Debe ser cosa de los calores veraniegos

Fuente: Jorge Gonzalez Guadalix / InfoCatólica

 

Suben las temperaturas, la gente se trastorna y por eso pasa lo que pasa. En invierno parece que andamos todos más comedidos, pero en cuanto el termómetro supera los cuarenta grados la gente pierde la poca cordura que le quedaba y suelta por su boca y su pluma -de escribir, naturalmente- las mayores barbaridades y simplezas, sabiendo que los mayores disparates siempre conseguirán algunos aplausos.

La primera no tiene nada que ver con lo religioso, pero es una prueba de cómo se ponen las cabezas. Habrán escuchado ustedes la historia de una concejala de Alicante, Vanessa Romero, de Unides Podem, que se ha despachado con que conectar e aire acondicionad es una forma de micromachismo. Y no solo eso, sino que se cabrean porque nadie se lo toma en serio. Afortunadamente.

Ma ha hecho maldita la gracia la aparición en las redes de una autodenominada “presbítera”, Christina Moreira, que afirma: “Recibí la ordenación sacerdotal de manos de una obispa consagrada por un obispo de linaje apostólico, de modo que, si fuera varón, sería una ordenación totalmente legítima”. Es decir, un obispo supuestamente fetén, con sus facultades mentales posiblemente tocadas, decide consagrar obispa a una señora, señorita o señorite, que no voy a entrar en detalles, y a su vez, esta supuesta obispesa ordena sacerdotas o presbíteras a siete féminas. El argumento se cae a pedazos desde el principio, partiendo de que la primera condición para la validez de un sacramento es hacerlo con la intención que desea la Iglesia, que en el caso de la consagración de la obispesa no parece. Pero es igual, llega agosto, hace calor, las noticias huelgan y uno, una en este caso, necesita su momento de gloria.

Pues nada, que sean felices y se monten sus misas feministas, alternativas y chupilerendis para superar los micromachismos o los macromachismos. Y nada de encender el aire acondicionado, que es cosa extremadamente machista, a ver si se va a enfadar doña Vanessa.

Otra que anda con calentura es la congresista norteamericana Alexandria Ocasio-Cortez que el National Catholic Reporter exponía como “futuro de la Iglesia”, y que se ha despachado con la petición de que se retire una estatua en el Capitolio de San Damián de Molokai, el Apóstol de los leprosos, por ser un símbolo del “patriarcado” y del supremacismo blanco. Mema.

Qué más quisieran que alguien les dedicara unas líneas rebatiendo sus argumentos, porque esto sería lo mismo que tomarnos al menos medio en serio sus elucubraciones. Pero no. A alguien que dice que encender el aire acondicionado es micromachismo, a una autoproclamada presbítera y a quien dice que san Damián de Molokai es un símbolo del patriarcado y del supremacismo blanco, lo único que se les puede responder es que se vayan a hacer puñetas y dejen de tocar las narices.

Seguirá el esperpento. Es agosto, hace calor, la gente se aburre y no hay noticias. Afortunadamente siempre nos quedará Aradillas.

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