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Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Le secret de Marthe Robin” escrito por el P. Jacques Ravanel" palabras que, con ayuda de Dios y del diccionario, hemos procurado traducir.

Para ser feliz

“Para ser feliz, hace falta, a menudo, más simplicidad y más renuncia” (“Ce que Marthe leur a dit”, p. 87).

Digamos, para empezar, que la felicidad puede ser, o no, alcanzada pero, en verdad, es un anhelo que tiene todo ser humano que no tenga algún tipo de problema espiritual o por el estilo.

Queremos decir que a cualquiera que se le pregunte dirá que quiere ser feliz. Sabemos, sin embargo, que tal concepto se coge, demasiadas veces, como el rábano por las hojas y se pretende, más que nada, el placer y el satisfacer el gusto propio. Y, entonces, más que felicidad, lo que se alcanza es mero gozo momentáneo.

La felicidad, por tanto, espiritual es a la que debemos mirar de cerca a los ojos. Y la Venerable Marta Robin sabe mucho de la misma.

Sin duda alguna que muchas veces nos equivocamos al respecto de la forma de alcanzar la verdadera felicidad que no es, como podemos imaginar, la que supone la acumulación de bienes y, ni siquiera, la satisfacción del estómago y demás realidades materiales. No. La felicidad sólo podemos entenderla con la mayor unión con Dios, nuestro Señor y Creador.

Nuestra Venerable no se equivoca. Es decir, seguramente por experiencia propia sabe que para ser feliz, como ella misma dice, basta, en realidad, con poco pero tal poco es, muchas veces, difícil de alcanzar o, siquiera, de poner en práctica.

“A menudo”. Ella nos dice que hace falta actuar de una forma determinada y que no es algo anecdótico sino, al contrario, algo que debemos tomarnos más en serio. Vamos, que debe ser nuestro comportamiento habitual, ordinario, si es que queremos, de verdad, ser felices como Dios quiere que lo seamos.

En realidad, queda dicho con toda claridad que es necesario. Es decir, que actuar como nos dice Marta Robin es absolutamente fundamental y no algo que se puede rechazar buscando otro camino para ser feliz. No. Eso no es posible. Y no lo es por lo que supone lo que ella dice.

Debemos ser simples; debemos renunciar.

Decir eso no es cosa baladí sino, al contrario, de la mayor importancia. Y veamos qué significa eso.

Para ser felices debemos no ser, en exceso, complicados. Ya dijo Cristo que debíamos ser sencillos como palomas y eso ha de querer decir que debemos ser humildes. Y tal humildad ha de mirar, sin duda ha de mirar, hacia Dios sabiendo lo que somos y reconociendo que lo que somos es poca cosa ante nuestro Creador. Y así, siendo sencillos, veremos que el mundo es, en exceso, complicado y que por eso nos sobra tanto del mismo...

Pero también debemos renunciar a todo aquello que nos sobra y que nos ata al mundo, al suelo, sin dejarnos mirar hacia arriba, hacia el Todopoderoso que sí, que nos mira con Amor y que quiere, de nosotros, un ser así.

Sabemos que Cristo dijo que para seguirle había que dejar todo atrás. No quería decir, por supuesto, que olvidáramos sin más a nuestra familia, algo así como si nunca hubiese existido sino que comprendiésemos que seguir al Enviado de Dios, de verdad y sin mentiras o tibiezas, suponía poner en primer lugar al Creador y, luego, a nuestro prójimo. Y eso suponía renunciar a mucho que, hasta entonces, habíamos tenido como lo bueno y mejor.

Vemos, por tanto, que no es imposible ser feliz y serlo como Dios que lo seamos. Ahora bien, lo que resulta más difícil es decidir, de verdad, si eso es lo que queremos.

Y Marta Robin, ella sí, bien que lo sabía.