Hoy no sé de qué escribir

Jorge González Guadalix

 

¿Y entonces por qué lo haces? Pues por varias razones:

Son muchos años con el blog y muchos lectores, así que hay un primer punto de compromiso y fidelidad con la gente que me lee y que me consta que me echan de menos cuando no escribo algo en unos días. Escribo aunque solo sea para decir que estoy aquí, que sigo adelante, que andamos con las cosas de la semana santa y que me siento un poco cansado, aunque tampoco sepa muy bien por qué.

Podría escribir de muchas cosas, temas tengo en el tintero para rellenar no digo cuartillas, sino folios y más folios. Tampoco sé si tendría sentido o si sería de utilidad lo que pudiera decir. Por otra parte, me doy cuenta de que no soy tan libre como me pudiera creer.

Uno aprende a vivir con las cosas de su día a día, y bastante es. Con la visita de unos amigos a los que voy a ver mucho, porque, casualidades de la vida, su madre ha venido a una residencia muy cercana. Agradecido a las “Marías de los sagrarios” por sus aportaciones a la parroquia de Gascones, en estos momentos la más en precario, que acaba de recibir una magnífica capa pluvial y un paño de hombros a juego para la adoración al Santísimo Sacramento. Uno vive dando gracias a Dios por la primera boda en estos pueblos en el año y medio que llevo aquí, por la visita de los amigos, por la disponibilidad de la gente.

Las cosas grandes de la iglesia, los proyectos extraordinarios, las noticias de la archidiócesis de Madrid, y no digamos las del Vaticano, aunque las sigo, y me alegran o me duelen, depende, me pillan lejos.

Me preguntan algunos lectores por el documento final del sínodo de los jóvenes. Estoy en ello, aunque sin demasiadas esperanzas, creo que estamos en una noria que pierde cangilones. Me pasan las propuestas de Cáritas de cara a las próximas elecciones. Otro cangilón que se desprende.

Momento de pensar en los próximos días y de hacerlo desde esta pequeñez cada día más plena de vida y de fuerza, no porque seamos más, que no lo somos, no porque inventemos mucho, que está todo inventado, sino porque en lo pequeño de cada día está la grandeza de Dios. Es lo que más predico y en lo que más insisto a tiempo y a destiempo: estamos en el momento de cuidar lo pequeño, de la fidelidad en lo poco, de la esperanza en el Reino que se va construyendo desde su granito de mostaza.

Correos, guasapes y teléfono me sugieren que hable de cosas. Hoy no me apetece. Debe ser que es lunes y que el mismo tiempo, nivoso ayer y lluvioso hoy, llama a la paz de la chimenea, la serenidad de un buen libro, el calor de Socio y sentir así la serena y callada presencia de Dios que todo lo llena.

Y si andas con pocas ganas de escribir, ¿por qué lo haces? Porque los amigos me lo agradecen, porque me sirve personalmente y porque si no escribo no me leen, y si no me leen las parroquias se pierden muchas avemarías. Y eso sí que no.

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