la impresión de que el Padre Dios necesitaba un charco de sangre de su propio Hijo para salvarnos. Pero había algo que me espantaba aún más y nunca nadie me dio una respuesta algo satisfactoria y convincente, respecto al hecho del abandono de Jesús en la Cruz y el pavor que se siente cuando uno sabe lo que él dijo estando clavado a un madero: “Dios mío, Dios mío por qué me haz abandonado”(cfr. Mc. 15, 34; Mt. 26, 46).

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La contingencia es lo que no podemos controlar, por dos razones: la naturaleza y la libertad de los otros y eso hace de la vida un vaivén hasta que nos muramos. Por ello, el cristianismo para mi, no es una respuesta, ni filosofía, ni religión, sino una relación con una Persona : Jesús de Nazaret, quien es la base del cristianismo original, no las posteriores interpretaciones y predicaciones. Y aunque se podrá decir que los textos originales han sido trastocados, aún si así fuera, guardan una enorme carga de sentido y novedad en todo, en cómo llegaron a nosotros y los conocemos hoy (los evangelios). Creemos que el Único Dios, que es TriUnidad ( no existe sin la Relación) se reveló en ese Jesús de Nazaret, quien en su última semana, la histórica, la comprobable, fue pura contingencia: puro vaivén...lo recibieron triunfante, tuvo ira y echó a los mercaderes del templo, fue enjuiciado, condenado, ejecutado, resucitado, etc...todo en una semana de puro vaivén. Es decir, Dios no se impuso, se expuso, se encarnó en la contingencia de la vida, no le hizo el quite. El Dios real (no tu idea de Dios), por tanto, es realista, no nos salva de la contingencia, sino EN la contingencia y para ello se encarnó y se dejó afectar por ella, pues, sabe que nuestro gran problema es mantener la fe en medio de la contingencia o vaivén o marejada de la vida. Ella es tan rotunda que no existe en ningún idioma humano la palabra incontingencia.

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Por ecosistema se entiende un sistema dinámico relativamente autónomo formado por una comunidad natural y su medio ambiente físico. Es un término acuñado en 1935 por el ecólogo vegetal sir Arthur George Tansley para realzar el concepto de que cada ecosistema es un todo integrado. Muchos ecosistemas no expuestos a la acción humana parecen estables e invariables, en un estado de “equilibrio natural”. Pero en la actualidad es evidente que casi todos estos cambios a largo plazo no son ni regulares ni predecibles. El ser humano ha comprimido en unos pocos siglos cambios significativos. Todavía desconocemos el funcionamiento de la mayor parte de los ecosistemas. Controlar el cambio de los ecosistemas puede ser para la humanidad el reto más importante durante el presente milenio. Será necesario encontrar soluciones a todas las escalas, desde la local hasta la mundial, incidiendo en todos los estratos sociales, desde la clase política, hasta los niños y estudiantes, promoviendo programas de educación ambiental en escuelas y centros educativos. La religión y la Fe no pueden sustraerse a ello. Pero en la mayoría de la jerarquía católica hay una "ausencia pastoral", para animar a la gente hacia una sociedad benevolente con la naturaleza.

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La evolución de la percepción de lo divino, comenzó en la creación-evolutiva- humana con los ritos funerarios practicados por los homo-neanderthalis, luego da paso al atribuir causas divinas a fenómenos naturales, para después evolucionar hacia el totemismo y al culto de los antepasados; posteriormente aparece el politeísmo y luego el henoteísmo (un dios más poderoso que todo el resto de los dioses), hasta evolucionar al monoteísmo bíblico, entendiendo la divinidad como un solo Dios en una sola Persona. También los filósofos griegos concluyeron que el Eterno tiene sentido de ser en sí mismo y es insustituible y que es ilógico pensar en la existencia de dos eternos, pues, uno ya lo abarca todo. Mucho después Pitágoras graficaría el concepto de unidad en el número “1”.

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