China aprovecha la pandemia para redoblar la persecución religiosa

Fuente: Carlos Esteban / InfoVaticana

Pekín, que ha cerrado sus fronteras, parece querer aprovechar la emergencia impuesta por la pandemia de coronavirus para acabar de una vez por todas con su ‘problema’ religioso, y está aumentando hasta el extremo la persecución de los fieles.

¿Qué mejor momento para acabar con el ‘virus cristiano’ en China, que este en que el mundo tiene ya bastante con lo suyo como para mirar lo que hacen otros, y que cualquier medida de emergencia parece quedar justificada por el miedo a la pandemia, cuando ya no hay observadores occidentales en el país y la gente está encerrada en sus casas? Eso es lo que han debido pensar los jerarcas comunistas que, según denuncia The Voice of The Martyrs, están redoblando la persecución religiosa.

Por ejemplo, en buena parte del resto del mundo los católicos estamos sin misas, sin sacramentos y, en no pocos casos, incluso con las iglesias cerradas. Pero precisamente por eso se han multiplicado las prédicas, retransmisión de misas y oraciones online: nadie va a contagiarse del virus a través de Internet, y en estos momentos las redes están proporcionando un enorme servicio de apoyo a los fieles enclaustrados.

También en China, salvo que los funcionarios lo han prohibido. Al menos en la provincia de Shandong, según el portavoz de The Voice of The Martyrs, Todd Nettleton. Allí, las autoridades han vetado por completo las predicaciones online, que para muchos constituían el único nexo con su comunidad católica. Una directiva del Movimiento Patriótico y del Consejo Cristiano provincial ha cerrado todos los encuentros virtuales de cristianos, también de los protestantes.

En otra provincia, Jiangsu, las autoridades han aprovechado el encierro generalizado para demoler la iglesia de Xiangbaishu, en Yixing, como aparece en un vídeo filtrado por el fundador de China Aid, Bob Fu. Y el 13 de marzo, el grupo chino Christian Fellowship of Righteousness ha compartido un vídeo de la retirada del crucifijo de una iglesia de Guoyang, en la provincia de Anhui.

Quizá cuando esto escampe sea oportuno que el Vaticano informe a sus fieles y al mundo del contenido concreto de sus pactos secretos con el Gobierno, que por ahora están produciendo frutos desconcertantemente amargos para los fieles.

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