Ideas sueltas para mis vecinos y un par de mis queridos obispos

Mi distrito es muy pequeño, quizá cinco mil habitantes pero, además, es de los más pobres del país. La pobreza no se palpa tan facilmente porque es el campo y aquí, parece todo marchar bien, pero no es así; ya desde antes del virus, habría gente pasando necesidad. El virus nada más ha complicado las cosas y obligado a muchos a esperar ayuda del gobierno. Mucho me temo que si no hacemos un esfuerzo para que estas personas no dependan del Estado, la situación será mas grave.

La intervención de Mons. Luis Arguello, vocero de la CEE, viene muy al pelo a la situación presente y oportunísima para el Día del Trabajo.

A continuación algunas de las ideas que vengo dando a mis vecinos y a un par de obispos que, por gracia de Dios, me escuchan.

No sé cómo será que terminarán distribuyendo los alimentos y, aunque asumo que lo harán bien, ninguno debería quedarse esperando ya que, como lo he venido diciendo, las cosas no mejorarán pronto por lo que, es necesario que se comprenda que la vida debe continuar y que el esfuerzo debe duplicarse para no caer en un punto de pobreza del que no podamos salir por nuestros medios. Analicen con cuidado quienes siguen trabajando para que observen que si es posible continuar generando ingresos.
Un ejemplo de superación lo he conocido de manera muy cercana y es el de cinco hermanas que quedaron embarazadas muy jóvenes pero que se ayudaban una a la otra para seguir estudiando o ir a trabajar.
Este mismo ejemplo lo pueden seguir no sólo hermanas sino mujeres de una misma familia, primas, sobrinas, etc. o las mujeres de un mismo vecindario.
Que todos estemos bajo tanta presión hay que entenderlo como el camino que hemos de seguir para cambiar radicalmente la mentalidad que nos trajo al deplorable estado en el que estamos.
En el tiempo de mi abuelita y de mi mamá la gente era mucho más pobre pero se ayudaban entre ellos según la posibilidad de cada uno; por ejemplo, las señoras con mayores recursos recogían chiquitas de sus parientes o de sus vecinos y las criaban.
Llegaban señoras a vender tortillas a la casa, los panaderos vendían casa por casa sus productos, las personas intercambiaban trabajo por plato de comida. La gente no tenía para desperdiciar y entonces les alcanzaba más lo que tenían. Muchos no temían trabajar en el campo o haciendo pequeñas labores de todo tipo.
En ese tiempo no había tanta ayuda del gobierno y por eso las personas eran más independientes y, aunque tuvieran pocos recursos, vivían con mucha dignidad porque debían esforzarse para obtener lo necesario.
Esa es la dignidad que debemos recuperar porque, aparentemente, la hemos perdido
Y es que, póngase a ver; qué de bueno puede tener lo que se obtenga si no es por el trabajo?La ayuda del gobierno no es la tabla de salvación sino el trabajo.
Si el gobierno o la municipalidad no aprovechan esta situación para ayudar a los pobres a vivir de forma independiente, lo que están generando es una carga extra para el Estado que a ninguno beneficia.Nosotros mismos hemos de exigir que se administre el país de manera que podamos vivir del trabajo en lugar de la ayuda del gobierno.
Conozco familias que no son pobres pero que ya cambiaron su estilo de vida, por ejemplo, cancelaron el cable y el internet, contrataron al ICE teléfono fijo y solo el papa y la mamá conservan celular; además, se propusieron distruirse las labores del hogar, Empezaron a comprar en otros establecimientos y a los productores o emprendedores.
Sin TV ni celulares les queda mucho tiempo para estar en familia y conversar, para rezar los que rezan y para generar ideas para producir, entretenerse y divertirse.
Ese tipo de cambios son los que esta nueva situación exige.
Quien pretenda seguir dando prioridad al consumismo, al egoísmo o al ocio, está cavando su propia fosa.
Monseñor, buenos días:
Mi distrito es de los más pobres del país pero existen muchos emprendedores
Tengo como tres párrocos de estar sugiriendo que utilicen un local comercial que nunca alquilan para crear ahí un mercado para esos ellos.
Lo he pensado por tanto tiempo que ya tengo bastante clara la idea de lo que se puede o no se puede hacer ahí.
Yo se que muchas parroquias podrían tener ese tipo de locales por lo que, vendrían bien, ir pensando poner en práctica la doctrina social de la iglesia desde ahí.
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El realismo que aprendí de Mons. Luigi Giussani rinde frutos y es que, sin realismo no es posible la razonabilidad ¿o, será más bien al contrario?. Ser razonable y ser realista es de de lo que encuentro más apegado a vida cristiana que conozco ya que es el ejemplo dejado por los discípulos y aprendido de mano de Nuestro Señor Jesucristo. De parte nuestra no deberá faltar la oración ya que no faltará la intervención directa del Espíritu Santo. Esa fue la promesa. Lo recuerdan?

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