Calentamiento global, el Vaticano desafía a Polonia

Parece que el problema del clima sea, para la Santa Sede, la cuestión más acuciante.

En vista de la próxima Cumbre sobre el Cambio Climático que tendrá lugar en Katowice (Polonia), la Pontificia Academia de las Ciencias organiza en el Vaticano una conferencia internacional sobre el mismo tema, e invita a los científicos más catastrofistas. Es un modo para presionar al gobierno de Varsovia, más cercano a la posición “escéptica” de Trump. Parece que el problema del clima sea, para la Santa Sede, la cuestión más acuciante.

Se acerca la nueva Cumbre sobre el Cambio Climático, y en el Vaticano los motores están al máximo de la potencia. De nuevo, el canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, reunirá en el Vaticano a la flor y nata de los científicos catastrofistas mundiales; poco importa si estos están convencidos de que para salvar el planeta es necesario reducir drásticamente la natalidad o detener el desarrollo y, tal vez, suspender los procesos democráticos para conseguir más rápidamente dichos objetivos.

Desde que, hace tres años y medio, fue publicada la encíclica del Papa Francisco Laudato Si’, la cuestión del cambio climático se ha convertido, en el Vaticano, en una prioridad absoluta. Prueba de ello es que, en vista de la Cumbre sobre el Cambio Climático (Cop24) programada en Katowice (Polonia) del 3 al 14 de diciembre, la Santa Sede ha instado a los presidentes de las Conferencias episcopales de los cinco continentes a redactar un documento unitario, para pedir la colaboración de todos los países con el fin de controlar el aumento de la temperatura terrestre, para que no supere los 1.5°C a final de siglo.

Un gesto inusual que pone de manifiesto la importancia que se da a la cuestión, a pesar de que se trata de una teoría científica que aún hay que demostrar; es más, es decididamente cuestionable, tal como se pude verificar en nuestro blog Svipop.

Y sin embargo, en el Vaticano están totalmente decididos a despreciar a todo el que se atreva a manifestar su perplejidad al respecto. En los días pasados, un tuit lleno de rencor lanzado por la Pontificia Academia de las Ciencias, atribuido a Mons. Sánchez Sorondo, decía lo siguiente:

«El negacionismo climático no ha tenido nunca mucho que ver con la lógica o la evidencia científica: tienen, indudablemente, mala fe. No creen en lo que dicen: buscan excusas para permitir que gente como los hermanos Koch sigan enriqueciéndose». Para la crónica, los hermanos Koch son dos americanos multimillonarios, propietarios de numerosas industrias que van desde la energía a la química, pasando por los productos agrícolas.

Obsérvese la sutileza con la que los representantes de la Santa Sede utilizan la palabra “negacionismo”, vinculando así a los expertos que cuestionan una teoría científica con los filo-nazis que niegan tanto la existencia de los campos de concentración y el Holocausto. Pensar que el Papa, en su última Exhortación apostólica Gaudete et exultate, el pasado mes de abril, condenaba la violencia verbal en la red:

«También los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena» (n. 115). Tal vez debería hablar de ello con sus colaboradores.

Pero volvamos al creativo monseñor Sánchez Sorondo y a la Conferencia Internacional que se está organizando en el Vaticano. La cita es para el 15 de noviembre, como es habitual en la Casina Pío IV. Entrada reservada exclusivamente para los invitados. Título: “Cambio climático, salud del planeta y futuro de la humanidad“.

Respecto al pasado hay una novedad importante: Sánchez Sorondo ha querido implicar al Consiglio Nazionale delle Ricerche (CNR, Consejo Nacional de Investigación) en la organización, para dar mayor relevancia científica a la iniciativa.

Considerada la intensa obra de presión que la Santa Sede ejerce para hacer respetar los acuerdos sobre el clima, la implicación del CNR parece un ardid político con respecto a Polonia, el país que acoge la Cop24. El motivo es simple: el gobierno de Varsovia, como también otros gobiernos de Europa del este, ve mucha política y poca ciencia detrás de la teoría del calentamiento global antropogénico (es decir, causado por el hombre), y está más en sintonía con la posición escéptica de la administración Trump que con el extremismo ecologista de Bruselas.

Al ser el país anfitrión, la posición de Polonia podría condicionar el resultado de la Cop24, por lo que a la Conferencia del Vaticano del 15 de noviembre han sido invitados también los representantes de la Academia de las Ciencias de Polonia y el gobierno de Varsovia, con la clara esperanza de que ante tantos científicos, también los polacos puedan experimentar esa «conversión ecológica» deseada por la Laudato Si’.

A pesar de que las distintas sesiones se centrarán en la ciencia del clima, en las consecuencias para los hombres y para la naturaleza del cambio climático y en las indicaciones políticas en preparación de la Cop24, no se puede eludir el “pensamiento” de los relatores principales, que representan lo mejor del catastrofismo y del odio hacia al ser humano.

Quién hará los honores será, como es ya costumbre, el omnipresente Jeffrey Sachs, economista de marca ONU, teórico del desarrollo sostenible y, sobre todo, verdadero fundamentalista del control de la natalidad en los países pobres. Citamos aquí uno de los muchos pasajes que muestran su pensamiento, publicado en el Sunday Times del 15 de abril de 2007:

«Un tema global es que el mundo está sumamente poblado. Ejercemos una presión sin precedentes en el ambiente de la Tierra, 6.5 mil millones de personas que emiten cada año siete mil millones de toneladas de carbono en la atmósfera…». Si es el carbono lo que provoca el calentamiento global -como defiende la teoría de moda-, la receta está clara: hay que sacrificar a personas.

Pues bien, gracias a monseñor Sánchez Sorondo, Jeffrey Sachs se ha convertido en la eminencia gris de la Santa Sede en temas económicos y ambientales (clicar aquí para saber más sobre Sachs).

Entre los relatores no podía faltar el físico alemán John Schellnhuber, fundador y director del Postdam Institute for Climate Impact Research, miembro entre otros del Club de Roma. Schellnhuber es recordado también por haber presentado oficialmente a los periodistas la encíclica Laudato Si’ (fue su principal colaborador para la parte científica), con un informe que definir catastrofista es decir poco. En esa ocasión fue nombrado miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias.

Para poder detener el calentamiento global, Schellnhuber, más que centrarse en el control de la natalidad, prefiere insistir en frenar el desarrollo de los países ricos. Este es su programa para salvar el mundo, como explicó al periódico alemán Deutsche Welle el 15 de marzo de 2017: «Antes del 2030, tenemos que eliminar totalmente los motores de combustión. Y tenemos que eliminar totalmente el uso del carbón para producir energía.

Antes del 2040, tenemos que sustituir, en las construcciones, el hormigón y el acero por madera, arcilla y piedra». Efectivamente, la vuelta a la edad de piedra parece ser, siempre, el sueño del ecologismo actual: quién sabe si en el Vaticano estarán dispuestos a seguir a estos “maestros” cuando hayan comprendidos las consecuencias.

Si seguimos adelante con el programa, vemos que una de las relaciones está a cargo del secretario del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, organismo de la ONU que se ocupa de cambio climático), el economista coreano Hoesung Lee, defensor a ultranza de la carbon tax. Por otra parte, un sistema de tasas globales es uno de los pilares de la gobernanza global, concepto madurado en la sede de la ONU en los años 90 y que tiene, en las temáticas ambientales, la clave para llevarlo a cabo.

Entre los relatores está también el nombre del físico británico Peter Wadhams, autor del libro Addio ai ghiacci [Adiós al hielo], según el cual si no cambiamos las cosas ya, la Tierra tiene menos de veinte años de vida. Y, en cualquier caso, los glaciares del Polo Norte, según él, están destinados a desaparecer antes del 2050. Ligeramente más optimista es otro relator, el astrofísico Martin Rees, que en cambio calcula en un 50% la posibilidad de que el mundo se autodestruya antes de finales de este siglo.

En resumen, si el objetivo es asustar a los polacos para obligarlos a seguir a la Unión Europea en lo que atañe a políticas sobre el clima, y presionar a los otros países para que tomen decisiones definitivas en Katowice, el Vaticano está en buenas manos. La única duda es esta: Jesucristo, ¿para esto quiso la Iglesia?

Publicado por Riccardo Cascioli en la Nuova Bussola Quotidiana; traducción de Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

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