¿Dónde se esconden los intelectuales cristianos?

Fuente: InfoVaticana

Miguel Ángel Quintana Paz, profesor de Ética y Filosofía en la Universidad Europea Miguel de Cervantes, ha escrito un artículo en El Subjetivo en el que se hace eco de otro escrito publicado hace unos días en El Mundo por el filósofo Diego S. Garrocho.

Garrocho se preguntaba dónde están los cristianos. Sostenía que en nuestros debates públicos, nuestras redes sociales, nuestras tertulias políticas y discusiones intelectuales, apenas cabe oír voces cristianas que muestren, verbigracia, escribe Quintana Paz.

Resulta revelador del estado de nuestra opinión pública, escribe, “que las principales críticas que tal texto ha recibido hayan procedido… de los propios cristianos”.

Estos se han sentido “ofendiditos” con el planteamiento del artículo de Garrocho. “Han negado la mayor. No, ¡no es cierto que no haya autores cristianos produciendo pensamientos valiosos! En Twitter se han ocupado y todo de detallarle listas de notables”, escribe Quintana Paz.

Pero señala que lo que Garrocho denuncia en su artículo no es que no existan cristianos sino que se pregunta dónde están. “Pues, desde luego, no son nombres que resuenen en nuestros diálogos públicos”, escribe.

“Ante esta evidencia, los críticos con el artículo que estamos comentando contra atacan: “Oh, cierto, pero ¡no es culpa nuestra, cristianos, si no estamos presentes en el mainstream! ¡Es culpa de quienes controlan este! Si nos excluyen, nos silencian, o si simplemente no se nos escucha, ¿qué responsabilidad nos puede caber?”, se pregunta.

Según el profesor, “cabría ver ese lamento como razonable si procediera de algún grupo marginal, pongamos a los mormones o a los adventistas del Séptimo Día. O a los jugadores de bádminton”.

“Pero ¿de verdad pueden miembros de la Iglesia católica quejarse de que «otros» les acallan? ¿No tiene tal iglesia hoy en España una red de colegios, de universidades, una cadena de radio, una de televisión, editoriales, asociaciones, organizaciones, institutos, congregaciones, edificios, museos… suficientes como para no depender de si «otros» te otorguen o no la palabra? ¿De veras se están empleando estos enormes recursos del modo óptimo que permitiría ir bien pertrechados a la guerra intelectual?”, se pregunta Quintana Paz en su escrito.

“Mi impresión es la contraria”, responde. “Todos esos talentos se están dilapidando de forma difícilmente perdonable”, afirma el profesor. “¿A qué me refiero cuando hablo de derroche de los recursos con que sí cuenta la Iglesia católica, pero que no se ven reflejados en su impacto intelectual?”, se pregunta. “Empecemos hablando de los medios de comunicación de la Conferencia Episcopal: una de las cadenas radiofónicas más escuchadas del país, Cope, y una televisión con cierta presencia también, Trece TV”, escribe.

“Acudo a la parrilla general de esta cadena: ¿qué espacio se presta a debates intelectuales de empaque donde escuchar la voz cristiana?”, se pregunta Quintana Paz hablando de la COPE, la radio de la Iglesia en España.

Después pasa a hablar de la televisión de la Iglesia, Trece TV, que “ha decidido, por razones misteriosas, que repetir películas del Oeste antiguas constituye una excelente introducción al pensamiento cristiano actual. Pero no acierto a captar por qué”.

“¿Por qué no inundar su parrilla de programas que expliquen el inmenso legado artístico, literario, musical del cristianismo? ¿Por qué no explicar, en formato audiovisual, las ideas de Ratzinger, Brague, Girard?”, se pregunta Quintana Paz citando intelectuales referidos al comienzo del artículo. Confiesa no saber si serían lucrativos pero “lo que es seguro es que esas emisiones resultarían lucrativas en lo intelectual”.

Después se refiere a la educación. “¿Salen preparados en el legado cristiano los jóvenes que pasan hasta 10, 12, 15 años en colegios católicos? ¿Conocen al dedillo (¡diez años dan para mucho!) los relatos bíblicos, las metáforas de los evangelios, los personajes del Antiguo Testamento? ¿Saben responder si se les pregunta por las virtudes teologales o, al menos, las cardinales? Mi experiencia, como profesor de Ética, es en este sentido decepcionante”, reconoce Quintana Paz. “Una y otra vez he de preguntarme, pues, ¿qué han hecho día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año en esos centros educativos?”, se pregunta.

Quintana Paz termina hablando de las universidades, “en este caso las católicas”. “Son 16 en total, más dos facultades eclesiásticas. Y sin duda todas ellas cuentan con profesores e investigadores de nivel más que apreciable”, reconoce. Pero, “¿consiguen imbricarse en el debate social? ¿Generan discusiones que tengan repercusión fuera de ellas? ¿Introducen asuntos en redes sociales? 16 universidades dan pie a una red de invitaciones mutuas, de lecturas mutuas, de intercambios respectivos, pero ¿logran cada una de ellas entrar en diálogo con visiones cercanas, mas no idénticas por fuerza?”, se pregunta.

Seguramente he generalizado, confiesa el profesor, seguramente “hay alumnos que salen de sus escuelas católicas con una sólida formación desde Abraham a Maritain, desde el Génesis al Apocalipsis”. Seguramente hay actos donde universidades eclesiásticas o religiosas se confrontan con los retos de nuestro tiempo, escribe. “Probablemente hay tardes en que Trece TV no emite un western”, añade.

Un buen modo de mostrar que Garrocho y él se equivocan “sería que radios, televisiones, colegios, universidades, institutos, editoriales, museos católicos recogieran este guante”, señala. “No como lo recoge una damisela ofendida; sino como un reto para batirse en duelo intelectual. Para demostrarnos a nosotros, a todos, que el cristianismo, dos mil años después, sigue aprovechando cualquier ocasión para ponerse de actualidad”, afirma Quintana Paz.

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