«El Espíritu nos enseña todo, nos introduce en el misterio, nos hace recordar y discernir»

Introducción

Nos unimos hoy a los fieles de Termoli, en la fiesta del hallazgo del cuerpo de san Timoteo. En estos días mucha gente ha perdido su trabajo; no fueron contratados de nuevo, trabajaban en negro… Oremos por estos hermanos y hermanas nuestros que sufren esta falta de trabajo.

Homilía

El pasaje del Evangelio de hoy está [tomado de] la despedida de Jesús en la Cena (cf. Jn 14, 21-26). El Señor termina con estos versículos: «Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (vv. 25-26). Es la promesa del Espíritu Santo; el Espíritu Santo que habita en nosotros y que el Padre y el Hijo envían. “El Padre enviará mi nombre”, dijo Jesús, para acompañarnos en la vida. Y lo llaman Paráclito. Esta es la tarea del Espíritu Santo. En griego, el Paráclito es el que sostiene, el que acompaña para que no te caigas, te mantiene firme, está cerca de ti para sostenerte. Y el Señor nos ha prometido este apoyo, que es Dios como Él: es el Espíritu Santo. ¿Qué hace el Espíritu Santo en nosotros? El Señor nos lo dice: «os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (v. 26). Enseñar y recordar. Esta es la tarea del Espíritu Santo.

Nos enseña: nos enseña el misterio de la fe, nos enseña a entrar en el misterio, a entender el misterio un poco más. Nos enseña la doctrina de Jesús y nos enseña cómo desarrollar nuestra fe sin cometer errores, porque la doctrina crece, pero siempre en la misma dirección: crece en la comprensión. Y el Espíritu nos ayuda a crecer en la comprensión de la fe, a comprenderla más, a comprender lo que dice la fe. La fe no es estática; la doctrina no es estática: crece. Crece como crecen los árboles, siempre los mismos, pero más grandes, con fruta, pero siempre igual, en la misma dirección. Y el Espíritu Santo evita que la doctrina cometa errores, evita que permanezca parada, sin crecer en nosotros. Nos enseñará lo que Jesús nos ha enseñado, desarrollará en nosotros la comprensión de lo que Jesús nos ha enseñado, hará que la doctrina del Señor crezca en nosotros hasta la madurez.

Y otra cosa que dice Jesús que hace el Espíritu Santo es recordar: «Os recordará todo lo que yo os he dicho» (v. 26). El Espíritu Santo es como la memoria, nos despierta: “Acuérdate de eso, acuérdate de lo otro”… Nos mantiene despiertos, siempre despiertos en las cosas del Señor y también nos hace recordar nuestra vida: “Piensa en aquel momento, piensa en cuándo encontraste al Señor, piensa en cuándo lo dejaste”.

Una vez oí decir que una persona rezaba ante el Señor así: “Señor, soy el mismo que de niño, de joven, tenía estos sueños. Luego, seguí caminos equivocados. Ahora me has llamado”. Yo soy el mismo: esta es la memoria del Espíritu Santo en nuestra propia vida. Te lleva a la memoria de la salvación, a la memoria de lo que Jesús te ha enseñado, pero también a la memoria de tu propia vida. Y esto me ha hecho pensar —lo que dijo ese hombre— en una buena manera de orar, mirando al Señor: “Soy el mismo. He andando mucho, he cometido muchos errores, pero soy el mismo y tú me amas”. La memoria del camino de la vida.

Y el Espíritu Santo nos guía en esta memoria; nos guía para discernir, para discernir lo que tengo que hacer ahora, cuál es el camino correcto y cuál es el equivocado, también en las pequeñas decisiones. Si le pedimos la luz al Espíritu Santo, Él nos ayudará a discernir para tomar las decisiones correctas, las pequeñas de cada día y las más grandes. Es quien nos acompaña, nos apoya en el discernimiento.

Por lo tanto, el Espíritu que enseña: nos enseñará todo, es decir, hará crecer la fe, nos introducirá en el misterio; el Espíritu que nos recuerda: nos recuerda la fe, nos recuerda nuestra vida; es el Espíritu que en esta enseñanza y en este recuerdo nos enseña a discernir las decisiones que debemos tomar. Y los Evangelios le dan un nombre, al Espíritu Santo —sí, Paráclito, porque te sostiene, pero otro nombre más hermoso—: es el Don de Dios. El Espíritu es el Don de Dios. El Espíritu es realmente el Don. No os dejaré solos, os enviaré un Paráclito que os sostendrá y os ayudará a seguir adelante, a recordar, discernir y crecer. El don de Dios es el Espíritu Santo.

Que el Señor nos ayude a guardar este Don que nos dio en el Bautismo y que todos tenemos dentro.

Oración para recibir la Comunión espiritual

Las personas que no pueden recibir la comunión hacen ahora la comunión espiritual.

Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a ti. No permitas que jamás me aparte de ti.

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