España: la eutanasia «va contra la profesión médica, mejoremos los cuidados paliativos»

El presidente de la Organización Médica Colegial de España, Serafín Romero, lo repite cada vez que le preguntan: España no necesita eutanasia, que es una práctica anti-médica que repugna al 70% de los médicos o más y consiste, básicamente, en matar al enfermo.

Lo que España necesita -y así lo reivindican desde hace 20 años la OMC y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal)- es una mejora clara en cuidados paliativos, en recursos y en normativas.

“La eutanasia no es un problema médico, es más, va totalmente en contra del ser médico porque éste no es nuestro deber. El Código de Deontología Médica deja claro que «el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste» y la Asociación Médica Mundial (AMM), integrada por 106 asociaciones de todo el mundo, que representa a más de nueve millones de médicos, en su última declaración al respecto considera que «el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética”.

Así lo afirmaba Romero en un artículo de junio en La Razón.

Ahora, en octubre de 2018, lo repite en Diario Médico: “La eutanasia va en contra de la profesión médica”. Una encuesta de 2010 entre los médicos y sanitarios españoles señalaba que más del 70% se oponían a legalizar esta práctica. Según ha avanzado Romero, dentro de un mes, en una reunión de representantes de los colegios médicos, se va a plantear de nuevo esta encuesta para actualizar los datos.

Romero denuncia que “casi 70.000” muertes al año en España se producen “faltos de cuidados paliativos y a veces están muriendo con dolor o con otros síntomas refractarios sin una buena atención”. Eso es lo que se necesita potenciar y legislar, los cuidados paliativos, y no la eutanasia, que consiste en matar a los enfermos.

Wilson Astudillo, pionero de los cuidados paliativos en España y fundador de Paliativos Sin Fronteras señala los avances en este campo… y lo mucho que aún se debería hacer.

En esa línea se pronuncia también Wilson Astudillo, médico de Familia y coautor del volumen de mil páginas ‘Cuidados del Enfermo en el Final de la Vida y Atención a su Familia’, un pionero de la investigación en cuidados paliativos. La primera edición de su libro apareció en 1995, fue el segundo que se editaba en español sobre cuidados paliativos.

Astudillo se enamoró de los cuidados paliativos, explica, en 1981, “cuando hice una rotación por los servicios del dolor en un hospital de Inglaterra”. “En 1994 creamos la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos”, señala. Le ayudaron su hermano Edgar, neurocirujano del Hospital Universitario de Donosti, y su esposa Carmen Mendieta, también médico.

En la nueva edición de su libro, la sexta, “han colaborado 78 especialistas, con el prólogo de Robert Twycross, médico pionero en el desarrollo de los paliativos en Inglaterra”.

Explica Astudillo en Diario Médico que “Madrid o Cataluña han mejorado mucho en dar una buena atención en paliativos, mientras otras comunidades se han quedado muy atrás. Además, en el ámbito pediátrico queda un largo camino por hacer. Solo hay seis unidades de esta atención en toda España, con autonomías sin ninguna atención paliativa en pediatría”.

Entre las mejoras, señala que “ahora, por ejemplo, ya no se tiene en cuenta el límite temporal para hablar de atención paliativa y se ha avanzado mucho en paliar el dolor”.

El libro, además, dedica un espacio importante a la espiritualidad. “Hay gente a la que la religión le hace mucho bien, le permite sobrellevar mejor la enfermedad y la muerte de las personas cercanas. Es un tema muy necesario”, constata tras muchos años acompañando en el morir. A las personas sin fe recomienda “ayudarles a tener fe en la vida, en el legado que han dejado. Las personas que encuentran que su vida ha sido positiva aceptan mejor morir”.

Pide “desarrollar el derecho a una vida digna en situaciones de enfermedad irreversible o discapacidad muy avanzada mediante un acceso rápido a los mejores cuidados paliativos, estando aceptada ya la sedación como lex artis en el tratamiento de los síntomas y del sufrimiento refractario”.

También él calcula que son unos 75.000 los pacientes que hoy en España “necesitan cuidados paliativos avanzados y no los reciben”. Y en otros países también se necesita mejorar mucho: “en 2009 creamos Paliativos sin Fronteras para desarrollar la cooperación internacional. Tenemos 200 socios y la mitad son sanitarios”.

Este año, Castilla y León han anunciado que va a crear la categoría profesional de “médico de Cuidados Paliativos”. Antes lo anunció Andalucía. A Rafael Mota, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal, www.secpal.com) le parece muy bien y pide que todas las comunidades autónomas hagan lo mismo. Es un ejemplo de lo que falta por mejorar en este campo.

La realidad es que hoy los expertos en cuidados paliativos en España se han formado “de manera autónoma, con pocos o nulos apoyos institucionales, y ven con temor la posibilidad de que su trabajo no sea reconocido y de que cualquier profesional sin esa formación, dedicación y vocación pueda desplazarles de su puesto de trabajo”, denuncia Rafael Mota. “Las diferencias entre las comunidades son enormes, y hasta el momento los progresos de unas no parecen haber influido mucho en las que están más retrasadas“, señala Mota.

Cuidar y acompañar es parte de la atención integral del enfermo, incluso cuando no se puede curar; matar enfermos no es parte del arte médico.

En marzo, Xavier Gómez-Batiste, director de la Cátedra de Cuidados Paliativos de la Universidad de Vic, en el marco de una convención sobre esta disciplina en Asturias, recordaba que los cuidados paliativos no son solo para enfermos de cáncer, ni están limitados a los meses antes del fallecimiento del paciente. Desde su punto de vista se tarda demasiado en derivar el paciente a paliativos. Además, “está muy centrada en los dos últimos meses, cuando sabemos que muchos pacientes podrían beneficiarse de este tipo de atención durante dos o tres años”.

Hoy es posible detectar mejor y antes a los pacientes con un pronóstico de vida limitado. Eso permite remitir el paciente a una atención específica “que tenga en cuenta el control de los síntomas físicos pero también emocionales, es decir, a través de una evaluación multidimensional que contemple su dignidad, espiritualidad…”. Eso incluye también “componentes sociales como la pobreza o la soledad”.

Otro ámbito de mejora es la aplicación de los cuidados paliativos en Urgencias, anticipándose a las crisis de dolor y exarcerbación. Así lo pedían profesionales reunidos en junio en Toledo en el 30º congreso nacional de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (Semes).

Rosario Torres, urgencióloga del Hospital La Paz de Madrid y Marta Merlo, del Hospital de Getafe, hablaron del tema. Ambas han reconocido que, además de luchar contra los tabúes que aún rodean a los paliativos (que son sinónimos de muerte, por ejemplo), también juegan en contra de una mayor implicación de Urgencias la falta de tiempo, sobre todo para comunicarse con los pacientes y familiares, y la falta de formación en el tema.

Merlo ha recordado que los pacientes crónicos suelen acaban en Urgencias por exarcerbaciones de sus síntomas, buscando, sobre todo, alivio al dolor. “Si conocemos la trayectoria final de las enfermedades, podremos prevenir estos episodios y dar consejos de cómo adaptarse a la situación”, ha explicado Merlo, añadiendo que “habrá síntomas muy fáciles de identificar y de tratar, y otros no tanto, y ahí tendremos que aliviar al paciente utilizando la comunicación”. En su opinión, la solución farmacológica no es la principal.

Torres pidió que el acceso sea “integral, para todos los pacientes y a todas horas”, y que, sin necesidad de derivar a unidades específicas, los profesionales de Urgencias -que es un servicio donde es frecuente el fallecimiento de los pacientes- también pueden aplicar esta Medicina, “que al final está centrada en la persona y no en la enfermedad”.

Así, los médicos en España, los que trabajan con enfermos y con moribundos, lo que piden una y otra vez es mejorar el trabajo en cuidados paliativos, no la eutanasia.

¿Quién pide, entonces, la eutanasia? Básicamente, los políticos. ¿Y por qué razón? Como señala el anuncio de la asociación E-Cristians, sobre todo para ahorrar. Matar enfermos -e incluso sanos, si lo piden- es mucho más barato que cuidarlos y acompañarlos.

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