Ejik pide examinar a fondo las acusaciones vertidas en el informe Viganò

Carlos Esteban / InfoVaticana

 

El cardenal holandés Willem Eijk, Arzobispo de Utrecht, cree necesario investigar “a fondo” las acusaciones vertidas en el Testimonio Viganò, dice en una entrevista concedida al italiano Il Giornale en la que examina la prfunda crisis que sufre la Iglesia.

 

Las alegaciones que hace el arzobispo Carlo Maria Viganò en su explosivo testimonio de este pasado verano “deben examinarse a fondo”, señala en una entrevista concedida a Il Giornale el cardenal holandés Willem Eijk, quien añade que eso es algo que han pedido ya muchos obispos. “Hay que aclarar el asunto a fondo, si la Iglesia quiere recuperar su credibilidad”, sostiene el arzobispo de Utrecht.

 

Eijk se ha destacado por ser uno de los primeros cardenales, fuera de los cuatro que firmaron las célebres Dubia, es pedir públicamente al Papa que aclarase la confusión que reina en torno al Capítulo VIII de la exhortación Amoris Laetitia.

 

También alarmó el pasado mayo a los fieles con una ambigua referencia al final de los tiempos, de los que podríamos estar ya próximos. “Viendo que los obispos y, sobre todo, el Sucesor de Pedro fracasan en su deber de mantener y transmitir fielmente y en unidad el depósito de la fe contenido en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, no puedo no pensar en el artículo 675 del Catecismo de la Iglesia Católica, “La última prueba de la Iglesia”.

 

En su reciente entrevista resulta menos apocalíptico en el lenguaje, pero no mucho más optimista, al menos sobre el futuro de la Iglesia en Europa. “Los futuros colaboradores de los sacerdotes en las parroquias serán sobre todo diáconos permanentes, catequistas y asistentes diaconales voluntarios”, señala el cardenal, vislumbrando la Iglesia del futuro inmediato en Europa.

 

“Las iglesias que queden serán centros de grandes parroquias regionales”. Pero lo que se pierda en número, cree Su Eminencia, se ganará en fervor. “Sin embargo, aunque la cantidad se siga reduciendo, su calidad está aumentando”. Por lo demás, “no olvidemos que la Iglesia ha conocido altibajos en su historia y que, al final, estamos en la manos de Dios”.

 

La descristianización acelerada de Europa tiene para Eijk como motivo principal “el individualismo que caracteriza a la sociedad moderna occidental. “La causa principal es el individualismo che caracteriza la sociedad moderna occidental. Con el aumento del bienestar, la gente se siente independiente. En la vida social, el cristianismo ya no está presente y se le ve con una hostilidad apenas disimulada o directamente manifiesta”.

 

En este contexto crítico, el cardinal alerta sobre una tentación, la de optar por una ‘protestantización’ de la Iglesia, como algunos han visto en los elogios dedicados por Su Santidad hacia Lutero en el aniversario de la mal llamada Reforma. “Es importante perseverar en la doctrina de la Iglesia que se nos ha transmitido. Sería un error optar por un modelo más protestante/anglicano; de hecho, la fuerza de la Iglesia es que su doctrina vale para todo el mundo. El diálogo con los protestantes no debe llevar a la Iglesia a volverse ella misma protestante”.

 

Uno de los aspectos más tristemente evidentes de esta crisis es el cierre de iglesias, que en muchos casos acaban vendiéndose, y la sequía de vocaciones, que lleva a una dramática escasez de sacerdotes. Sin embargo, Eijk no cree que la solución esté en la que, según numerosas fuentes, se explorará en el Sínodo de la Amazonía. “No creo que la solución venga de los sacerdotes casados”, señala. “Si se permitiese su existencia solo para determinados territorios, se produciría una situación de desigualdad en el seno de la Iglesia en un aspecto muy importante. Permitir algo así temporalmente tampoco es solución, porque una vez que se decide, se vuelve irrevocable. Sería el fin del celibato sacerdotal, una tradición espléndida y fructífera desde hace siglos en la Iglesia Católica. Por lo demás, en el caso de la ordenación de ‘viri probati’ faltaría la formación sacerdotal en un seminario”.

 

También en la actitud común de la jerarquía en el asunto hoy tan candente de la inmigración masiva, Eijk se muestra moderadamente disidente. Al tiempo que reconoce a menudo los países invocan las ‘raíces cristianas’ de su identidad como una coartada y utilizan para ello un lenguaje muy poco cristiano, empleando ese apelativo como escudo para impedir la entrada de los otros, también admite que el influjo masivo de inmigrantes “impone un gran peso a la sociedad.

 

Por otra parte, y en contraste con la postura cuasi oficial de la Curia y de buena parte de la jerarquía católica,  reconoce que el ‘populismo’ choca por definición con el catolicismo, señala que la ‘bestia negra’ de los obispos italianos, la Liga de Matteo Salvini “defiende con claridad una serie de valores y normas sobre la familia que coinciden con las que propone la Iglesia”.

 

“Puedo imaginar las preocupaciones de la población italiana”, sostiene, sumida en el caos por una enorme ola de inmigrantes procedentes de  Libia que se suma a un alto paro juvenil. “Además, hace falta recordar que también los inmigrantes tienen obligaciones con respecto al bien común del país en el que buscan asilo, y deben respetar valores universales como la inviolabilidad de la persona humana”.

 

“Es importante -concluye-, en lo que respecta a Europa, que sepamos acoger pero teniendo también en cuenta hasta qué punto puede hacerlo la sociedad”. De igual modo, aunque se muestra enormemente crítico con el nacionalismo y sus peligros, también elogia un tipo de nacionalismo que, al fomentar el orgullo de pertenencia a una nación y de su historia, “puede ayudar a redescubrir las raíces cristianas, entre las que están también el respeto del valor universal de la vida humana, del matrimonio, de la familia y el interés de los otros”.

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