Fátima: ¿Fue realizada la consagración de Rusia? Estado de la cuestión (2-4)

Devaluación del mensaje de Fátima
Recién en 1941 se conocieron las dos primeras partes del secreto, por lo que la vidente fue acusada de hacer profecías post eventum, en particular la cumplida en la noche del 25 de enero 1938 con el extraño enrojecimiento del cielo en casi todo el hemisferio norte. En febrero 1946, interrogada por el R. P. H. Jongen sobre por qué no habría revelado antes lo que se supo tardíamente, Lucía le contestó, que en ningún interrogatorio pasado (los canónicos de 1922 y 1924 y otros previos) se le pidió que hablara del tema[1]. Lo primero que se conoció fue el requerimiento de la comunión reparadora de los cinco sábados en 1925 y luego el pedido de consagración de Rusia de 1929, ambos comunicados de inmediato a Mons. da Silva, pero no tenidos en cuenta para el reconocimiento oficial de la aparición. Después de la III y IV Memoria a fines del ’41 es cuando sor Lucía recibió de su diocesano la orden de redactar la tercera parte del secreto, lo que hizo en enero de 1944.

No es a ella a la que hay que imputarle la responsabilidad de una divulgación demorada sino a la comisión encuestadora y al obispo de Leiría. Sin embargo, tuvo también gran influencia la crítica destructiva -que aun persiste en ciertos ambientes- del P. Ernesto Dhanis, jesuita belga profesor de Lovaina y corredactor del Catecismo Holandés[2], quien en 1944 publicó en la revista Streven de Amberes dos artículos en flamenco, reunidos en un libro en 1945[3].

Rechazando consultar los documentos y archivos oficiales de Fátima, adoptó el cuestionable el “método histórico-crítico” del teólogo protestante R. Bultmann, aplicado abusivamente al Evangelio, la Entmythisierung o desmitologización. Así, el jesuita dividió arbitrariamente los hechos en Fátima I, desde 1917 hasta circa 1940, reconociendo la aparición como auténtica con ciertas restricciones, por ejemplo algunas relativas al milagro del sol, y Fátima II, donde en contradicción con las Memorias, incluye infundadamente el mensaje (que en realidad fue recibido el 13 de julio de 1917) y las revelaciones complementarias, para él mero producto de una “fabulación inconciente” y de una “imaginación asociativa y amplificadora”[4].

Dhanis arguye que Lucía, a quien no quiso entrevistar personalmente, habría guardado “un inconcebible, sospechoso e inexplicable silencio” de 1917 hasta 1941. Ignorando la gradualidad de la pedagogia divina y juzgándola como fabuladora (testis unus, testis nullus), cuestiona las apariciones del Ángel, la revelación del Corazón Inmaculado, la profecia de la II Guerra, la visión del infierno, para él “exageradamente medieval” (sic), y especialmente “el inconcebible remedio propuesto”, “pedido impolítico y antiecuménico”: la consagración de Rusia.

Los PP. Fonseca y Veloso, ambos de la Compañía, refutaron en la revista Brotéria (1951 y 1953) punto por punto la obra de su cofrade. También el ya citado P. H. Jongen, montfortiano holandés, después de examinar a Sor Lucía en 1946, rebatió puntualmente en la revista Mediatrice et Reine[5] las aseveraciones del jesuíta belga que, sin embargo, no se retractó y parece que así murió en 1978, después de ejercer el rectorado de la Gregoriana desde 1963, nombrado por el Papa Paulo VI. Su influencia post mortem fue tan grande que en la explicación oficial que acompaña a la visión revelada como tercera parte del secreto, redactada por los cardenales Sodano y Ratzinger y el arzobispo Bertone, la única fuente de autoridad alegada es la obra de Dhanis. Esto último dicho y escrito oficialmente después de las sucesivas consagraciones incompletas de Pío XII y de Juan Pablo II.

La insistencia del Cielo
Vamos ahora al proceso, todavia inconcluso de dicho pedido Maternal[6].

A partir de la teofanía de Tuy, el P. Antonio Gonçalves, superior de la Compañía de Jesús en Portugal, se instaló en Roma, pero el Papa nada hizo, tal vez porque sus criterios políticos prácticos no coincidiesen por entonces con los celestiales. Pío XI estaba empeñado desde 1922 en un acercamiento a la URSS, fracasado en sus varias gestiones, entre otras causas, por las infiltraciones soviéticas en varios dicasterios[7]. Pasaron varios años hasta la encíclica Divini Redemptoris, del 19 de marzo 1937, en la que declaró que el comunismo es “intrínsecamente perverso” y “no se puede admitir que colaboren con él, en ningún terreno, quienes deseen salvar la civilización cristiana”. Con idéntica solicitud y evitando equívocos, cuatro días antes había redactado Mit brennender Sorge, la condena del nazismo.

El 13 de mayo de 1931 los obispos lusitanos consagraron Portugal al Corazón Inmaculado de María, y en agosto del mismo año, en Rianjo, Nuestro Señor le confía a Sor Lucía:

“Haced saber además a mis ministros que, habiendo escogido seguir el ejemplo del Rey de Francia en retardar la ejecución de cuanto yo tengo expresamente pedido, ellos lo seguirán también en la aflicción y en el castigo. Pero será muy tarde para recurrir a Jesús y a María (…)

“Como el Rey de Francia no han querido escuchar mi pedido! Se arrepentirán y harán aquello que Yo he pedido, pero será demasiado tarde: Rusia ya habrá esparcido todos sus errores provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. El Santo Padre tendrá mucho que sufrir”[8].

Poco después, cuando ya “habían intentos de hacer más fácil la súplica al Santo Padre modificando la condición de consagración de Rusia y que ésta fuera en unión con todos los obispos”[9], Sor Lucía escribió a su confesor, el Padre Gonçalves, diciéndole que “Nuestro Señor estaba disgustado porque no se cumplían sus deseos”, y desautorizando toda posibilidad de modificación en la demanda al reafirmar que “pienso que cada cosa debe hacerse como Nuestro Señor pidió”[10].

El 18 de mayo de 1936 vuelve a escribirle en respuesta a su pregunta: “¿Debo insistir aun en la consagración de Rusia?” Ella contestó: “¿Qué si es conveniente insistir? No sé… Interiormente he hablado al Señor de este asunto. Y hace poco le preguntaba por qué no convertía a Rusia sin que Su Santidad hiciese esta consagración”. Nuestro Señor le manifestó:

“Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esta consagración como un triunfo del Corazón Inmaculado de María, y así pueda extenderse en el mundo la devoción a mi Divino Corazón en unión al Corazón Inmaculado de María (…) Ruega mucho por el Santo Padre. Él hará la consagración reclamada, ¡pero será demasiado tarde! Igualmente, el Corazón Inmaculado de María salvará a Rusia que le ha estado confiada”[11].

Finalmente, a fines de marzo de 1937, Mons. Da Silva le escribe a Pío XI diciéndole que:

“Esta religiosa me pide que comunique a V.S. que según revelación celestial el Buen Dios promete poner fin a la persecución si el V.S. se digna hacer y mandar que hagan igualmente todos los Obispos del mundo católico un solemne y público Acto de reparación y Consagración de Rusia a los Santísimos Corazones de Jesús y de María, y prometa aprobar y recomendar la practica de la devoción reparadora”[12].

Este pedido, en el que el obispo introduce la consagración a ambos Santísimos Corazones en la demanda, se confundiría luego con otro más general, en que el Episcopado Portugués, al renovar en 1938 la consagración del país al Corazón Inmaculado de María, le suplica al Santo Padre que “también el orbe entero sea consagrado al mismo Purísimo Corazón”[13].

Las consagraciones de Pío XII
Junto con Pío XI, también el Cardenal Pacelli, su Secretario de Estado, fue oportunamente notificado al punto que, en 1938, el futuro Pío XII hizo esta sorprendente declaración sobre el Mensaje de Fátima:

“Me preocupan los mensajes de la Santísima Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esa persistencia de María sobre los peligros que amenazan a la Iglesia es un aviso del Cielo contra el suicidio que significa alterar la Fe, en Su liturgia, en Su teología y en Su alma (…) Oigo a mi alrededor innovadores que desean desmantelar el Santuario, apagar la llama universal de la Iglesia, rechazar Sus ornamentos y hacer que sienta remordimientos por Su pasado histórico. Vendrá un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la iglesia dudará como San Pedro dudó. Estará tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo no es más que un símbolo, una filosofía como tantas otras y en las iglesias los cristianos buscarán en vano la lamparilla donde Dios los espera y como María Magdalena, gritarán ante la tumba vacía: ¿Dónde lo han puesto?” [14]

Ya reinando Pío XII, y ante la persistente demora del acto consagratorio requerido, sor Lucía le escribe otra carta al P. Gonçalves el 21 de enero de 1940:

“Me da pena que, a pesar de la moción del Espiritu Santo, se haya dejado pasar así. También Nuestro Señor se queja de esto. Por este acto Él habría aplacado su justicia y perdonado al mundo el azote de la guerra que Rusia va promoviendo en España y en todas las naciones… De no mediar la realización de este acto por el que nos sería concedida la paz, la guerra solo terminará cuando la sangre derramada por los mártires sea suficiente para aplacar la justicia divina”[15].

El 24 de abril le refiere que Nuestro Señor “se disgusta (…) por nuestra dejadez y negligencia en atender a sus peticiones”, y el 15 de julio le manifiesta:

“En cuanto a la consagración de Rusia, no se hizo en el mes de mayo como usted esperaba; se hará, pero no ahora. Dios lo permitió así para castigar al mundo por sus crímenes. Bien lo merecemos. Después atenderá a nuestras pobres oraciones. Tengo muchísima pena de que no se haya hecho. Mientras tanto, ¡se van perdiendo tantas almas! Es Dios quien permite todo. Sin embargo, ¡tiene al mismo tiempo tanta pena de no ser atendido! Si no me equivoco, está en la misma disposición de conceder la gracia prometida. ¡Ojalá se atendiesen Sus deseos!”[16]

El 22 de octubre 1940, habiendo recibido del obispo de Gurza la orden de escribirle al Papa para pedirle “una consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María con mención de Rusia”[17], fórmula no indicada por la Virgen Santísima[18], Nuestro Señor le confía en Tuy a Sor Lucía:

“Ruega por el Santo Padre: sacrifícate para que su Corazón no sucumba a la amargura que lo oprime. La tribulación continuará en aumento, Yo castigaré a las Naciones con la guerra y la escasez, la persecución contra Mi Iglesia recaerá particularmente sobre mi Vicario en la Tierra. El Santo Padre podrá obtener que estos días de tribulaciones sean acortados si quisiera obedecer a mi deseo de consagrarme al Corazón Inmaculado de María el Mundo entero con mención especial de Rusia…“[19]

Es de notar que el Señor promete, por la concesión de esta fórmula alternativa (consagración del mundo con mención de Rusia), ya no la conversión de esta nación ni el anunciado tiempo de paz, sino solo el acortamiento de las tribulaciones[20]. Así, dos días más terde, el 24 de octubre de 1940, cuando en virtud de la santa obediencia, Sor Lucía le escribe a Pío XII para comunicarle las dos partes iniciales del secreto y las apariciones en Pontevedra y Tuy, le dice claramente:

“Santísimo Padre: (…) en 1929, Nuestra Señora, por medio de otra aparición, me dijo: ‘el momento ha llegado en que Dios pide al Santo Padre hacer, en unión con todos los obispos del mundo la Consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, y Él promete salvarla por este medio’. Tiempo después di cuenta de esto a mi confesor, quien tomó sus recaudos para ponerlo en conocimiento de S.S. Pío XI, y finalmente en conocimiento de Vuestra Santidad, por medio de Su Excelencia el obispo de Macao, en junio de este año de 1940 (…) Santísimo Padre, nuestro Buen Dios, en el curso de muchas comunicaciones íntimas, no ha cesado de insistir en este pedido, y ha prometido finalmente que si Vuestra Santidad se dignase consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de María, con una mención especial de Rusia, Él abreviaría los días de las tribulaciones por las cuales ha decidido castigar al mundo por sus crímenes, a través de la guerra, del hambre y de la persecución contra la Iglesia y contra Vuestra Santidad”

Esta carta, sin embargo, no será jamás entregada al Santo Padre[21], sino en su nueva versión del 2 de diciembre de 1940, corregida y abreviada según el modelo dado por el obispo de Leiría, Mons. da Silva, movido por “el loable deseo de facilitar una consagración que se presentaba como muy difícil de obtener de parte de la Santa Sede”[22]. En esta el obispo no solo colocaba en estilo indirecto las palabras textuales de Nuesta Señora, sino que también “se permitió invertir” las condiciones requeridas para cada acto, “omitiendo la necesaria unión de los obispos al Papa en el pedido de la consagración de Rusia, y agregándola en el pedido de la consagración del mundo”[23], que según la comunicación del 22 de octubre concernía solo al Santo Padre. Además, le suprimió la conclusión, “el anuncio incondicional del triunfo final del Corazón Inmaculado de María, que es la perla preciosa del Secreto de Fátima y la fuente maravillosa de una inconfundible esperanza”[24]. El Papa debió esperar dos años más para enterarse de esto.

Por otra parte, en ambas versiones, se lee:

“Santísimo Padre: (…) en atención a la Consagración del País al Inmaculado Corazón de María, celebrada por los Excmos. prelados portugueses, Nuestro Señor promete una protección especial a nuestra Patria durante esta guerra; y que esa protección será la prueba de las gracias que concedería a las demás naciones, si, como Portugal, también se Le hubiesen consagrado”[25].

Recordémonos que ‘consagrar’ significa dedicar y poner aparte una persona, un lugar o una cosa para un propósito santo. La Consagración de Rusia significa que esta nación es distinguida y puesta aparte del resto del mundo y que será dedicada al servicio del Inmaculado Corazón de María. Por eso es necesario especificar y distinguir Rusia del resto del mundo, es decir, nombrar a Rusia en la Oración de Consagración[26].

Tal vez haya influido en estos cambios el hecho de que, en 1935, en Balasar[27], diócesis de Braga, Nuestro Señor se apareció a la ahora beata Alexandrina da Costa con una demanda de emergencia: consagrar el mundo al Corazón Inmaculado de Su Santísima Madre, con la promesa de la abreviación de la guerra, pero no de la conversión de Rusia. Su director espiritual, el P. Pinho, S.J. no solo comunicó el pedido a Roma[28], sino que predicó el retiro anual de los obispos portugueses en junio de 1938[29].

Frère Michel de la Sainte Trinité explica que, desde junio de 1941, Pío XII sufrió fuertes presiones de Roosvelt por medio del embajador H. Tittman, para que no hubiese ninguna declaración que pudiera ser interpretada como favorable al Eje por su lucha contra la URSS, ya que muchos obispos y católicos norteamericanos eran neutralistas y se negaban a apoyar a Stalin. El Papa era acosado de afuera y de adentro. Su mejor consejero, Mons. Tardini, le advertía sobre el peligro bolchevique. Los Mons. Maglione y Montini eran sensibles a una entente. En 1942 salieron impresos por el Vaticano dos libros, de los PP. da Fonseca y Moresco, y así por primera vez se conoció el secreto de Fátima, pero censurado, mutilado y deformado, con omisión de la consagración de Rusia y de la expansión de sus errores, amén de incluir un pedido de “consagración del mundo” (y no de Rusia), que daría lugar a una cierta política de complacencia con los aliados, una Ostpolitik.

Por su parte sor Lucía, ajena a toda corrección política, le escribe otra vez al P. Gonçalves el 20 de junio de 1941, justo en las vísperas de la invasión alemana que dejaría sin efecto el inestable pacto germano-soviético: “¡Qué no daría yo para que Su Santidad se decida a dar el paso! Por este acto de consagración de Rusia arrancaría posiblemente al Corazón de Jesús, por la mediación del Corazón Inmaculado de María, la paz para un mundo tan atormentado. Sin embargo, debemos esperar aun un poco más ¡Paciencia!”[30].

A comienzos de marzo del 1942, sor Lucía se siente impulsada interiormente a escribirle nuevamente al Papa. Como su director, el obispo de Gurza, la desaconsejase en razón de que no habría nada nuevo para decirle, ella -en carta inédita hasta septiembre de 1984-, le escribe así al obispo:

“Con el permiso de mis superiores, tengo la costumbre de permanecer en la capilla hasta la medianoche, de jueves a viernes. En estas horas de mayor intimidad y más prolongada con Él, le imploro con mayor insistencia, la paz para el pobre mundo (…) Durante esta noche del 5 de marzo de 1942, me ha parecido que Nuestro Señor me hacía sentir más vivamente que Él rehusaba acordar la paz, a causa de los crímenes que continúan provocando Su justicia, y también porque porque no han obedecido a Sus pedidos, de manera particular con respecto a la consagración, aunque Él había movido en ese sentido el corazón del Sumo Pontífice a cumplirlo“[31].

De hecho, el 31 de octubre de 1942, el Papa Pío XII, hablando por radio, consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María en ceremonia pública con los obispos convocados, pero de Rusia ni una palabra, a pesar del pedido del Episcopado portugués de mencionarla explícitamente[32]. La misma carencia se observa en la repetición de la ceremonia, el 8 de diciembre, en un contexto internacional sumamente complicado[33].

Por su parte, sor Lucía escribió el 4 de mayo de 1943 al P. Gonçalves: “El Señor ha agradecido la consagración del Mundo de octubre de 1942 al Corazón Inmaculado de María, aunque fue incompleta según Su pedido; promete igualmente poner rápido fin a la guerra. La conversión de Rusia en cambio no ocurrirá por ahora”[34]. También al P. Aparicio, en marzo de 1945, le dice por carta “que era preciso intensificar mucho la oración y el sacrificio por la conversión de Rusia a ver si, a pesar de que no se ha hecho la conversión de esta nación como Nuestra Señora pedía, conseguimos su vuelta a Dios”[35].

Al año siguiente, en otra carta al P. Aparicio, la religiosa le confía las restricciones que por entonces ya experientaba en relación al mensaje: “…no he respondido a los otros, lo que me da mucha pena por tratarse de la conversión de Rusia, pero no lo pude hacer, porque ahora, más que nunca, tengo órdenes muy severas sobre la correspondencia y visitas. No me extraña. Las obras de Dios son siempre perseguidas. Solo tengo pena que el demonio se haya servido para eso de un padre de la Compañía…”[36].

El P. Jongen, que la interpeló en febrero de 1946, no deja lugar a dudas: “Lucía piensa siempre que el Papa no ha satisfecho la petición de la Santísima Virgen, reclamando una consagración especial de Rusia. En este caso se debería admitir que estamos actualmente en el período descripto en el secreto por estas palabras: ‘Si no atienden a mis deseos, Rusia propagará sus errores, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia’”[37].

William Thomas Walsh (1891-1949), renombrado historiador estadounidense, entrevistó el 15 de julio de 1946 a la vidente. En su obra Our Lady of Fatima refiere que “Lucía dijo claramente que Nuestra Señora no pidió la consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón. Lo que Ella pidió específicamente fue la consagración de Rusia (…) Ella dijo más de una vez, y con deliberado énfasis: ‘lo que Nuestra Señora quiere es que el Papa y todos los obispos del mundo consagren Rusia a Su Inmaculado Corazón en un día especial. Si esto se hace, Ella convertirá a Rusia y habrá paz. Si esto no se hace, los errores de Rusia se propagarán a todos los países del mundo’”. Cuando el entrevistador le pregunta “¿Significa esto, en su opinión, que todos los países sin excepción, serán subjugados por el comunismo?”, ella responde “Sí”. Además, Lucía deja bien claro que lo que Pío XII hizo implícitamente (“la consagración de Rusia incluyéndola en la consagración mundial”), no lo hizo “en la forma indicada por Nuestra Señora”[38].

En diálogo con el Padre Thomas McGlynn, fraile dominico de Nueva York, quien le mencionó que Nuestra Señora habría dicho: “Vendré a pedir la consagración del mundo…”, Lucía lo paró y le dijo: ¡“No”! ¡“No el Mundo! ¡Rusia, Rusia”! Nuestra Señora pidió que el Santo Padre consagrase a Rusia a Su Inmaculado Corazón y que mandase a todos los obispos hacerla en unión con él al mismo tiempo”[39].

El hecho fue ratificado en mayo de 1952 en una revelación de Nuestra Señora a Sor Lucía, relatada en una publicación auspiciada por el episcopado italiano, Il Pellegrinaggio delle Meraviglie:

“Haz saber al Santo Padre que siempre estoy esperando la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón. Sin esa Consagración, Rusia no podrá convertirse, ni el mundo tendrá paz”[40].

Los católicos rusos exilados, viendo que la situación de su país no mejoraba, se apersonaron a sor Lucía y ésta les explicó lo ocurrido. Encabezados por Irene Posnoff pidieron audiencia con Pío XII. Recibidos por Mons. Montini, éste les puso condiciones: conseguir 100.000 firmas en un año para ir con el pedido al Papa. Parecía muy difícil de alcanzar, pero lo lograron; Pío XII hizo una nueva consagración en 1952 con mención de Rusia, en su carta apostólica Sacro Vergente Anno, aunque no la realizó en ceremonia pública, ni con todos los obispos del mundo, ni recomendando la devoción de los cinco sábados. Ese mismo verano sor Lucía escribía: “Estoy dolorida porque la consagración de Rusia no ha sido hecha aun como la Santísima Virgen la había pedido”[41].

Por otra parte, la expresión “conversión de Rusia” tiene un significado bien preciso, como escribió en 1976 el Padre Joaquín María Alonso, el perito de Fátima quizás más destacado del siglo XX, que entrevistó frecuentemente a la vidente: “…podríamos decir que Lucía ha pensado siempre que la ‘conversión’ de Rusia no se entiende solo de un retorno de los pueblos de Rusia a la religión cristiano ortodoxa, rechazando el ateísmo marxista de los soviets, sino que se refiere pura y llanamente a la conversión total e integral de un retorno a la única y verdadera Iglesia, la católico-romana”[42]. Nuestra Señora quiere que la conversión admita su Inmaculada Concepción, ya que, pese a que es un pueblo tan devoto Suyo, la jerarquia ortodoxa se ha opuesto desde 1854 a dicho dogma, así como desde su ruptura ha rechazado el primado papal[43].

Ni Juan XXIII, ni Paulo VI, que leyeron el secreto, hicieron consagración alguna, pese a que durante el Concilio 510 obispos de 78 países, incluido Mons. Wojtyla[44], firmaron una petición al Papa pidiéndola. El Cardenal Slipyi le presentó a Pablo VI más de 2 millones de peticiones para la Consagración Colegial de Rusia[45]. En su brevísimo pontificado Juan Pablo I no pudo hacerla, aunque habría manifestado el deseo de realizarla[46]. Tampoco la hizo Benedicto XVI ni, hasta hoy, el Papa Francisco[47], quien dejó pasar dos oportunidades: el 13 de octubre de 2013, cuando hizo llevar a Roma la imagen de la Capelinha, y el 13 de mayo de 2017, al canonizar a Francisco y Jacinta en la misma Fátima.

Por su parte, la institución de la fiesta del Inmaculado Corazón de María, un antiguo anhelo de sor Lucía, fue establecida en 1944 por el papa Pío XII para la Iglesia universal en la octava de la Asunción, es decir, el 22 de agosto. Al finalizar el Concilio fue reducida a una simple memoria facultativa, trasladada al sábado siguiente a la solemnidad del Sagrado Corazón, pero a fuerza de pedidos pasó a memoria obligatoria y en 2012 se la restauró para la Iglesia entera.

CONTINUARÁ

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