El órgano online del episcopado alemán llama a una ‘revolución’

Carlos Esteban / InfoVaticana

“Antes de que la Iglesia se convierta en una secta, es necesaria una revolución”, titula Björn Odendahl su artículo en el órgano de la Conferencia Episcopal Alemana en Internet, Katholisch.de.

La iglesia alemana se está reduciendo a ojos vista, alerta Odendahl en su revelador artículo, en el que empieza advirtiendo de los vacilantes e insuficientes pasos que ha dado la jerarquía frente al último escándalo de abusos clericales en el país y que, en opinión del autor, sería uno de los principales detonantes de una apostasía casi generalizada.

Odendahl achaca el abandono de la fe católica, no a la actitud modernista de una jerarquía que se arrojó hace décadas en brazos de las corrientes más cercanas al pensamiento secular, sino precisamente a todo lo contrario, es decir, a las ‘barreras’ que pone Roma a este avance.

“Se anuncia la Vía sinodal”, escribe Odendahl. “¿Una revolución? Quizás, pero 216,078 personas abandonan la iglesia. En 2019 intervienen, primero, el Papa Francisco, luego la Congregación de Obispos para poner barreras al Camino sinodal. Revolución aplazada. 272.771 personas se marchan. En 2020 llegó la crisis del coronavirus con pocas respuestas por parte de la Iglesia y un tira y afloja en torno a los casos de abusos en Colonia. Es probable que el número de apostasías vuelva a ser alto. Sin rastro de revolución”.

Y llegamos a la gota que hace rebosar el vaso de la paciencia de Odendahl y, por extensión, de la Iglesia alemana: el “no” a las bendiciones a parejas del mismo sexo. El autor contrapone dos caricaturas de su propia invención: una iglesia nacional que se rebela contra la decisión porque “piensa primero en las personas” y cuyos obispos, por tanto, no castigan a los sacerdotes que se han declarado en abierta rebeldía, y otra -la romana- “que se niega por completo a entablar un diálogo con el complejo mundo de hoy o se opone a él con creencias que parecen mantras”.

“La Pascua es la fiesta de la resurrección de Jesús, la victoria de la vida sobre la muerte”, concluye. “Es la mayor revolución de todas. Quizás este año también sea una llamada de atención para la Iglesia católica en Alemania”.

El análisis, además de ser una llamada poco disimulada al cisma abierto, resulta fácilmente desmontable. En primer lugar, una Iglesia convertida en un pequeño rebaño (secta no puede serlo por definición, por reducido que sea), un “resto fiel”, no es un mal absoluto, y desde luego es preferible a una iglesia que se aparte del Depósito de la Fe.

Pero esa reducción será aún más rápida si se completa el camino sinodal en la dirección que apunta que si se detuviese y volviese a la ortodoxia. Si Odendahl no lo cree así, tengo tres preguntas para él:

Si el modernismo es capaz de detener la sangría y devolver la salud a la iglesia alemana (y, suponemos, a la universal), ¿por qué no ha sucedido así, más bien al contrario, con la confesión luterana, que tan bien deben conocer y que ya ha completado esa carrera?

Segundo: ¿en qué momento empezó la gran sangría de católicos, en qué punto se inició el descenso en picado de la curva de pertenencia a la Iglesia, sino en un postconcilio caracterizado por su apertura y adaptación al siglo?

Y tercero: ¿qué órdenes, congregaciones y parroquias crecen más y cuáles pierden más feligreses, las modernistas o las que renuevan su compromiso con la tradición de la Iglesia?

No haré más preguntas, señoría.

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