DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN UN SIMPOSIO ORGANIZADO POR «SOMOS COMMUNITY CARE» Aula Pablo VI

Queridos hermanos y hermanas:

Les doy la bienvenida a todos ustedes que participan en el Simposio sobre el tema: «La familia inmigrante y sus exigencias sanitarias», organizado por SOMOS Community Care. Un tema que llevo especialmente en el corazón y que interpela a nuestra conciencia.

Desde hace varios años, en la ciudad de Nueva York ustedes se dedican a la asistencia y a la atención sanitaria de aquellos que viven al margen de la sociedad, en situaciones de pobreza y carestía. De ese modo difunden la cultura del encuentro, «donde nadie es descartado ni adjetivado; sino donde todos son buscados, porque son necesarios, para reflejar el Rostro del Señor» (Homilía, Bucarest, 31 mayo 2019). Su organización se distingue por la relación de empatía y de confianza que consigue instaurar con los enfermos y sus familias, compartiendo su vida y acercándose a su cultura y lengua, con el fin de favorecer la relación humana.

Es de alabar el compromiso personal que tienen con aquellos que asisten. Se trata de una actitud que debe ser alentada en una sociedad que tiende a desarrollar dentro de sí «un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista […] produce la “globalización de la indiferencia”. […] por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019).

Su compromiso cotidiano se dirige a contrastar esa cultura del descarte que domina en muchos escenarios sociales. Al hacer eso, son protagonistas de un cuidado global de la persona que pone a disposición con generosidad y altruismo, un servicio integral de médicos y agentes socio-sanitarios, quienes garantizan prestaciones de medicina preventiva, de terapias y de rehabilitación. Esta solidaridad con los enfermos es un verdadero tesoro, y es un signo distintivo del cuidado y la asistencia sanitaria auténtica, que ponen en el centro la persona y sus necesidades.

Hoy, la asistencia sanitaria está reconocida como un derecho humano, universal y como una dimensión esencial del desarrollo humano integral. Aun así, en el mundo sigue siendo todavía un derecho garantizado a pocos y vedado a muchos. Y se debe indicar que, con frecuencia, allí donde está garantizada la asistencia al enfermo, la misma está dominada por el tecnicismo, que termina por prevalecer sobre la persona, desnaturalizando el sentido último del cuidado. Pero — no debemos olvidarlo— es «expresión de un compromiso profundamente humano y cristiano, asumido y desarrollado como actividad no sólo técnica sino de dedicación total e incondicional y de amor al prójimo» (Nueva Carta de los Agentes Sanitarios).

Aun cuando no todas las intervenciones médicas producen la curación física, la asistencia sanitaria prestada con un corazón humano tendrá siempre la capacidad de beneficiar la vida, en el espíritu y en el cuerpo. Por eso, el compromiso de cada operador sanitario junto al enfermo encuentra su expresión más madura y también más eficaz cuanto está animado por el amor. Y, a partir de gestos cotidianos, este estilo hace que la cultura del cuidado florezca como elemento esencial del bien común.

Queridos hermanos y hermanas: los exhorto a seguir con su importante misión al servicio de la fragilidad humana y los confío a la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los afligidos. Les aseguro mi oración y mi bendición; y, por favor, no se olviden de rezar también por mí. Y pido a Dios que nos cuide, que nos proteja y nos bendiga a todos. Amén.

 

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