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Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Le secret de Marthe Robin” escrito por el P. Jacques Ravanel" palabras que, con ayuda de Dios y del diccionario, hemos procurado traducir.

Saber de Dios en la tribulación

“Cuando repaso mi vida de sufrimiento al lado de las pruebas sin número, veo por todos lados las gracias infinitas que Dios me ha hecho por puro amor y me ha hecho muchas. A medida que la tierra y las cosas de la tierra se convertían en sombra, la gran luz de Dios se elevaba” (Cuaderno 4, p. 11).

Seguramente, sólo aquellos creyentes católicos que, sufriendo, son capaces de darse cuenta de lo que es importante en tales momentos de sufrimiento, nos pueden mostrar el camino que lleva a Dios estando en Dios.

La Venerable Marta Robin, que tanto sufrió físicamente a lo largo de su vida, comprendió perfectamente lo que sólo los que aceptan el sufrimiento con un sentido sobrenatural son capaces de comprender. Y, además, eso nos sirve más que bien a los que no alcanzamos un nivel tan elevado de espiritualidad.

Ella no olvida. Queremos decir que sabe que ha sufrido mucho hasta entonces (y lo que tendrá que sufrir en lo sucesivo). Eso, sin embargo, no la hace sentirse mal en un sentido, digamos, general o espiritual sino, justamente, al contrario: siente que debe dar gracias a Dios...

No todos, por supuesto, somos capaces de alcanzar tal grado de sentido profundo del amor hacia el Padre. Pero ella sí puede... y lo hace.

Seguramente pasó muchas pruebas. Ella misma lo dice y es lo que le sirve para lo que va después y que tiene que ver con Dios, su Padre y el nuestro.

Ella reconoce el amor de Dios en todo aquello que, hasta entonces, le había pasado y que a muchos los habría hundido en la más profunda fosa. Pero ella tenía una ayuda más que grande y que no era otra que la de Dios mismo. Apoyándose en el Señor pudo obviar tanto sufrimiento, tantos malos momentos, tantas noches oscuras.

Sabe Marta Robin que Dios la ha agraciado, valga la casi redundancia, con multitud de gracias. Y ella las ha aprovechado todo lo que ha podido no sólo en beneficio suyo sino, sobre todo, en el del prójimo que, en vida de la Venerable francesa, hicieron buen uso de las mismas. Y, luego, tras su muerte y su estar en el Cielo, nos aprovechan a los que hemos conocido su vida, su sufrimiento, su gozo.

El caso es que Dios, que ama a todos sus hijos (somos semejanza suya y eso se nota) hacía lo propio con Marta Robin. Y lo hacía, como dice ella, por puro amor o, lo que es lo mismo, de forma perfecta y completa. Y eso le daba los ánimos espirituales suficientes como para soportar lo que era, casi, insoportable en lo físico.

Podemos ver que Marta Robin sabía que había bueno y que había malo y que eso era lo común en toda, en cualquier vida de los hijos de Dios. Sabía, por tanto, que lo malo, visto con esperanza, acababa siendo bueno por muy malo que fuera. Y es que tener a Dios al lado y pudiendo apoyarse en el Creador, ella no iba a temer a nada ni a nadie (también podemos imaginar que tuvo detractores en vida...) y, en efecto, eso fue lo que hizo, para ejemplo de todos los que la conocieron y los que ahora hacemos lo propio.

Por tanto, frente a la oscuridad, frente a la tiniebla, siempre estaba Dios que, como Luz, iluminar aquellos campos oscuros por los que podía caminar nuestra Venerable.

Y es que, sin duda, no haya nada mejor que saber de Dios en los momentos de tribulación. Y eso bien que lo muestra Marta Robin, sufriente pero gozosa.