El asesinato de Angelelli, en una carta inédita de su sucesor

Tercera y última parte de la investigación documental del Vatican Insider sobre Enrique Angelelli, obispo de La Rioja en Argentina, asesinado en 1976 y que será beatificado el 27 de abril de 2019. Una carta inédita demuestra que su sucesor, Bernardo Witte, sí creyó en la hipótesis del asesinato
Bernardo Witte tuvo la difícil tarea de tomar el lugar de Enrique Angelelli. Unos 10 meses después de la muerte del obispo de La Rioja, el 4 de agosto de 1976, su sucesor tomó las riendas de una diócesis todavía convulsionada por el abrupto final de su pastor. Rigió los destinos de la Iglesia riojana hasta 1992. Sobre la desaparición de su antecesor, Witte expresó contradicciones en diversos momentos de su ministerio. Aunque los detractores de Angelelli sostienen que él “jamás se sumó al coro de quienes pugnaban por instalar la tesis del asesinato”, una carta confidencial demuestra lo contrario. La presenta ahora en exclusiva el Vatican Insider.

La misiva comenzó haciendo referencia a un telegrama de número 291125 que Witte había mandado, el 29 de agosto anterior, a través de la “red presidencial” y del cual no había recibido respuesta. Luego manifiesta su voluntad de aportar, “en carácter de declaración prestada bajo juramento de ley”, algunos aspectos que él entendía de interés para la causa.

En el primer punto reportó que el sacerdote Arturo Aldo Pinto, único acompañante de Angelelli a bordo de la camioneta Fiat 125, aseguró que el vehículo del obispo “fue interceptado por otro de color claro”. Luego precisó que los sacerdotes Ángelo Puchetta y Sebastián Glassman le comunicaron haber encontrado, al día siguiente de producido el hecho investigado, pedazos de vidrio en el lugar del “autazo” referido por Pinto.

Más adelante establece que la intercepción y posterior vuelco fueron observados por un testigo, amigo de un fotógrafo de Villa Carlos Paz (Córdoba) de nombre Sergio Zechin y que esa información indirecta le fue aportada por una religiosa llamada María Ángela, en carta que adjuntó.

Pero, el dato más significativo lo aporta Witte inmediatamente después, cuando transmite el testimonio del camionero Hugo Álvarez, uno de los primeros en llegar al lugar del hecho poco después ocurrido. Este chofer le comunicó que, a su llegada, vio junto al cadáver de Angelelli a una persona desconocida y junto a la camioneta volcada a otras dos personas, también desconocidas. Álvarez atestiguó que, al llegar, vio el cadáver boca abajo, tanto que no tuvo oportunidad de reconocerlo en ese momento, al decidir no bajarse del camión y seguir su camino.

Por todos esos elementos, el obispo escribió en su carta que, según su conclusión, “el hecho investigado fue provocado intencionalmente resultando del mismo el homicidio de monseñor Enrique Ángel Angelelli”. Para sostener sus dichos ofreció, como otro aporte, varias deducciones. Precisó que los tres desconocidos vistos por Hugo Álvarez bien pudieron ser los ocupantes del vehículo blanco que fue visto “semi-oculto” en las cercanías del lugar de los hechos por el amigo de Sergio Zechin. Algo que coincide, siguió, con el vehículo de color claro del cual habló Arturo Aído Pinto al referirse al “autazo”.

“Dichos tres desconocidos pudieron haber manipulado el cadáver de Mons. Angelelli, dejándolo boca arriba como lo muestran las fotografías de pública difusión, ya que Hugo Álvarez lo vio boca abajo”, siguió. “En consecuencia, dichos tres desconocidos resultarían ser los responsables del homicidio de monseñor Enrique Ángel Angelelli”, abundó.

Bernardo Witte se despidió asegurando que quedaba a disposición de la Cámara para precisar y ampliar lo expuesto, “en la medida en que considere menester, solicitando se disponga declaración por escrito, conforme lo previsto en normativa procesal vigente”. Y firmando al calce.

Esa carta no fue la única postura del obispo riojano reconociendo la posibilidad del asesinato de su predecesor. El 31 de julio de 1986, ordenó la “Constitución de la Comisión Diocesana Investigadora para la causa de Monseñor Enrique Angelelli”. Al respecto precisó: “Luego de una minuciosa investigación, el Juez que entiende en la causa del trágico fallecimiento de mi venerado predecesor, Monseñor Enrique Angelelli, ha producido la primera constatación, que es de público conocimiento. […] Pienso que serenados los espíritus, ya es posible, a diez años de su fallecimiento, examinar todo ello con serenidad y, conforme las normas de la Iglesia lo establecen, comenzar la ‘Etapa de investigación’ acerca de su vida, obras, virtudes o martirio y fama de santidad o de martirio”.

Witte hacía referencia a la resolución del 19 de junio de 1986 dictada por el juez Aldo Fermín Morales, responsable del Juzgado Criminal y Correccional de Primera Instancia número 1 de La Rioja, el cual decidió calificar a la muerte del obispo como “homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado”.

Más tarde en el tiempo, Witte manifiesta un cierto cambio de opinión, y en esto parece tener una importancia fundamental un testimonio que recibe el 27 de septiembre de 1988 de manos de Raúl Antonio Nacuzzi, técnico electromecánico que es presentado como “el único testigo presencial del accidente” porque supuestamente, al momento del incidente, estaba subido a un poste de luz de alta tensión. El hombre afirmaba haber visto el auto de Angelelli volcarse solo, puesto que habría ido a una gran velocidad, por lo que se habría tratado de un accidente normal. Nacuzzi informó también sobre diferentes detalles en su testimonio, por lo que se le consideraba confiable y veraz.

Pero muchas sombras acompañan a este “súper testigo”. ¿La primera de ellas? Jamás prestó declaración ante la justicia, en ninguno de los diversos procesos abiertos por este caso. El Centro Tiempo Latinoamericano de Córdoba, institución querellante en el juicio que determinó que la muerte de Angelelli fue producto de un asesinato, descubrió algunos motivos detrás de estas zonas oscuras.

Entre otras cosas, identificó a la persona que le presentó Nacuzzi a Witte. En realidad, el testigo “privilegiado” no se presentó espontáneamente en las oficinas del obispado riojano. Este encuentro fue obra de Eduardo de Casas, miembro de inteligencia del Ejército Argentino. Además, según manifestó la segunda esposa en la audiencia del último juicio por el caso Angelelli (el 9 de mayo de 2014), él mantenía relaciones con los militares del Batallón de Ingenieros de la Rioja, concurría al mismo y era visitado en su casa, ocasiones en que la esposa debía retirarse de su vivienda.

“Este coronel De Casas, interventor de la policía federal de La Rioja, logró que el obispo Witte certificara una manifestación privada de Raúl Nacuzzi, la que fue depositada en la escribanía de la doctora Ilda de Rearte, quien cuando se produjo la segunda reapertura de la causa en 2006 la aportó al Juzgado Federal de La Rioja”, indicó un informe de Tiempo Latinoamericano.

El testimonio de Nacuzzi nunca tuvo impacto judicial hasta que -en 2006 y por diversas fuentes- se depositó ante el tribunal que entendía en la causa. Una de estas fuentes era nada menos que el fallecido general Jorge Rafael Videla, el ex presidente argentino y máximo responsable de las atrocidades cometidas durante la dictadura militar (1976-1983). Él aportó copias de 69 fojas, y confirmó que se las había proporcionado el propio coronel Eduardo de Casas.

Quienes pretenden cuestionar el asesinato de Angelelli, siempre sugirieron que Nacuzzi prestó su testimonio delante de Witte, pero los detalles sobre esto también son confusos. El texto certifica que lo manifestado en el documento “ha sido firmado en su presencia”, la del obispo, y “con total voluntad del declarante”. Además nunca aclara que el clérigo haya estado siempre presente durante la redacción de la declaración. Más bien parece lo contrario, porque varias hojas del mismo hablan de Witte en tercera persona y nunca como si estuviese presente en ese momento.

Aún más, el sucesor de Angelelli nunca comunicó a la justicia de la existencia de este testigo especial, como si lo hizo con otras informaciones, como lo prueba la carta aquí revelada con anterioridad. Tampoco adjuntó copia y podía haber mencionado algo, considerando su intercambio epistolar ya revelado con la Cámara Federal en lo Penal de Córdoba. A final de cuentas, Witte sólo avaló que la firma en el documento fuese colocada en su presencia, pero eso jamás tuvo “un inestimable valor procesal”, como afirmaron los críticos de la beatificación del mártir obispo de La Rioja, prevista para el 27 de abril de 2019.

En 2 de agosto del año 2006, el general de inteligencia del ejército argentino, Jorge Norberto Apa, envió copias del memorial Nacuzzi al entonces presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y cardenal arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio. Pero también al entonces arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, y al vicario castrense, Antonio Baseotto. Esto en coincidencia con la segunda reapertura de la causa en la justicia federal de La Rioja. Junto con la documentación brindada, Apa incluyó una advertencia de que la Iglesia se podría prestar a una “maniobra perversa” sobre la muerte de Angelelli, “que se está instrumentando como martirio”.

La respuesta de Bergoglio fue una. Dos días después de recibir ese paquete, en una misa recordatoria de la muerte del obispo, el 4 de agosto, el purpurado (hoy Papa) aseguró que el mártir “fue testigo de la fe derramando su sangre”. En tanto, Aguer y Baseotto se manifestaron públicamente, en estos días, contra la beatificación de Angelelli.

Desde sus tiempos de arzobispo, la convicción del Papa Francisco sobre Angelelli estaba más que clara. Pero no fue el único pontífice en ensalzar su figura. Así reconoció el Papa Pablo VI al obispo riojano el 22 de octubre de 1974: “Le debemos nuestra más sentida gratitud, –que le expresamos con gozo-, por la entrega dinámica con que vuestra excelencia se consagra al servicio de esa porción de la grey de Cristo… Nos sentimos ahora feliz de confirmarle nuestra paterna complacencia por su intensa y sacrificada actividad, sobre todo dirigida a favor de los más necesitados, sin ocultar nuestra honda pena por los obstáculos y amarguras que encuentra usted en el desempeño del ministerio episcopal… Condenamos las violencias y las difamaciones de que ha sido objeto su persona y su labor por mejorar los sectores más pobres del pueblo riojano y por la renovación conciliar en el ámbito de su comunidad eclesial…”.

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