Donald Trump se merece el premio nobel

Fuente: José Carlos Rodriguez / Actuall

Dos caminos llevan al premio Nobel de la Paz por encima de todos los demás. Uno de ellos es el terrorismo. ¿Qué mejor contribución a la paz que la de dejar de matar por motivos políticos? Seán McBride, terrorista y abogado de terroristas del IRA. Rigoberta Menchú, víctima ella y su familia de una feroz violencia, apoyó a grupos terroristas de ideología comunista.

Nadie negará los méritos de Nelson Mandela para obtener el premio Nobel de la Paz, pero nadie podrá negar su pasado terrorista. Aunque el campeón de los Nobel terrorista es Yaser Arafat, por encima de cualquier otro.

Otro camino recto es el de ser presidente de los Estados Unidos. La academia sueca se lo concedió a Therodore Roosevelt, uno de los habitantes de la Casa Blanca más entusiastas de la guerra.

La guerra que él no pudo tener la protagonizó Woodrow Wilson, un hombre que ganó la reelección con el lema “Él nos salvó de la guerra”, para meterles, a los estadounidenses, en su segundo mandato.

El otro presidente con nobel es Barack Obama, pero su caso es único: la academia se lo otorgó de forma preventiva. Obama, por su parte agradeció el premio haciendo una defensa realista de las acciones bélicas de su país: “Afronto el mundo como es y no puedo permanecer sin hacer nada frente a las amenazas al pueblo de Estados Unidos. Hablemos claro: el mal existe en el mundo.

Un movimiento no-violento no podría haber detenido a los ejércitos de Hitler. Las negociaciones no pueden convencer a los líderes de Al Qaeda para que depongan las armas. Decir que la fuerza a veces es necesaria, no es un llamado al cinismo, es un reconocimiento a la historia; las imperfecciones del hombre y los límites de la razón”.

Incluso Barack Obama tendría que implorar a la academia sueca que le concedan el galardón a su sucesor

Ahora sabemos que Donald Trump ha sido candidato a recibir el desacreditado galardón. No hay emoción aquí; sabemos que no lo recibirá, por dos motivos.

Uno es que el comité descarta las candidaturas que se promueven públicamente. El otro es que Donald Trump es Donald Trump, y su foto estropea cualquier marco; incluso el del Nobel de la Paz. Pero, ¿se lo merecería?

Gracias en parte a su intervención, los Emiratos Árabes Unidos se convierten en el tercer país árabe en establecer relaciones con Israel, tras Egipto y Jordania. Le ha seguido Bahrein. Arabia Saudita ha anunciado que abre su espacio aéreo al país creado por el sionismo. No ha necesitado ceder su territorio, ni el acuerdo ha pasado por el chantaje palestino.

Ya sólo por ello debería ser un firme candidato al Nobel. Por otro lado, es el único presidente americano que le ha estrechado la mano a un dictador norcoreano, como reflejo de una intensa labor diplomática gallarda y que forma parte de su posición de firmeza frente a la gran dictadura de nuestro tiempo, que es China.

Recientemente ha anunciado que ha logrado un acuerdo entre Serbia y Kosovo. Si Trump es capaz de poner orden nada menos que en los Balcanes, avispero y fuente de guerras desde el siglo XIX, incluso Barack Obama tendrá que implorar a la academia sueca que le concedan el galardón a su sucesor.

El hecho de ser el primer presidente de los Estados Unidos, desde 1928, que termina su primer mandato sin iniciar una guerra y que quiera retirar las tropas de su país del fracasadísmo teatro afgano, tampoco puede quedar al margen. O el acuerdo que ha firmado con sus vecinos al norte y al sur, USMCA, que contribuirá a la cooperación entre los países norteamericanos y a su prosperidad.

Aunque hay una evidente continuidad en ciertos aspectos fundamentales de la política exterior de Estados Unidos, es innegable que todos estos éxitos no le han llegado gratuitamente a Donald Trump, sino que él los ha forzado. No olvidemos que es un empresario que ha hecho su carrera a base de negociar.

Su estilo excesivo y faltón, fanfarrón e irrespetuoso con los usos diplomáticos, ha cosechado numerosos éxitos. Y su determinación de poner los intereses de los Estados Unidos como piedra angular de su política exterior está contribuyendo a crear un mundo más pacífico. ¿Premio Nobel? Habrá que crear, más bien, un Premio Donald Trump de la Paz.

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