Fallece Roger Scruton, el hombre que señaló los enemigos de occidente

Fallece a los 75 años el filósofo Roger Scruton. Tenía un pecado original imperdonable a los ojos de la cultura dominante: era un pensador independiente, un outsider. Señaló a los enemigos de Occidente: el islamismo y el relativismo. Y como antídoto propuso redescubrir nuestra religión. Fue el primero en ver los daños que causa el pensamiento único y la destrucción de la familia, despertando a la cultura occidental de su autodestructivo letargo.

Filósofo, escritor, asesor gubernamental, abogado, novelista, periodista, compositor, incluso experto en vinos. Es casi imposible enumerar todo lo que ha sido Roger Scruton (1944 –2020), el gran pensador conservador fallecido ayer a los 75 años. Basta esto para darse cuenta del inmenso perfil de un hombre que ha marcado profundamente la cultura de los últimos decenios; ciertamente, la ha marcado mucho más de cuanto han explicado, o explicarán nunca, los medios de comunicación.

Sí, Scruton tenía un pecado original imperdonable a los ojos de la cultura dominante: era un pensador independiente, un outsider. No sólo. Este hombre nacido en ámbito rural, en Lincolnshire, hijo de un maestro, supo afirmarse como pensador de primer nivel demostrando que se puede ser brillante y ser una voz independiente, ser cultísimo y, a la vez, libre del conformismo académico. Entre sus muchos méritos está el de haber indicado, sin rodeos de ningún tipo, cuáles son los enemigos actuales de Occidente: el islamismo y el relativismo.

En referencia al último, hay que recordar que el filósofo inglés supo resumir magníficamente, a veces con salidas fulminantes, casi chestertonianas, las paradojas del relativismo. Como cuando afirmó: «Si alguien te dice que no hay verdades, o que la verdad es relativa, te está pidiendo que no le creas. Entonces, no le creas».

En el Manifesto dei conservatori se atrevió a indicar que el antídoto al relativismo y a la idea de que no existen puntos firmes es, justamente, la fe religiosa. «Redescubrir nuestra religión», escribió «no es liberarse del orden temporal. Al contrario, significa entrar de manera más profunda en la historia, para encontrar en lo que es puramente transitorio la marca y el signo de lo que no acaba nunca». Hay que reconocerle a Scruton el mérito de haber sabido denunciar el alcance subversivo del pensamiento único.

Admirables por su claridad, por ejemplo, fueron sus palabras sobre la lucha en acto en detrimento de la familia: «Se denuncia a la familia como fuente de opresión, o como una institución patriarcal dedicada a someter a las mujeres. La guerra intelectual a la familia es un producto de la última parte del siglo XX. La familia se ha convertido en una institución subversiva, en guerra con la cultura patrocinada por el Estado». A propósito de la guerra cultural contra la familia, el pensador inglés supo reconocer, él que era anglicano, el papel clave de la Iglesia católica: «Hay que reconocer el hecho de que la Iglesia católica se niega a propiciar la auto indulgencia contemporánea».

Se disgustó mucho por la renuncia del papa Benedicto XVI, que interpretó como una señal preocupante no sólo para la Iglesia. «Se ha coaccionado al catolicismo», dijo. «Lo que Juan Pablo II llamaba ‘odio de uno mismo’, yo lo llamo ‘cultura del repudio’». Aun no siendo católico, supo observar de cerca -y con extraordinaria agudeza- lo que sucedía en la Iglesia, cuyo papel de guía moral observaba con un respeto que no es nada habitual.

En resumen, lo que hay que subrayar -y seguramente se puede intuir por este artículo- es que Scruton no fue en absoluto un conservador por el gusto de serlo, o porque lo quiso deliberadamente. Al contrario. Él llegó a su posición después de haber visto en primera persona los efectos perjudiciales de la larga ola del 68 en Europa y en Occidente. Y en toda su obra, formada por libros, conferencias y valientes tomas de posición, lo que buscaba era despertar a la cultura occidental de su autodestructivo letargo, invitándola a redescubrir la belleza de los valores que él apreció hasta el último momento, a pesar del cáncer que, en pocos meses, se lo ha llevado. En uno de sus últimos artículos escribió: «sólo acercándote a la muerte empiezas a comprender qué significa la vida y qué significa la gratitud».

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