Durante la pascua las iglesias de Alepo estuvieron abarrotadas de gente orando

En Alepo se viven momentos «cruciales y difíciles», porque la crisis económica, «causada principalmente por el embargo» vuelve «complicada» la vida cotidiana de cualquier ciudadano. Así lo asegura a AsiaNews el P. Ibrahim Alsabagh, de la parroquia latina de la ciudad más importante del norte de Siria.

Alepo fue el epicentro de la guerra que ha asolado Siria en los años pasados. «Por las calles de la ciudad -prosigue el sacerdote- se ven largas filas de autos que aguardan su turno en las estaciones de servicio, para cargar combustible. A veces la fila comienza a las 7 de la tarde, para llenar el tanque al día siguiente».

El P. Ibrahim subraya que la falta de petróleo es uno entre los muchos factores que han «empeorado» la calidad de vida de las personas. «Cada vez hay menos autos en las calles» -cuenta-, «para ir de un lugar a otro, la gente va a pie, Los precios de todos los productos alimenticios han aumentado», al igual que «la inflación». Y durante la noche, «continúa el ruido de los misiles, que caen en la parte oeste de la ciudad» [allí donde se alojan los barrios cristianos, ndr].

En los últimos días, las religiosas trapenses de Azeir y el arzobispo maronita de Damasco criticaron enérgicamente las sanciones estadounidenses y europeas contra Damasco, cuyo único resultado ha sido «poner de rodillas» a los sirios. Sin embargo, la población de Alepo tiene la voluntad de reaccionar frente a las dificultades, y la Semana Santa, que fue vivida con alegría y participación, «para sembrar esperanza en los corazones», como testimonia el padre Ibrahim, es la mejor prueba de ello.

«Hemos adornado la iglesia con mucha creatividad -recuerda-, y hemos estado atentos hasta en los mínimos detalles de la liturgia». Todo esto, agrega, ha sido para dejar «una gran serenidad en las almas y consolar a todos frente a la amargura y la desesperación». El sacerdote prosigue diciendo que durante las celebraciones, las iglesias estuvieron en todo momento «abarrotadas» de gente «silenciosa y orante, en una atmósfera llena de paz, a pesar de las numerosas preocupaciones».

Nacido en Damasco en 1971, el religioso muchas veces se ha abocado en primera persona en la defensa de las víctimas, tanto cristianas como musulmanas, de una guerra que ha provocado casi medio millón de muertos y más de siete millones de desplazados. En el período de preparación para la Pascua, el sacerdote ha lanzado una iniciativa benéfica orientada a sostener a las familias en dificultades: una lata de aceite de oliva para todas las familias de la ciudad, como signo tangible de caridad y misericordia.

En las celebraciones de las últimas semanas, la comunidad cristiana de Alepo ha colaborado con una serie de iniciativas de caridad dirigidas fundamentalmente a las familias más pobres. «Si bien cuesta no caer en la desesperación -afirma el P. Ibrahim- […] seguimos nuestro camino con paso firme y confiado, pensando en el futuro con paz y serenidad», a pesar del «sonido de tambores de guerra».

Haciendo un recorrido por las celebraciones, eventos y encuentros que han caracterizado los días de la Pascua, «lo que más me ha conmovido, más allá de todo, es la mirada de muchos padres y madres, la mirada de los enfermos, de muchos jóvenes y ancianos que han podido contar con la ayuda de la Iglesia». Una pequeña contribución frente a un mar de necesidad, que va «desde una caja de alimentos a las necesidades de atención sanitaria». «En sus ojos, vi un destello particular», como queriendo decir: «Gracias a ustedes, tenemos alegría en el corazón y logramos festejar la Resurrección. Gracias por la caridad que hemos visto en ustedes».

«El hecho de estar todavía con vida, aquí, en Alepo, confirma la resurrección», subraya el padre Ibrahim. «Transcurrir en paz las fiestas de Pascua, a pesar de las dificultades […], seguir teniendo algo para comer y beber -concluye el sacerdote-, esto es una prueba de la resurrección; […] ser amados, que piensen en nosotros, ser ayudados por ustedes: para nosotros, esto es una confirmación de que Jesús ha resucitado».

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